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DesAmor

Summary:

Till salió de la casa de Ivan, el frío de la madrugada le golpeó el rostro apenas puso un pie fuera, empezó a caminar sin un rumbo aparente entre las solitarias calles con Ivan pisándole los talones unos metros más atrás.

—¿A dónde crees que vas, Till? Es de madrugada, volvamos— Ya no estaba el tono burlón o coqueto con el que siempre le hablaba, ya ni siquiera le estaba hablando, le estaba rogando e implorando que dieran media vuelta y volvieran a la calidez (frialdad) de su hogar.

Notes:

Perdón si es muy corto y ooc, está basado en un sueño que tuve con mi ex heheh, solo sustituí los personajes por mis niños Ivan y Till pq me encanta verlos sufrir un poco.

Gracias por leer, disfruten —✰

Work Text:

Al entrar al cuarto, Ivan se lanzó con urgencia a los labios de Till, no era un toque suave, era desesperado, exigía más de lo que el otro tenía para darle.
Los labios carnosos de Ivan contrastaban con los labios delgados de Till, su colmillo rasgaba la piel, provocando ardor y que su compañero soltara leves quejidos.
Las manos de Till tardaron un poco en reaccionar, pero una vez pasada la impresión, fueron a parar a la bella cintura de Ivan, apretando con firmeza la carne por encima de la ropa. Sin embargo, a pesar de la rudeza de la boca de Ivan, sus manos sostenían el rostro de Till con suma delicadeza, como si de porcelana se tratase, sus dedos temblaban mientras pasaba uno que otro mechón de cabello rebelde detrás de las orejas del contrario.

Till presionó la cintura de Ivan y lo alejó, entre respiraciones agitadas y con un rubor atravesando su rostro, preguntó.

—¿No está tu madre?
—No, no hay nadie, no tienes por que preocuparte

Ante esa respuesta, se reanudó el contacto y ambos cuerpos caminaron entre besos y caricias hacia la cama. Al llegar al borde, Till dejó su peso caer y atrajo a Ivan para que se sentara en su regazo con ambas piernas a los lados.
Ivan se separó momentáneamente para observar el rostro de Till, esas pequeñas pestañas, los mechones que se pegaban ligeramente a su frente, el sonrojo que se extendía por sus mejillas y su boca entreabierta, pero lo más importante: sus hipnotizantes ojos azules con ese pequeño brillo que ya no veía con tanta frecuencia, esas dos esferas brillantes lo veían a él y solo a él. Sus ojos se le cristalizaron y una sonrisa se formó en su rostro, al percatarse de su vulnerabilidad, rápidamente continuó el beso y comenzó a mover sus caderas suavemente.

Ambos soltaban gemidos bajos, encerrados en su burbuja de placer en medio de la noche. Till empezó a descender sus besos hacia el cuello de Ivan, dejando pequeñas mordidas y chupetones.

—Espera, Till— Ivan se incorporó momentáneamente para quitarse su suéter con la ayuda de las manos desesperadas del contrario. Una vez completada su tarea, sus manos regresaron al cabello gris, mientras que Till empezó a recorrer la espalda de Ivan, trazaba círculos con esas manos tan hábiles y poco a poco bajaba para apretar las nalgas del otro, hasta que acercó su boca al oído del otro.

—...M-Mizi…

La burbuja de Ivan explotó en un instante, Till continuaba con sus toques, pero ahora sentía como esas manos lo quemaban vivo y le recordaban la cruel realidad, una realidad que él se había negado a ver y pensó que podía ser capaz de cambiar. Su cuerpo estaba estático, a excepción de sus manos, que temblaban en el cuello de Till.

—¿Qué ocurre? — Till apenas había notado la quietud del otro, hablaba entre los besos que le brindaba al cuello de Ivan, sin percatarse de nada.

—Creo que es mejor que nos vayamos a dormir

—¿Qué?

—Ya es tarde— Ivan se quitó lentamente de su regazo y se sentó a su lado con la mirada fija en su edredón

—....Bueno, si tú lo dices

Ivan tomó su suéter y se encaminó a su clóset, le arrojó una pijama cómoda a Till sin voltear a verlo, agarró su propia ropa y se fue al baño en silencio. Una vez que cerró la puerta, se sostuvo del lavabo con fuerza, su pecho se presionaba cada vez más y el temblor solo iba en aumento.
Su cabeza se mantenía agachada, pues temía ver sus lágrimas en el espejo y que su propio reflejo le confirmara lo que llevaba todo este tiempo negando.
Abrió la llave para que sus sollozos se ahogaran con el ruido del agua. Terminó de quitarse su vestimenta para sustituirla con una playera de manga larga y unos shorts holgados, sus prendas usadas fueron olvidadas en una esquina, cerró el paso del agua y, tras unas respiraciones profundas, salió del baño.

Till ya estaba metido entre las cobijas dándole la espalda.

Apagó las luces y sutilmente se metió en la cama con la mirada fija en el techo.

—Buenas noches, Till, descansa.

—Buenas noches, Ivan

….

1:07 a.m. marcaba el reloj de pared cuando Ivan fue despertado por un fuerte grito proveniente de Till, quien estaba bañado en sudor, completamente pálido, con su mirada desorbitada y con lágrimas cayendo por su cara.
Parecía que estaba al borde de un ataque de pánico, estaba recargado en sus codos, su respiración se aceleraba cada vez más y no distinguía si seguía en su sueño o ya era la realidad.

—Till, aquí estoy, estás despierto, respira conmigo ¿ok? — para Ivan esto no era nuevo, sabía como contener a Till cuando una de sus pesadillas lo atacaba, pero eso no le quitaba el ligero temblor en su voz, le dolía verlo así, se sentía incopetente; rápidamente se incorporó y ayudó a Till a sentarse correctamente para facilitar el paso del aire, volteó a su alrededor en busca de agua y de su celular. Al no encontrarlos, le tendió su mano, la cual fue tomada con una gran fuerza, estaba a punto de hablar cuando Till lo alejó repentinamente y se acercó al borde del colchón para ponerse sus zapatos.

—Necesito encontrar— soltó en un susurro que Ivan solo pudo ser capaz de escuchar gracias a la soledad nocturna.

—¿A qué te refieres, Till? — se atrevió a preguntar con miedo.

—Necesito encontrarla— Soltó con voz áspera

—¿A quién? — No lo digas, por favor Till, no lo digas

—A ella

Había terminado de colocarse los tenis, se puso su sudadera, se levantó con prisa y salió disparado a la puerta. Ivan, con el pecho pesado y más frío de lo que le gustaría admitir, lo siguió sin dudarlo, ni siquiera se puso sus zapatos, salió descalzo tras de Till como siempre lo había hecho.

Till salió de la casa de Ivan, el frío de la madrugada le golpeó el rostro apenas puso un pie fuera, empezó a caminar sin un rumbo aparente entre las solitarias calles con Ivan pisándole los talones unos metros más atrás.

—¿A dónde crees que vas, Till? Es de madrugada, volvamos— Ya no estaba el tono burlón o coqueto con el que siempre le hablaba, ya ni siquiera le estaba hablando, le estaba rogando e implorando que dieran media vuelta y volvieran a la calidez (frialdad) de su hogar.

Till no parecía escucharlo, en cambio, aumentó el paso y empezó a correr hacia su destino.

—¡Till, por favor, no me ignores! — se le escapó un sollozo sin querer mientras empezaba a correr con los pies ardiendo

Finalmente, Till paró al girar en una calle que parecía totalmente deshabitada, a excepción de las luces del gran bar que había en la contraesquina. Ivan lo reconoció inmediatamente, la propietaria era Hyuna, una amiga de ambos, o al menos lo eran antes del accidente.
Al lado de un poste, fumando, estaba Isaac, tenía un porte sereno hasta que escuchó las agitadas respiraciones que se acercaban.

—¿Isaac? — Ivan estaba sorprendido, tenía meses sin verlo.

No tuvo tiempo de preguntar, cuando Till se le lanzó para agarrarlo del cuello de su sudadera, tenía la intención de parecer imponente, pero debido a su estado solo se terminó colgando del otro mientras nuevas lágrimas empezaban a asomarse y mojaban el pavimento.

—Woah, Till, hombre incorpórate, todavía no tengo tu encargo de la semana ¿Lo necesitas tanto? Creo que aquí tengo un poco

Intentó sacar una bolsita de su chamarra, pero Ivan le agarró la muñeca con dureza.

—...¿Le estás vendiendo a Till? — Isaac se quedó en silencio, la música amortiguada y los murmullos del joven era lo único que llenaba la calle— ¿Ha estado así por tus mierdas?

—Ivan, escucha-

—No. ¿Qué clase de amigo eres?

—...

—Isaac— Till interrumpió la discusión mientras intentaba ponerse de pie— La extraño, por favor, regrésamela, no puedo estar sin ella, es el amor de mi vida

—¿...esto querías lograr, Isaac? Solo lo estás empeorando ¿No te das cuenta?

— Till, mira-

—Isaac, cállate— su agarre en la muñeca del otro se endureció— no te atrevas-

—Mizi está muerta, no va a volver por más que llores ¿Lo entiendes? ¡Está muerta!— nunca rompió el contacto visual con Ivan, quien parecía a punto de cometer un crimen de odio

Till se desmoronó por completo, sus murmullos pararon en seco y su agarre se aflojó, se hubiera caído completamente de no haber sido por Ivan, quien siempre estaba ahí para sostenerlo. Till se aferró a su suéter en un abrazo desesperado y enterró su cara en su cuello mientras su llanto regresaba con más intensidad.

—Eres un imbécil, Isaac

—...Tú eres peor, Ivan