Chapter Text
La lluvia empapó la harapienta tela de su abrigo azul llevándose consigo gran parte de la mugre acumulada durante los últimos años; los cansados ojos por el largo viaje miraban fijamente la enorme estatua perteneciente a la tumba frente a él. Veinticinco largos años transcurrieron desde la última vez que la vio.
Un caballo tallado en piedra montado por una mujer guerrera cuya armadura alada parecía elevarlos a ambos hacia el cielo; la lanza en su mano apuntando hacia abajo reflejaba la poderosa fuerza de ataque que una vez tuvo la persona sepultada allí; la enorme cruz a su espalda parecía más la legendaria espada clavada en la piedra –en este caso una lápida de granito–, la posesión más preciada del famoso rey Arturo de las lejanas y perdidas tierras de Camelot… el hombre se preguntó vagamente si al retirarla el hechizo sobre la reina bajo tierra también sería levantado y ella finalmente despertaría de la pesadilla eterna en la que la habían sumergido hace tantos años.
El nombre grabado en la horrible losa anunciaba a su noble ocupante de forma escueta y anónida: Erza Scarlet X765-X796. No reflejaba absolutamente nada sobre la vibrante personalidad de la maga más fuerte de Fairy Tail, quien era además, la mujer más hermosa en todo el mundo y cuyo corazón bondadoso detuvo sus latidos para proteger al gremio en ese ataque injustificado por parte de magos renegados, furiosos por perder sus ingresos mal habidos. Ninguno de aquellos mercenarios habría tenido por sí solos la fuerza para poner en jaque al gremio de magos número uno en Fiore, pero de nuevo, su plan traicionero en el momento más oportuno dio resultados. Mientras algunos magos realizaban el examen para la clasificación S y otros una misión de los Diez Años, los enemigos cayeron en plena tarde sobre los desprevenidos miembros débiles, nuevos reclutas y heridos. Erza regresó a tiempo de su propia misión de los cien años en solitario para impedir una masacre y sólo encontró la muerte…
O eso creyó durante mucho tiempo.
En su defensa nunca pensó que aquellos a los que consideró amigos o hermanos le mentirían descaradamente en la cara, una y otra vez sin tener compasión de su miseria. Él lo sabía, no era más que un pecador infame, indigno de cualquier felicidad; rompió el corazón de su amada y mancilló su luz con dolor al atreverse a tomar su mano ocasionalmente pero sin comprometerse a quedarse con ella, no obstante, ocultarle los hechos verdaderos era algo execrable. Desperdició lo que quedaba de sus años lozanos rastreando culpables y eliminándolos, todo para terminar donde inicio su historia: encadenado e imposibilitado, su existencia olvidada por el mundo mientras en el exterior se desarrollaba un auténtico milagro. Realmente fue toda una casualidad la aparición de esos niños en plena torre, especialmente su salida a través de la celda donde él estaba atrapado. Además, que usarán magia con la cual estaba muy familiarizado, pasó de entrañable a confuso en cuestión de segundos. Si la luz del sol y el aire no se hubieran hecho presentes él, con su vista cansada, se habría perdido los detalles más importantes.
Si hubiera sabido, habría corregido el error al que Erza y él fueron sometidos en la infancia, jamás hubiera permitido que otros interfirieran... pero a pesar de los engaños la verdad salió a la luz y ahora tenía todas las piezas, frente a sus ojos se hallaba la última prueba, pues una vez superado el truco mágico por fin pudo ver aquello que estuvo plasmado ahí desde el inicio. No entendía bien cómo aquello ocurrió o por qué, pero ya nadie lo engañaría ni negaría su derecho, era hora de que los culpables asumieran sus errores y él recuperara lo robado. Haría bien las cosas, está vez no le fallaría al amor de su vida.
Un jadeo llamó su atención. Creyó que tendría más tiempo a solas para meditar frente a la tumba de Erza.
–¡Hermanito, hay alguien allí! –señaló una dulce voz femenina.
–Estos turistas, ¿cuándo aprenderán a leer? –se quejó la voz masculina, sonaba bastante irritado, mucho más que en la torre.
Un extraño cosquilleo recorrió su cuerpo, llevaba eones sin sentir nervios; sin embargo, tras liberarse nuevamente de las cadenas, experimentaba el exterior con mucha más intensidad que antes, descubrir el secreto peor guardado por Fairy Tail –después del cuerpo inmortal congelado de Mavis Vermillion– destrozó sus nervios y cordura tanto como Ultear en el pasado.
–¡Ey, tú! –gritó el hombre a sus espaldas–, no puedes estar aquí. El cementerio está cerrado al público, sólo se permiten miembros del gremio. Si quieres presentar tus respetos o tomar fotos tienes que esperar hasta el domingo, después de los servicios fúnebres.
La rosa roja en las manos del hombre fue aplastada, las espinas mordieron sus arrugadas manos permitiendo que la sangre fluyera libremente en lugar de su ira acumulada. Ya lo sabía, no tenía derecho a estar ahí, pero ser negado de esa manera tan fría, como si él fuera un completo desconocido, después de todo lo que hizo por ayudar al gremio y vengar la muerte de Erza… No, se negaba a marcharse, esos embusteros le debían al menos la oportunidad de aclarar las cosas.
Girando lentamente la cabeza hacia atrás, procurando no revelar su marchito rostro, alcanzó a ver a los intrusos. Una niña recién entrada en la adolescencia de cabello blanco y bellos ojos verdes vestida de negro llevaba un enorme paraguas estampado con imágenes de gato para cubrirse a sí misma y al alto joven a su lado, cuya camisa naranja contrastaba demasiado con el color escarlata de su cabello mientras el fuego en su cabeza no coincidía con la frialdad de sus ojos marrones, menos aún con la mueca terriblemente familiar en sus labios porque, para empezar, no pertenecía a su bonito rostro, sino al de alguien más.
–¿Qué hacemos ahora? –preguntó la mujercita, mirando en su dirección con sus grandes ojos de ciervo… era obvio de quién era hija y saberlo provocó un odio injustificado hacia ella, ¿cómo osaba a llamarle a él así cuando su madre le había hecho aquello a su persona?
–Ul, ve adentro y avisa al sacerdote de que tenemos un estorbo aquí, yo me ocuparé de esto –declaró el pelirrojo sin apartar su mirada fiera.
–Pero…
–Obedece –gruñó el chico. La peliblanca asintió torpemente, miró una vez más hacia la tumba de piedra y dio media vuelta.
Una vez que desapareció por la esquina las dos personas paradas bajo la lluvia persistente se prepararon para un posible duelo. El joven tomó la delantera.
–Es claro que tú no eres de aquí, pero sin duda eres un mago, puedo sentirlo. No sé quién eres ni cuál sea tu asunto con Titania, tal vez seas un fan o un enemigo, como sea, ella está muerta, así que márchate...
–¿Eres miembro de Fairy Tail? –preguntó para ganar tiempo, aunque ya sabía la repuesta. Necesitaba observarlo mejor, entender qué sabía y qué no antes de hacer su movimiento. Cuando sólo obtuvo una maldición fastidiada de parte de él, volvió a hablar–. Conocí a Titania hace muchos años, vine a presentar mis respetos.
–El rito fúnebre por su aniversario luctuoso acabará en unos días, hasta entonces sólo los miembros activos del gremio pueden estar aquí. Si tanto quieres saludar regresa después. Los preparativos están por comenzar…
–¿Conociste a Titania?
La mirada suspicaz que recibió no auguraba nada bueno, sin duda poseía su genio, pero la mala actitud sólo podía ser de algunos miembros veteranos del gremio. Cuando estaba por responderle, voces que se acercaban corriendo los distrajeron. El pelirrojo sonrió con condescendencia hacia los recién llegados, causando que la bilis del otro hombre bajo la lluvia volviera a acumularse. Aquello estaba mal, él no debería… no a ellos.
–¡IGNEEEL! –llamaron la niña peliblanca, una mujer peliazul y un corpulento hombre rubio.
–No era mi intención causar problemas, no sabía sobre la prohibición. Me retiró –se excusó y tras prometerse a sí mismo remediar la situación dejó la flor en la tumba y se marchó lentamente, no quería ser reconocido todavía y esperó que no notaran que huía. De todas las personas del gremio no podía enfrentar a Laxus frente a frente, ya no, así que debía idear un mejor plan. Antes de desaparecer por la esquina no pudo evitar mirar hacia atrás y la imagen que vio le rompió el corazón:
Laxus apartó la rosa de un manotazo mientras Juvia palpaba frenéticamente el cuerpo del joven pelirrojo en busca de alguna herida bajo la protección otorgada por el paraguas de gato perteneciente a la chica. Igneel Fullbuster sonreía abiertamente ante la obvia preocupación, el breve intercambio de palabras que tuvo con él... yacía en el olvido mientras los usurpadores seguían ocupando un lugar que no les correspondía.
Sin contener las lágrimas Jellal Fernandes se alejó del cementerio y de la iglesia sin dejar de repetirse así mismo: “Pronto, muy pronto.”
