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Madrid, 2023
Itziar había perdido la cuenta de cuántas veces había pasado ya las manos por el vestido que llevaba puesto como forma de calmar sus nervios. Su mente no le había dado tregua desde que habló con él aquella noche. Sus sentimientos estaban en conflicto pues, aunque su amor por él seguía intacto, sabía que la decisión que habían tomado había sido lo mejor.
Ni siquiera sabía cuándo ni por qué había aceptado verle esa noche pero, en realidad, no podía negar que tenía ganas de verle de nuevo. Se preguntó que pasaría por su cabeza ahora mismo ¿Estaría tan nervioso como ella? ¿Estaría enfadado aún por lo que hizo? ¿Habrían cambiado sus sentimientos por ella?
Llevaban sin verse desde la última premiere de La Casa de Papel, y de eso hacía ya dos años. Aquella noche la pasaron juntos, no iban a negarse a sí mismos las ganas que tenían de estar juntos todo el tiempo que pudieran. Sin embargo, no habían sido capaces de despedirse.
Álvaro se despertó solo en la cama a la mañana siguiente. Lo único que encontró al otro lado de la cama fueron las sábanas revueltas que aún conservaban el olor de la mujer que amaba y una nota escrita por ella diciendo que era incapaz de decirle adiós y pidiéndole perdón.
Él no volvió a buscarla y, quizás, aquello fue lo que más le dolió a Itziar. Aunque, en el fondo, sabía que era lo que necesitaban. Contacto cero y seguir adelante.
Por mucho que les costase, lo conseguirían.
Y lo consiguieron.
Hasta hace dos días.
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Itziar se movía en la cama confundida con el sonido repentino de su teléfono que la había despertado del sueño profundo en el que estaba. Se frotó los ojos hasta que encontró la fuerza suficiente como para estirar el brazo hacia su mesita de noche y agarró el teléfono.
Cualquier rastro de sueño que hubiese en su cuerpo se esfumó al ver el nombre de quien la estaba llamando.
Era él.
Se sentó en la cama rápidamente y miró la pantalla confundida. Se mordió el labio dudando si responder o no.
No habían hablado en dos años ¿Qué hacía llamándola?
Una parte de ella, la racional, quería dejar que la llamada siguiese sonando y esperar a que fuese directa al buzón de voz. Otra parte de ella, esa parte que le extrañaba y que no podía aguantar un día más sin oír su voz, quería descolgar y decirle cuanto le necesitaba de vuelta.
Como si su cuerpo actuara por sí solo, descolgó la llamada y se acercó el móvil al oído nerviosa.
—¿Hola? –Habló ella primero mordiéndose el labio.
Podía escuchar su respiración acelerada al otro lado del teléfono.
—Itziar…
Aquella voz.
Esa voz que tanto había extrañado. Esa voz que le erizaba la piel al oírla cerca, que le susurraba al oído cuanto la quería pensando que ella estaba dormida, que le provocaba un hormigueo por el cuerpo cuando bajaba el tono.
La voz que quería escuchar por el resto de su vida y que ya nunca podría.
—Álvaro ¿Estás bien? –La morena se preocupó al ver que él no hablaba.
—Si, sí, estoy bien. Sólo… hacía mucho que no escuchaba tu voz.
Itziar sintió como sus ojos se llenaban de lágrimas al ver que él también sentía aquello. Se mordió el labio y respiró hondo para que no saliera ninguna lágrima.
—En realidad, no estoy bien.
—¿Qué pasa?
—Te echo de menos.
—Álvaro…
La voz de Itziar sonó ahogada. No ahora, no cuando por fin trataba de seguir con su vida adelante sin él.
—No, escúchame. –Álvaro habló nervioso, temiendo que ella le colgara el teléfono y perdiera su oportunidad de hablar con ella–. Han pasado dos años, Itziar. Dos años.
—¿Crees que no lo sé? Para mí no es fácil. –Se maldijo a sí misma por permitir que su voz sonara ahogada, pero el tema de la historia que vivieron siempre sería algo sensible para ella.
—¿Y para mí sí? Llevo dos años convenciéndome para no llamarte, para no mirar tu perfil cada día, para no escribirte. Pero no puedo más. –La voz de él también sonó débil y eso fue un puñal para el corazón de ella.
—Álvaro, por favor, no quiero hablar de esto, y menos por teléfono.
—Pues vamos a vernos. –Habló decidido–. Sé que este fin de semana estás en Madrid, he visto lo del evento de Iberia al que vas el viernes.
—No creo que sea lo correcto. –Se obligó a sí misma a negarse cuando, en realidad, quería plantarse en Madrid en ese mismo momento.
–¿Lo correcto? –Álvaro rió de manera irónica–. Llevamos seis años sin hacer lo correcto. Itziar, por favor.
—Álvaro, me ha costado mucho llegar hasta aquí. No quiero tirar a la basura todo el esfuerzo que me ha costado el no pensar en ti cada día.
—Solo una vez más, Itzi.
Itziar cerró los ojos sintiendo las lágrimas caer cuando le escuchó decir su apodo con la voz ahogada. Sus pensamientos iban a mil por hora y sus sentimientos eran un caos pero, quizá por primera vez en esos seis años, se dejó llevar y actuó guiándose por sus sentimientos.
—Solo una vez.
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Cuando leyó en la pantalla de su móvil un mensaje de Álvaro avisándola de que ya la estaba esperando abajo, sus nervios se multiplicaron por mil.
Quiso decirle que no y refugiarse en su cama aislándose del mundo, pero fue valiente y tiró hacia delante dispuesta a cerrar aquel capítulo de su vida.
Se miró una vez más en el espejo y, tras colocar bien su pelo y girar sobre sus talones de nuevo para verificar que el vestido estaba bien, se dispuso a salir de su casa. Ya en el ascensor, trató de calmar su respiración pero fue un intento fallido. No tenía ni idea de lo que esperar de aquella noche y eso la aterraba, pero, en parte, lo agradeció. Si hubiese sabido que aquella noche era uno de los momentos más decisivos de su vida, donde tendría que elegir entre vivir como ansiaba o vivir extrañando su versión más feliz, probablemente no habría salido de la cama por miedo a las consecuencias.
A lo lejos, le vio distraído mirando sus zapatos apoyado en su coche. Estaba guapísimo y el cuerpo de Itziar reaccionó como siempre que lo tenía delante. Se permitió mirarlo desde la lejanía, pues él aún no la había visto, y se mordió el labio sabiendo perfectamente lo que había debajo de esa camisa blanca que le quedaba algo apretada a la altura de los bíceps.
Como si sintiera el peso de su mirada, Álvaro levantó la cabeza y clavó sus ojos en los de ella. Se irguió nervioso donde estaba, pero la sonrisa que esbozó conforme la vio no abandonó sus labios ni un momento.
—Estás aquí.
—¿Pensabas que no iba a venir? –Itziar entrecerró los ojos hacia él.
—Confieso que estaba un poco asustado cuando no me has respondido, pensaba que te habías arrepentido y me ibas a dar plantón. –Álvaro rió nervioso. Al ver que ella también sonreía, se relajó un poco más–. Estás… preciosa.
Itziar sintió un pinchazo en el vientre viendo la mirada que él le estaba dando a su cuerpo. La miraba de arriba a abajo y ella solo supo sonreír.
—Y estás morena. –Se acercó a ella y giró un mechón de pelo sobre su dedo antes de ponerlo tras su oreja. Carraspeó al darse cuenta de que hizo aquello de manera instintiva, acostumbrado a hacerlo siempre que estaba con ella. Ambos suspiraron ante la proximidad–. Te queda muy bien, por mucho que te empeñes en decir que no.
Itziar sonrió recordando aquella conversación que habían tenido hace unos años cuando ella había tenido que cambiarse el look para una nueva película entre temporada y temporada de La Casa de Papel . Él le había asegurado que le gustaría hasta si fuese calva y ella se sonrojó ante lo enamorado que él estaba de ella.
—Sabes que mi color es el rubio. –Puso los ojos en blanco viendo la sonrisa tonta de Álvaro.
—Lo sé, pero eso no quita que así estés preciosa también.
La morena sonrió nerviosa y dio un paso atrás agradeciéndole el cumplido. Álvaro, que no quería que todo se volviera incómodo, sugirió que subieran al coche para ir al restaurante.
—¿Quieres poner música? –Habló sin aguantar más aquel silencio.
—¿Puedo?
—Itziar, puedes hacer lo que quieras. No actúes como si fuéramos dos extraños. –Habló serio.
—Lo siento es que… aún me resulta raro tenerte al lado ¿Sabes? –Se sinceró con la mirada fija en la ventanilla del coche–. Me he pasado estos dos años queriendo verte y, ahora, no sé cómo actuar.
—Como siempre. Nunca ha sido incómodo entre nosotros, Itzi. No hagamos que sea así ahora.
Itziar sonrió tranquilizándose. Aunque su corazón iba a mil por hora solo por tenerlo al lado, trató de actuar lo más natural posible.
—¿Sigues teniendo nuestra playlist? –Itziar habló sorprendida riendo. Miró hacia él y le vio sonreír sonrojado, haciendo que su sonrisa se ensanchara más. Presionó el aleatorio y se acomodó en su asiento de nuevo.
El camino hacia el restaurante, sorprendentemente, no fue incómodo. Estuvo lleno de risas cuando alguno de los dos se emocionaba de más cantando la canción que salía, de miradas poco discretas del uno al otro cuando pensaban que el otro no se daba cuenta, de anécdotas que habían vivido juntos relacionadas con la canción que sonaba.
Itziar sonrió al ver el restaurante al que la había llevado y Álvaro sonrió aún más al ver sus ojos brillantes. Era el restaurante donde decidieron seguir con su historia cuando se reunieron en Madrid de nuevo para grabar la tercera temporada de la serie. Aquella noticia parecía el universo diciéndoles que estaban destinados a estar juntos y, ahora, cuatro años después de aquel momento, estaban de nuevo en el punto de partida
—Álvaro García. –Se dirigió hacia un chico trajeado que había al lado de la puerta
—Sí. Mesa para dos, síganme. –El chico asintió tras mirar la lista de nombres que tenía
El mesero los guio hacia un sitio reservado en la terraza del restaurante. Solo estaba su mesa e Itziar sabía que Álvaro había hecho aquello para que pudieran hablar tranquilamente.
Álvaro separó la silla para que ella se sentara haciéndola reír.
—Todo un caballero. –Comentó mientras él se inclinaba hacia ella con la mano en la espalda a modo de reverencia haciéndola reír aún más.
Pronto el camarero estaba atendiéndoles. La cena siguió en mitad de risas, anécdotas, actualizaciones sobre que habían hecho esos dos años y conversaciones banales. Ninguno de los dos se atrevía a introducir el tema de conversación, pero ambos notaban la tensión de aquel tema no resuelto.
—Álvaro… –Itziar respiró hondo nerviosa. Era el momento de tener la conversación que se debían desde hace dos años–. Siento haberte dejado aquella noche, y más de la forma en que lo hice.
—No puedo decirte que no pasa nada, porque sí pasa. Cuando me desperté y vi que no estabas, y que probablemente no te volvería a ver en mucho tiempo, sentí cómo te llevabas una parte de mí. Y, realmente, lo hiciste. No he vuelto a ser el mismo desde lo que pasó entre nosotros, nunca lo seré.
—No supe hacerlo de otra forma. No podía mirarte a los ojos y decirte adiós. –Su voz salió ahogada debido a las lágrimas que llenaban sus ojos. Álvaro, aunque no muy diferente a ella, agarró su mano por encima de la mesa para calmarla.
—Entiendo esa parte, yo tampoco habría sido capaz de despedirme de tí. Pero, Itziar, ¿Ni siquiera una llamada o un mensaje? –Álvaro trató de que su voz no sonara rota, pero falló en el intento. Aún dolía.
—Supongo que me dio miedo enfrentarme a tí después de aquello, no estaba preparada para hacerlo. Bueno, más bien vergüenza.–Limpió rápidamente una lágrima que se había escapado.
—Pensaba que todo lo que pasó entre nosotros no había significado nada para tí. –Álvaro movió el vino en su copa y apartó la mirada de ella. Quizá, muy en el fondo, seguía pensando eso.
—¡¿Cómo puedes pensar eso?! –Itziar alzó la voz sorprendida.
—Te fuiste sin despedirte, ni una llamada ni un mensaje. Nada. –El dolor era visible en sus palabras e Itziar se culparía siempre por ser la culpable de ello.
—¿Qué no he querido saber nada de ti estos dos años? Solo puedes estar bromeando. –Aquello, sin duda, fue lo que más pudo haberle dolido de todo. Que él pensara que no había significado para ella cuando su historia con él había sido, probablemente, la historia más bonita y real que había tenido, le dolía. Qué él fuese el amor de su vida y ni siquiera fuese capaz de verlo, le dolía.
Cayeron en un silencio incómodo mientras miraban hacia otro lado con lágrimas en las mejillas. Itziar, sin aguantar más ese silencio, se levantó de la silla y caminó hacia él. Agachándose hasta quedar a su altura, sostuvo su rostro en sus manos haciendo que la mirara.
—¿De verdad piensas que no significaste nada para mí? –Susurró dejando caer más lágrimas al ver su expresión destruida.
Álvaro no fue capaz de responder. Lo único que pudo hacer fue encogerse de hombros sin saber que sentía. Sabía cuánto le había costado a ella poner en palabras hasta que pudo hacerlo y le confesó sus sentimientos aquella noche que no iba a olvidar en su vida. Pero, por otro lado, estos dos años le habían hecho pensar otra cosa.
—Me enamoré de ti, Álvaro. –Itziar hablaba en voz baja, con miedo a decir todo lo que llevaba callando tanto tiempo, pero él necesitaba oír aquello–. Sé que quizá no lo supe demostrar como debía y que fui una cobarde al huir aquella noche. Pero, Álvaro, no he querido a nadie como te he querido a ti, ni lo voy a hacer nunca.
Álvaro sonrió dejando caer más lágrimas que ella limpió con sus pulgares. Él también se había enamorado de ella, como nunca antes de nadie, pero había sido más valiente y fue capaz de decírselo cada vez que había tenido oportunidad durante esos años.
—Llego tarde para decirte esto, lo sé, pero necesitaba que lo supieras. Necesitaba que supieras que lo hubiese dejado todo por ti, Álvaro.
Ambos lloraban, esta vez por lo que pudieron haber sido y lo que nunca podrían ser.
—Bueno, en realidad, lo hice. –Álvaro frunció el ceño confundido. No tenía ni idea de lo que estaba hablando–. El mismo día que volví a Basauri después de terminar el rodaje dejé a Roberto. Sabía perfectamente que lo nuestro no podría ser, pero no me merecía esa relación. Tú me enseñaste eso.
Esta vez fue Álvaro quien le limpió las lágrimas a ella. Álvaro había escuchado -y visto- durante cuatro años lo infravalorada que estaba Itziar en esa relación, como él la subestimaba y se aprovechaba de ella cuanto podía. Había tratado mil veces de abrirle los ojos, pero siempre se negaba. Entonces, saber que había sido capaz de salir de ahí lo hacía sumamente feliz. Álvaro quería que Itziar fuera feliz y libre como siempre le decía que le gustaría ser, incluso si eso significaba que ella no volviera a estar con él. Sin saber cómo, habían acabado con las frentes pegadas mientras sostenían el rostro del otro y hablaban en voz.
—Me ayudaste a encontrar a la Itziar que hacía tanto que había perdido. –Susurró–. Es una de las cosas por las que siempre te voy a querer.
Sin poder aguantar más, llevó sus labios a los de ella fundiéndose en un beso lleno de anhelo. Las manos de él fueron directamente a su pelo como siempre hacía y como tanto había extrañado hacer. Ella, sin embargo, tardó en reaccionar pero, cuando lo hizo, llevó una mano a su nuca atrayéndolo hacia ella mientras con la otra pasaba los dedos por su barba.
Itziar soltó un gemido en la boca de Álvaro cuando este mordió su labio inferior y, solo entonces, fueron conscientes del sitio donde estaban. Estaban separados del resto del restaurante, pero aún así la gente de dentro podía asomarse en cualquier momento y verlos, así que separaron sus labios dejando sus frentes pegadas y una sonrisa que iluminaba toda aquella terraza.
—Te he echado mucho de menos. –Álvaro susurró sobre sus labios antes de dejar un rápido beso en sus labios haciéndola sonreír.
—Yo también. –Sonrió, pero pronto se separó de él carraspeando su garganta–. Pero, como no paguemos y nos vayamos, nos van a echar.
Itziar se rió alzando la cabeza hacia el ventanal donde el gerente del restaurante los miraba con el ceño fruncido. Álvaro rió tímidamente antes de limpiarse las lágrimas que aún quedaban en su rostro y alzar la mano para pedir la cuenta.
Una vez pagaron, Itziar sostuvo su mano tímidamente en la de él al salir del restaurante. Álvaro, que no se esperaba aquello, sonrió llevando su mano a su boca y dejó un beso en el dorso de esta antes de agarrarla aún más fuerte.
El viaje en coche de vuelta fue cómodo. Itziar sonreía mirando por la ventana mientras la mano de Álvaro estaba en su muslo. La música sonaba ligera en el ambiente haciendo el viaje aún más tranquilo y relajado. Aunque, en realidad, ambos sentían que se iban a morir de anticipación.
Itziar no había planeado nada de lo que había pasado esa noche en su mente. Nunca se habría imaginado volver a besar a Álvaro, decirle todo lo que sentía o agarrar su mano sin miedo a lo que aquello significaba. Álvaro, aunque tenía esperanzas de que pudiesen vivir la historia que habían comenzado seis años atrás, esta vez para siempre, no quería esperar nada de ella. Sabía cuánto le había costado decirle lo que sentía, no quería presionarla más.
Cuando llegaron a su apartamento, ambos se bajaron del coche. Álvaro, sin saber si ella quería que él subiera a su casa, se apoyó en el coche.
—Gracias por esta noche, Álvaro. –Itziar se acercó a él y, sin pensarlo, rodeó su cuello con los brazos refugiando la cara en él. Álvaro sonrió sorprendido y la abrazó aún más fuerte hundiendo la nariz en su pelo.
—No tienes que agradecerme nada, era algo que necesitábamos los dos. –Se separaron lo mínimo suficiente para poder hablar, quedando sus rostros a milímetros pues ella no quitó sus brazos de su cuello y él no soltó su cintura. Sus ojos hicieron un camino de ida y vuelta de sus ojos a sus labios y, sin esperar ni un momento más, volvió a besarla. Itziar no se opuso, pero tampoco se dejó llevar del todo pues sabía que, si lo hacía, no sería capaz de parar.
—No sé si puedo dejarte ir. –Murmuró.
—Álvaro… –Cerró los ojos apoyando la frente en sus labios. Ella quería, más que nada, pero no sabía si debía–. No podemos… Esto… Esto está destinado a no ser, a no salir bien. Y no quiero hacernos más daño.
—¿Es por eso? ¿Por miedo a que no salga bien? –Álvaro preguntó angustiado. No quería perderla, no podía–. Mírame a los ojos y dime que no quieres. –Agarró su rostro y lo levantó con delicadeza–. Si me dices que es porque tú no quieres, me subo al coche ahora mismo y me voy. Pero, si es por miedo al qué pasará, no puedo irme.
Itziar le miró a los ojos buscando la fuerza en sí misma para decirle que no quería y dejar que se marchara, pero no pudo. Ella quería y sería incapaz de negarse a pasar una noche más en sus brazos. Negó con la cabeza antes de volver a besarlo. Álvaro sonrió en mitad del beso antes de agarrar de nuevo su cintura y pegarla totalmente a él.
—Solo te pido una última noche. –Susurró sobre sus labios
Y era cierto.
Aquella fue la última noche que pasaron juntos.
La noche que puso punto y final a una historia llena de confusión, engaños, nostalgia e incertidumbre.
Pero, sobre todo, puso fin al amor más grande y puro que habían sentido. Nunca volverían a amar de la forma en la que se habían amado y, si eran sinceros, tampoco querían hacerlo.
Aunque la vida siguiera su curso y viviesen nuevas historias con distintas personas, aquella forma de amar la tenían reservada solo para ellos.
Y siempre sería así.
