Actions

Work Header

Sentir tu calor.

Summary:

Darius Morgan tiene un caso difícil y obtiene la ayuda del agente especial Luke Pearce.

Notes:

Este capítulo si tiene lectura de mi beta, a la cual prácticamente le dedico esto, pero si hay algún error es solo mío porque no le mande las cosas que le cambie al final (soy irresponsable).
Btw, me gustan mucho Darius y Luke, así que decidí hacerles un fanfic porque no tengo autocontrol.

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: Miedo

Chapter Text

Darius se encontraba en su oficina revisando los papeles del último caso. Dos niños secuestrados –de cinco y siete años respectivamente– de los cuales no tenían pista alguna más allá de una carta dejada en su habitación, exigiendo una recompensa sin especificar en dónde o cuándo.

Su cabeza le dolía y se sentía mareado para ese punto, pues ya habían pasado al menos dos horas desde que le llegó el caso y aún no tenía nada; la situación comenzaba a pesarle más de lo que pensó, especialmente porque se trataban de niños tan pequeños.

Tuvo que dejar de lado las fotografías de evidencia para poder masajear sus sienes cuando el sonido de la puerta lo hizo suspirar con cansancio. No estaba listo para escuchar malas noticias, pero parte de su trabajo era estar preparado incluso para lo que no te sentías cómodo. Dio un trago a su café antes de gritar un “adelante”, y aunque estaba esperando ver a algún chico de su brigada, la habitación pronto se vio invadida por un joven de cabello rubio cereza: El agente especial Luke, que le miro con una sonrisa suave que trataba de ser tranquilizadora, pero denotaba cierta inconformidad; la manera en que caminaba le daba más información de la que Darius quería y el dolor de cabeza aumentó al pensar en los problemas que seguramente se avecinaban.

Sin embargo, la queja no se extendía a la presencia del agente especial, porque conocer a Luke Pearce había sido una experiencia gratificante para él. La existencia del agente fue refrescante en un entorno como el suyo, especialmente porque Luke era tranquilo y capaz a pesar de ser tan joven; lo que facilitaba su trabajo al momento de colaborar, por lo que verlo en su oficina –a pesar de que seguramente llevaba consigo mal augurio– era reconfortante de alguna forma.

 

—Capitán Morgan —saludó mientras avanzaba a su escritorio después de cerrar la puerta detrás suyo. luego, esperó pacientemente parado a lado de la silla frente a su escritorio a que Darius le permitiera sentarse; lo que causó cierta ternura en Morgan. Después de todo, el perfil de habilidades del joven superaba al suyo por mucho y aún así el chico actuaba como si le debería todo el respeto del mundo, otra cosa que agradecía del agente.

A pesar de sus pensamientos respecto a él, Darius se mantuvo con la expresión inteligible que lo caracterizaba; poso sus ojos sobre Luke y forzó un contacto visual por la simple necesidad de tratar de descifrar al joven parado enfrente suyo.

 

—¿Estas aquí por el caso, cierto? —Dijo sin rodeos, después de invitar al joven para que tomará asiento.

 

Luke asintió con un poco de incomodidad brillando en sus ojos. El bonito color coral opacándose por unos segundos mientras recargaba un folder, que Darius no había notado, sobre el escritorio para deslizarlo; sentándose obedientemente sin ninguna objeción. Por su parte, Morgan miro las manos ajenas, analizando el papel con letras rojas de “caso número: xxx” en grande, que sabía de manera estereotipada, que le traería más problemas de los que había considerado. El pensamiento casi lo hizo desistir de tomarlos, la idea de decirle a Luke que prefería no saber si las fuerzas especiales ya estaban involucradas en el tema bailó en la punta de su lengua. Pero el menor notó su duda y con ojos demasiado amistosos instó a que abriera el folder. El castaño se tuvo que recordar porqué trabajaba.

 

—El caso es parecido a otros seis que hemos tenido en dos meses; un niño y una niña de entre cuatro y ocho años fueron secuestrados por la noche. Las pistas son las mismas: notas en donde se exige el rescate pero nada más. Sin fechas, sin lugares… —Luke le resume, ansioso porque termine de examinar los papeles mientras aprieta sus manos sobre sus rodillas.

 

Darius sabe como funciona esto, él sabe que no es realmente necesaria la intervención de la policía y si quisiera, Pearce podría tomar el caso para él mismo; probablemente lo resolvería sólo en poco tiempo. Pero ahí estaba Luke de nuevo, como tantas otras veces, esperando pacientemente por su opinión y seguramente esperando apoyo. Era una dinámica que habían estado repitiendo desde hace un año. Sin embargo, Darius aún no está seguro de porqué la está siguiendo también.

 

—Pero ese no es el único patrón, ¿cierto? —habló, sacando una fotografía entre todas para mostrarle la de una memoria en un suelo de alfombra rosa.

 

Las náuseas se asentaron en el estómago del mayor. A pesar de llevar tantos años dentro de la policía, los casos que involucraban niños siempre se sentían personales. Quizás, pensó algunas veces, por esa falta de indiferencia es que todavía era bueno en su trabajo.

 

—Asumo que esto fue dejado en alguna de las primeras escenas; parece una memoria típica y demasiado sosa para ser importante- Dijo, mientras observaba el pequeño rectángulo plateado en una fotografía.

 

Luke aguardó tranquilamente mientras el mayor examinaba la imagen y cambiaba de página para observar las demás fotografías.

El castaño levantó unos segundos su vista sólo para encontrar al otro apretando sus labios, seguramente queriendo decir algo. Una parte de él disfrutaba hacerlo esperar, aunque sea unos breves segundos, que le servían para distraerse de las terribles imágenes que le acecharían de ahora en adelante, hasta que cerraran el caso.

Dejó casualmente las hojas sobre el escritorio, cruzó sus manos encima del escritorio y levantó suavemente su ceja hacía Luke. Sus ojos afilados se clavaron en los ajenos mientras el más joven lo miró con cierta devoción que Darius creyó estar imaginando.

 

—No creo que sea necesaria la intervención de la policía si ya llegó hasta ustedes —habló con tranquilidad. Otra vez deshaciendo su posición para tomar los papeles y acomodarlos un poco mejor para cerrar la carpeta. 

 

Luke aún lo observaba, sus ojos se apagaron y las comisuras de sus labios bajaron junto con sus cejas, mirándolo desde abajo cuando se hundió manera casi imperceptible en sus hombros. Estaba haciendo una expresión de cachorro pateado que contrastó mucho para Darius, quien lo había visto desarmar a hombres del triple de su tamaño con facilidad, y su corazón se vio tentado ante tal imagen. Sin embargo  fingió la firmeza de antes, dispuesto a dejar el caso. Las manos de Luke apretaron sus rodillas y el castaño siguió el movimiento de cerca, estrechando su mirada.

La imagen de cachorro pateado definitivamente se veía bien en Pearce, encajaba, pero el interior de Darius se retorcía en culpa cada vez que veía al niño tan vulnerable por él, como si Luke se permitiera ser otra persona cuando estaban juntos. La responsabilidad se sintió grande en su pecho y la necesidad de borrar todo rastro de tristeza en las delicadas facciones de Luke se extendió en sus entrañas. 

Mientras tanto, los labios del rubio cereza se abrieron, quizás con las disposición de refutar su decisión pero en lugar de soltar palabras, un pequeño sonido -apenas perceptible- de queja, escapó. Darius sintió un escalofrío en su columna mientras sus ojos se mantenían sobre los ajenos. Sabía que Luke estaba utilizando una muy baja técnica de persuasión, pero fue entrañable y le causó la ternura suficiente como para rendirse ante él, de nuevo.

 

—Sin embargo, es un caso delicado, así que quiero mantenerme dentro hasta que logremos descifrar qué esta sucediendo. ¿Es un inconveniente para ti, agente Pearce?

 

Luke niega con la cabeza, su rostro se contrae en alivio y una sonrisa tonta se forma en sus labios, regalando una imagen adorable a quien lo viera, como si el pequeño bastardo no supiera lo que había hecho. 

Sin embargo, no hubo quejas de parte del Capitán de policía, la manera en que los labios ajenos se extendía para dejar ver los hoyuelos que enmarcaban las suaves mejillas bronceadas del chico se sintió gratificante. Aunque todavía le resultaba un poco extraño a Darius sentir satisfacción genuina por ver la sonrisa de alguien, más allá de la gente a la que verdaderamente ayuda dentro de su trabajo. 

El hecho de que Luke se viera tan alegre por una respuesta tan simple de su parte se sintió como un bálsamo para él. Un sentimiento de que es necesitado se asienta profundamente en el interior amargo del policía, lo que es gracioso, porque creía que era más probable que él necesitara de Pearce.

 

—Por supuesto que no —Luke se levantó, tomando su folder después de dejarle algunas hojas con información de las victimas. Otra vez quedándose parado unos segundos y mirando de manera tímida al mayor.

 

Darius no debió encontrarlo lindo, pero lo hizo, pensando nuevamente en lo complaciente que podía llegar a ser Luke bajo sus manos. La culpa que pudo haber ya sé había extinguido lo suficiente ese día como para poder ignorarla con facilidad.

 

—Cambié de número, así que es mejor que se lo de en caso de que necesitemos comunicarnos para el caso —Darius sacó su celular personal del bolsillo a pesar de que el otro estaba sobre el escritorio. Buscó tranquilamente hasta encontrar su número y le extendió la pantalla encendida para que Luke pudiera escribirlo en el suyo.

 

Fue evidente que la acción complació al menor, por la felicidad con la que después de anotarlo le mandó un mensaje para que pudiera agendarlo; saliendo de su oficina luego de despedirse con tranquilidad, volviendo a cerrar la puerta detrás suyo.

De pronto, los papeles sobre su escritorio no se ssintieron tan pesados y tuvo nuevamente la energía suficiente para hacer unas llamadas y preparar citas a favor de asegurar encontrar a las familias de las nuevas –para él– víctimas en sus hogares. La mayoría contestó y tuvo que evitar la opresión dolorosa en su pecho al pensar en cómo les estaba dando esperanzas por entrevistarlos.

Subió a auto algunos minutos más tarde, llevando consigo a un recién egresado de la academia: un chico rubio de ojos café claro que fue transferido de otra área, el cual sonríe con nerviosismo y se mueve incómodamente en el asiento del copiloto, lo que pone nervioso a Darius mientras conduce. Casi deseaba haberlo dejado, pero era necesario para el protocolo que al menos dos de ellos estuvieran presentes para las entrevistas y era un buen momento para que viera el funcionamiento correcto del departamento bajo una supervisión adecuada.

—¿Por qué lo tengo que acompañar yo, Capitán Morgan? —Preguntó el nervioso joven y Darius casi quiso suspirar con exasperación. 

Sin embargo, sabía que era su trabajo tener paciencia con aquellos que trabajaban junto a él, así que trató de empatizar; recordando que alguna vez él mismo fue ese joven nervioso a su lado y el pensamiento lo ayudó a sentirse más cómodo. 

Sin despegar la vista del camino, le explicó los procesos básicos que seguían en el departamento. El muchacho poco a poco perdió el nerviosismo de estar a lado suyo, dejando de parecer un gato asustado y agazapado en una esquina para convertirse en un estudiante entusiasmado por aprender cualquier cosa que se le ofreciera, lo que hizo que su conversación se volviera un poco más amena y tranquila mientras llegaban a la primera casa. Hizo sentir mejor a Darius el resto del camino, debido a que el joven llevaba apenas un mes dentro de su mando y al parecer le había costado socializar con los demás (no es que Morgan fuera el mejor en esa área).

Finalmente llegaron a los suburbios, los cuales estaban tranquilos. Darius se tomó un tiempo para tratar de analizar la zona mientras avanzaba con paso tranquilo hasta la casa blanca que resaltaba detrás de un pequeño jardín delantero y bien arreglado.

A primera vista, sí parecía el tipo de familia al que acuden secuestradores amateur en búsqueda de dinero rápido, sin considerar que quizás las familias pudieran no pagar los exorbitantes precios del rescate. Una vez más, la tristeza asaltó su pecho cuando tuvo que tocar el timbre y fue recibido por una mujer de cabello castaño, algo desordenado, pero demasiado bien cuidado. Se veía demasiado joven para ser madre, pero el rostro hinchado y los ojos enrojecidos eran la evidencia de que lo era.

 

—¿Capitán Morgan? —la mujer habló con voz temblorosa, pero amable, mientras se hacía a un lado para dejarlos pasar.

 

El lugar estaba limpio, casi de manera obsesiva. Sin embargo, el silencio era evidente. Cuando Darius preguntó si alguien más vivía en la casa la respuesta fue positiva; al parecer, el esposo de aquella mujer se encontraba trabajando, lo que considerando la situación resultó un poco extraño. 

Louis, el chico nuevo, comenzó a hacer las típicas preguntas de las que no sacaron mucha información debido a que las víctimas eran dos niños pequeños. ¿Qué clase de enemigos podrían tener dos seres qué apenas habían aprendido a hablar? Resultaba incómodo pensar que alguien fuera capaz de tomar a dos almas inocentes que apenas hubieran conocido algo más allá de cuentos de hadas y monstruos debajo de la cama.

Amelie, la madre de las víctimas, comenzó a llorar después de un rato más; tratando de unir piezas, un temblor nervioso recorrió su cuerpo y contó, con cierto temor, que su esposo llevaba algún tiempo actuando extraño y paranoico. No le tomo importancia hasta la desaparición de sus dos pequeños.

La castaña los llevó a la habitación de ambos y esculcando en el buro que presumiblemente le pertenecía a su marido, sacó una tarjeta algo deslavada con el nombre de una empresa y una dirección al reverso que se veía igual de deteriorada. Darius la tomó con unos guantes y después de agradecer a la mujer por su tiempo salió de vuelta a la estación con aquella tarjeta dentro de una bolsa de evidencia. 

Trato de contactar al numero que Amelie les había dado del supuesto trabajo de su marido. Cuando preguntó por él, lo tuvieron que referir al qué había sido su jefe directo, el cual le explicó que aquel hombre por el qué preguntaban no trabajaba en la empresa desde seis meses atrás. Lo habían despedido un mes antes de que secuestraran a sus hijos, lo que convirtió al padre en uno de los principales sospechosos.

Al llegar a la comisaría, le pidió a Louis que llevará la tarjeta hasta su área correspondiente y que solicitará que le llevaran las fotografías en cuanto estuvieran listas mientras se encerraba en su oficina para marcarle a Pearce, quien contestó con rapidez.

Después de saludarlo con normalidad, le explicó las nuevas evidencias que tenía. Luke le pidió la dirección para que a primera hora de la mañana se dirigieran las fuerzas, sólo por sospecha, aunque la orden tardaría en procesar unas horas. Una vez colgaron la llamada, Darius refirió parte de la información a una pareja de policías para que continuarán haciendo las entrevistas y un par más fue enviado a buscar al supuesto esposo.

Poco tiempo después, el sonido de unos golpes en su puerta volvieron a llamar su atención. Louis se sentó en la silla frente al escritorio, extendiendo las fotos rápidas que le habían enviado como “copias de la evidencia” y esperó a que Darius revisara que todo estuviera en orden. Al no recibir quejas por parte del mayor, se inclinó suavemente sobre el escritorio. La mirada de Morgan lo siguió sin una expresión clara en su rostro.

 

—¿No podemos ir hoy? —Preguntó el joven.

 

Darius le explicó como debían seguir el procedimiento. No podían llegar sin tener algo sólido y en caso de que la situación se complicará necesitarían refuerzos, así que era mejor obtener una orden que respaldará con anticipación su accionar.

El chico parecía estar en desacuerdo; y aunque su argumento respecto a la situación era plausible para Morgan, no quiso instar al joven a que empezara con el pie izquierdo sus primeros días, así que zanjó el tema, ordenando al oficial regresar a su casa a pesar de que el mismo no lo haría esa noche. Louis aceptó de mala manera y se retiró.

Cuatro horas después, el sonido de su celular lo despertó. Estaba recargado en su escritorio, revisando algunos informes de los casos de los niños cuando seguramente se había quedado dormido. Se tomó un segundo para revisar la hora: eran las 3 a.m y su celular del trabajo era el que tenía la pantalla encendida. Le resultó extraño, considerando que aquellos que estaban de guardia en otros casos sabían que estaba en la oficina, normalmente marcarían ahí antes de recurrir al celular.

Deslizó el dedo sobre la pantalla y el sonido de una respiración rápida apartó todo rastro de sueño en él. Podía notar que alguien corría, algo golpeaba constantemente el celular y se escucharon unos murmullos a lo lejos. Creyó que se cortaría debido a que sus intentos de que la persona al otro lado contestara fueron en vano en un principio, hasta que la voz particular de cierto policía jadeó algunas cosas ininteligibles del otro lado. Morgan volvió a intentar hablar, ahora pronunciando repetidamente el nombre de Louis para captar la atención del joven. Finalmente, después de más ruidos de golpes, todo desapareció.

 

—¡Me desarmaron! ¡Ellos tienen a los niños, Capitán, pero creo que…! —Sonó un disparo y fuertes pisadas antes de que se cortara la llamada.

 

El corazón de Darius corrió a mil por hora mientras se levantó de su silla, tomando su chaqueta y marcando el teléfono de Luke, mientras salía del edificio después de pedirle a los pocos oficiales que estaban con él que lo acompañen en un auto aparte.

Cuando Pearce contestó, no dudó en contarle lo sucedido, explicándole que tendría que presionar a la fuerza para que les envié refuerzos al lugar en el que posiblemente este Louis. Luke le prometió que los servicios de emergencia llegarían justo con ellos y colgó la llamada cuando Darius ya estaba en camino a la dirección.

Apostaba por sus años de experiencia que el joven oficial había ido a investigar por su cuenta el lugar que estaba en la tarjeta de uno de los sospechosos.

Una hora después, estaba en la ubicación. A lo lejos pudo ver una enorme nube de humo blanco que se extendía hacía arriba en la oscuridad de la noche, expandiéndose como si fuera una hoguera. Cuando se estacionó frente al lugar, demasiado cerca para considerarse seguro, el miedo y la ansiedad se filtraron en sus huesos. Fueron transportados por su hirviente sangre hasta su pecho, donde la taquicardia se sintió como una bomba de tiempo mientras salía de su auto y avanzaba hasta la casa en llamas. Pero ya es tarde para intentar salvar algo dentro, el fuego ha consumido todo, se podía ver el interior ardiendo por completo, imposibilitando la opción de entrar por algo o por alguien.

Darius recordó la llamada del joven agente de policía. El ruido de sus pasos y los golpes de las hierbas regresaron a él como si hubieran estado ahí.

Tratando de concentrarse, observó en los alrededores algún lugar en donde se pudiese ver algún agujero entre la maleza que probara el paso de alguien, lo que al principio se le dificultó debido a la oscuridad pintada de naranja; hasta que finalmente el rabillo de sus ojos dio con una posible entrada a la que corrió sin dudarlo. Es un camino pequeño lleno de maleza, pero Darius empujó los arbustos a su paso mientras con la mirada recorrió el lugar, sacando su arma y lámpara del cinturón para tratar de ayudar su visión.

A lo lejos se escuchó el sonido de ambulancias y bomberos. Supuso que los otros dos chicos informaron acerca del incendio, pero en el espesor de la hierba a penas se podía ver luz alguna.

En lugar de prestar atención al ruido exterior, sus ojos trataron de enfocar cualquier otro color que no sea verde y café en el suelo. Hasta que finalmente, a sus pies bajo una inclinación, un amarillo suave resaltó dolorosamente en el pasto húmedo. El rostro pálido del joven policía fue iluminado por la lámpara de Darius sólo para evidenciar una expresión inerte en su rostro que revelaba todo menos vida. Sintió la presión en su pecho aumentar mientras sacaba su radio. Dando sus coordenadas esperó, parado en la punta del pequeño montículo, a que llegaran los paramédicos a pesar de que él sabía que estaba muerto.

Darius no pudo encontrar las fuerzas para moverse cuando los hombres a su alrededor bajaron hasta el cuerpo de Louis. El rostro sin vida del chico y sus ojos sin brillo serían una imagen que visitaría sus sueños durante un tiempo, siendo agregado a su larga lista de sus fracasos como jefe de policía. Sin embargo, sabía que su deber era continuar con su trabajo. Sacudió el vértigo y avanzó hasta los otros oficiales para indicarles lo que debían hacer.

Media hora después, la zona en la que antes se encontraba el cuerpo de Louis ya había sido despojada de él. Las cintas policíacas rodeaban el lugar y Darius finalmente salió de entre los arbustos para regresar a la casa, en donde las llamas del incendio ya habían sido sofocadas por los bomberos.

Se acercó a algunos de sus agentes para encargarles más cosas y preguntar si habían encontrado algo en la casa cuando sintió una presencia a lado suyo que aguardaba con paciencia mientras él hablaba. Giró hacía Luke en cuanto los otros hombres se fueron y fue recibido con un destello de ojos coral ensombrecidos, demostrándole que el agente se encontraba en un momento profesional y un sabor amargo se plantó en su lengua.

De todas formas, el castaño se cruzó de brazos mientras lo miraba. El rostro tiene manchas negras de ceniza por todos lados. Una parte de Morgan quiso extender sus manos para limpiarlas y así apartar del agente cualquier cosa que lo vinculara con el horrible caso en el que estaban, pero se recuerda que no debería. 

Luke, mientras tanto, le explicó lo poco que encontraron: ropa de niños, cosa que les daba esperanza sobre los pequeños. El mayor le agradeció la información y se dió media vuelta para subir a la patrulla, dispuesto a regresar hasta la estación para continuar con la investigación.

En un movimiento rápido, Luke agarró su muñeca, llenando su camisa azul celeste de hollín. Y a pesar de que esto normalmente lo haría enojar, sintió alguna clase de alivio debido al tacto. Darius giró hacia el más joven y enarcó una ceja, no estaba de muy buen humor; se sentía cansado, estresado y enojado. Pero ninguno de estos sentimientos estaban vinculados a Pearce, así que esperó a que el rubio cereza hablara, especialmente porque sus ojos de nuevo parecieron brillar como dos grandes estrellas en el cielo, regalándole un poco de alivio.

 

—¿Vas a regresar a la estación? —Preguntó Luke. Había preocupación genuina en sus facciones y Darius no pudo encontrar la fuerza para mentirle.

 

Asintió suavemente mientras los dedos agiles del más joven deslizaron su agarre hasta alejarse con timidez, como si no hubiera estado en sus planes agarrarlo de esa manera en primer lugar. Una punzada atravesó el corazón de Darius; y aunque sabe que el deseo es infundado, las ganas de mantener a Luke alejado de todo esto se aferraron a sus entrañas dolorosamente. Sabía que el agente Pearce no era un niño que necesitara de protección, pero la imagen del rostro sin vida de Louis se posó sobre su rostro como una marca de muerte para él. Su mente jugaba a perturbarlo y lo engañaba para que creyera que la visión de antes fue un presagio. 

 

—Vamos juntos —propuso —. También tengo cosas que ver ahí.

 

De alguna manera, Darius sabía que el agente le estaba mintiendo, pero no importó y asintió nuevamente mientras comenzaban a caminar hasta la patrulla, con Luke a lado suyo, tomando lugar en el copiloto del auto.