Actions

Work Header

Rating:
Archive Warnings:
Category:
Fandom:
Relationships:
Characters:
Additional Tags:
Language:
Español
Stats:
Published:
2025-10-25
Words:
3,801
Chapters:
1/1
Comments:
1
Kudos:
36
Bookmarks:
2
Hits:
190

Me estoy haciendo viejo (y necesito algo en qué confiar)

Summary:

Hay un niño bañado en sangre en su ventana. Él se llama Kim Dokja, Yoo Joonghyk sabe eso. No sabe por qué está bañado en sangre.

O: los últimos momentos en el fin del mundo de Joonghyuk de pronto son acompañados por un chico extraño.

Notes:

ESTO NO FUE EDITADO, así que lamento profundamente si encuentras algún error. Si tiene alguno, avísame, para que pueda suicidarme de inmediato. (?

Basado en "Un Amigo para el Fin del Mundo", porque yo amo, amo, AMO MUCHO esa película.

Por cierto, sólo para aclarar otra vez: SP es un narrador poco confiable aquí.

título sacado de "Somewhere only we know" (Keane)

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Hay un niño bañado en sangre en su ventana.

Eso es lo primero que ve Yoo Joonghyuk en cuanto llega a su sala. Si fuera un hombre más débil, hubiera quedado en shock con la imagen, pero sólo le provoca la sorpresa momentánea de no haberse esperado tal visita. Aunque no es una visita como tal, después de todo, su ventana, así como las ventanas de todos los que viven en el edificio, dan a las escaleras de emergencia, que es donde el pobre niño parece estar hiperventilando, en soledad, completamente ajeno al hecho de estar siendo observado por otra persona.

Joonghyuk frunce el ceño mientras intenta recordar el nombre de este mocoso. No se lleva bien con muchos de sus vecinos, pero todavía tiene un seguimiento. Mientras piensa, se lleva una cucharada de leche con cereales a la boca, su pobre desayuno de esta mañana porque le ha dado demasiada pereza ir a buscar víveres en mitad del fin del mundo.

De pronto, el chico en la ventana levanta la vista de golpe, haciendo contacto visual a través del cristal manchado de sangre. De alguna manera, su expresión de horror empeora.

Kim Dokja, el nombre viene a la mente de Joonghyuk en un instante, mientras termina de masticar y se acerca a su no visitante. Abre la ventana con un movimiento practicado, y le dedica una expresión en blanco al niño, quien tiembla suavemente bajo su mirada, pero no sale huyendo. Con la manera en la que tiembla y jadea pesadamente, no cree que esté realmente en condiciones de poder hacerlo.

—¿Qué estás haciendo aquí? —aventura Joonghyuk, con toda la calma del mundo, comiendo otro poco de su desayuno sin quitarle los ojos de encima al mocoso.

Kim Dokja abre la boca, deja salir un sonido estrangulado, como si su garganta se hubiera bloqueado. Su cara ya pálida pierde más color, a tal punto que parece que la única sangre en su cuerpo es la que tiene en la ropa y manchando su mejilla. Tampoco se mueve, está quieto en su lugar, agarrándose de la camiseta sucia y desgastada que está usando, de pie pero encorvado en mitad de la escalera.

Yoo Joonghyuk no ha convivido con muchos niños en el pasado, pero puede asumir el nivel de terror que debe estar sufriendo este chico. Lo suficiente como para no poder huir siquiera de un peligro mortal. Lamentable.

A lo lejos, escucha un accidente de auto. Ya el quinto desde que despertó. No es que importe, pero el ruido le saca un respingo al chico, obligándolo a volverse más pequeño, y finalmente bajar los ojos. Su respiración no deja de ser ruidosa en todo ese tiempo.

Joonghyuk entrecierra un poco los ojos, y tras pensarlo por unos exactos cinco segundos, da un paso hacia atrás.

—Pasa —dice, dándose la vuelta al mismo tiempo que el chico, Kim Dokja, levanta de golpe la cabeza. Ya no puede ver su rostro, y no le importa. Come otra cucharada de cereales con leche y camina hacia el interior de su departamento—. Puedes usar mi baño.

En realidad no sabe si el niño va a aceptar la oferta, pero no le importa mucho. Cuando ya están a la esquina de que todas las cosas acaben, ya nada importa. Sólo que se sentirá menos mal si al menos hace esto en los últimos momentos.

Algo lo detiene antes de pasar a otra habitación.

—¿No vas a llamar a la policía?

Yoo Joonghyuk da media vuelta, mirando al chico otra vez. Ahora Kim Dokja ha dejado de jadear, pero en su rostro sigue instalado un miedo atroz, mezclado con la culpa más obvia del mundo. A Joonghyuk le duele sólo mirarlo, provocando que no pueda controlar la ligera mueca de disgusto que forman sus labios.

—¿Para qué? —pregunta, con desdén, comiendo otro poco. Ya está por acabarse y todavía tiene hambre. No quiere ir a la tienda a comprar más comida—. ¿Piensas que puedes atacarme?

Kim Dokja se sorprende, y luego niega rápidamente con la cabeza. Yoo Joonghyuk vuelve a darle la espalda y, mientras espera en el pasillo, escucha el ruido de pasos suaves sobre la alfombra; primero lentos, temerosos, como si el chico estuviera demasiado alerta todavía, y luego son apresurados, una carrera repentina que hace que choque contra la espalda de Joonghyuk al llegar al mismo pasillo.

Joonghyuk no se molesta en revisar si su ropa se ha manchado de sangre. Sólo se da la vuelta y señala la puerta a pocos pasos.

—Ese es el baño —explica, dirigiéndole una mirada severa a Kim Dokja, quien está frotándose la nariz después de haberse golpeado con demasiada fuerza contra la dura espalda del adulto—. Puedes dejar tu ropa en el cesto. Agarra lo que quieras del armario que hay adentro.

Después de eso, vuelve a darse la vuelta y entra a su propia habitación, cerrando la puerta detrás de sí, quedando solo de nuevo.

Con un bajo suspiro de cansancio, deja el cuenco de cereales en la mesita de noche y se dirige al armario. Lo primero es quitarse la ropa ensangrentada y conseguir un conjunto decente para ir a la tienda.

Aunque no quiera salir, no puede dejar a un invitado sin comida, sería de mal gusto.


El sonido de las luces en el techo inunda sus oídos por demasiado tiempo. Aun así, no puede apartar la vista del estante que tiene enfrente. Las etiquetas de distintos tipos de limpiadores, lejía y jabón líquido y otros productos llaman su atención más de lo que nunca lo habían hecho antes. Sabe lo que es una mezcla potente para limpiar, y también sabe cuánto sería suficiente para provocar un envenenamiento rápido que lo dejaría tirado y muerto en pocas horas. Pero nunca se había interesado en ponerlo en práctica en sí mismo.

Ahora mismo, el pasillo de productos de limpieza brilla más que todos los demás. O tal vez sea porque es la única sección donde las luces no parpadean. Un poco irónico. ¿Una señal?

Lo ignora y pasa de largo. Tiene suficiente lejía en casa todavía.

En el siguiente pasillo, agarra la caja de galletas con chispas. Supone que a todos los niños les gusta esta marca.

Él podría hornear mejores, piensa para sí mismo al pagar en la caja, donde un cajero de aspecto sombrío y con el pelo pintado en blanco sólo se queja mientras teclea en su teléfono y le da más cambio del que debería. Joonghyuk no lo menciona y se va de allí sin decir nada más.


Cuando llega a casa, se encuentra con la puerta del baño abierta. Y el chico no está allí. Ni en la cocina. Ni en el comedor. Ni en la sala, donde hay gotas de sangre pintando la alfombra, y otro rastro sobre el alféizar. Piensa limpiar eso más tarde.

Cuando deja las bolsas de compra sobre el mostrador de la cocina, suspira. Se pregunta si acaso dejó entrar a un pequeño ladrón, aunque no es que le importe mucho si se llevan sus cosas. No está apegado a nada material, cree que nunca lo ha estado. Tal vez por eso el fin del mundo no le afecta tanto como a las personas fuera de su departamento.

Mientras acomoda las verduras en la nevera, escucha un corto estruendo desde su estudio. Vuelve a levantar la cabeza, y una pequeña sonrisa se asoma por sus labios. Al parecer, el ladronzuelo resulta que no lo es. Pero si lo es, es realmente malo. ¿No debería haber escapado ya? ¿Lo consumió la avaricia? Después de todo, en ese estudio hay bastantes cosas importantes.

Sin apresurarse, termina de ordenar todo. Y después, con la caja de galletas en la mano, va al cuarto donde se encuentra su invitado.

Cuando abre la puerta, es recibido por la imagen de un chiquillo sobre una cómica pila de diversos objetos que intentan simular una especie de plataforma; una de sus planteras más grandes, uno de los reposapiés blancos, un cajón de madera de su escritorio, una caja de discos y… ¿cartas? Yoo Joonghyuk tiene que parpadear varias veces para asimilar eso último, preguntándose cómo es que eso funciona. Luego se centra en lo importante.

El chico está intentando alcanzar uno de los libros de la estantería más alta. Sus dedos, envueltos con banditas (probablemente de su kit de emergencia en el baño), raspan la tapa dura del gran ejemplar que busca atrapar. Apenas consigue hacer nada más, y está estirando todo el cuerpo, sudando y manteniendo el equilibrio precariamente al mismo tiempo. Joonghyuk no puede evitar la risa que eso le provoca.

La misma risa que hace que el chico gire de golpe la cabeza, y seguido de eso, todo su equilibrio se rompe y se resbala. Cae de espaldas al suelo.

Joonghyuk soporta otra risa al apretar los labios. Al menos la alfombra aquí es mucho más mullida que la de la sala, pero aun así puede escuchar el lamento del niño.

—¿La televisión no fue suficiente para ti? —pregunta tranquilamente, acercándose para extender una mano a Kim Dokja.

El mocoso muestra una mueca incómoda, pero acepta el gesto con timidez. Al estar de pie, se sacude la ropa, que no es más que una de las camisas de Yoo Joonghyuk y sus pantalones cortos, que todavía tienen algunas manchas de sangre. La camisa, por suerte, es lo suficientemente grande y ancha como para cubrir hasta sus rodillas.

—No me gusta mucho… —murmura Kim Dokja, jugando con los dedos de manera ansiosa y desviando la vista. Joonghyuk se inclina ligeramente hacia él.

—¿No te gusta la televisión?

—Los noticieros son deprimentes —masculla, torciendo los labios con disgusto, apenas mirando de reojo a Joonghyuk, estudiando su reacción con cautela antes de atreverse a hablar de nuevo. Cuando no recibe más palabras del adulto, se rasca la nuca y mira nerviosamente a su alrededor, al desastre que se ha desatado—. Lo siento, sólo quería un libro.

—Querías un libro —repite Joonghyuk, no como reproche, pero el chico debe haberlo tomado como tal si, al segundo siguiente, se encoge sobre sí mismo. Joonghyuk rueda disimuladamente los ojos ante la reacción exagerada, y se da la vuelta, alcanzando el dichoso libro sólo con estirar la mano. Se lo pasa a Kim Dokja—. Toma.

El niño parpadea, estupefacto, mirando entre el ejemplar y el adulto que se lo está dando, como si no pudiera creérselo. Sólo cuando Joonghyuk hace un movimiento insistente para que lo tome finalmente lo agarra entre sus manos, abrazándolo inmediatamente contra su pecho y haciendo una reverencia.

—Muchas gracias, eh…

—Yoo Joonghyuk —responde, sin sentirse ofendido de que el mocoso no sepa su nombre. Mismo mocoso que levanta la cabeza de nuevo, con las mejillas rojas y los ojos brillantes. Joonghyuk frunce el ceño—. Y tú eres Kim Dokja.

Como si fuera posible, los ojos del joven brillan incluso más.

Yoo Joonghyuk no pierde más tiempo y empuja la caja de galletas contra él, con suficiente delicadeza como para no hacerle daño, y después se dirige a la salida.

—Limpia el desastre antes de salir —resopla con desdén, apenas deteniéndose un instante en la puerta para decir una última cosa—. La cena estará lista a las ocho. No tardes.

Kim Dokja guarda silencio un momento, y luego asiente efusivamente. Joonghyuk lo deja solo.


—¿Tu madre no estará preocupada por ti?

La pregunta rompe con el constante silencio en la mesa. Kim Dokja levanta la vista de su plato a medio terminar para volver a ver a Joonghyuk, y su expresión tranquila y casi dulce se agria, arrugando la nariz y las cejas antes de volver a bajar la mirada, moviendo los palillos entre el caldo y las verduras. No responde por los siguientes minutos, así que Joonghyuk simplemente come otro bocado y mira hacia el reloj; ya pronto van a ser las diez de la noche.

Afuera siguen sonando los carros chocando, la gente gritando, el mundo haciéndose pedazos.

Aquí adentro, sin embargo, todo sigue en silencio.

—Creo que ella no volverá —dice finalmente el niño, con la voz sorprendentemente firme, nada parecido a las palabras torpes y llenas de miedo que ha estado usando desde que arribó al departamento de Joonghyuk. Y cuando el hombre lo mira, Kim Dokja lo mira de vuelta, con ojos vacíos, cansados como no debería estarlo un chico de su edad—. Se fue esta tarde a deshacerse del cuerpo de mi padre.

La respuesta es tan hueca que, si Yoo Joonghyuk no estuviera acostumbrado a las locuras de este mundo, se sorprendería. No obstante, esta declaración sólo le causa curiosidad.

—¿Tu padre está muerto?

Joonghyuk conoce al hombre. O, más bien, todos en el edificio lo conocían. No porque fuera popular o un buen vecino, sino porque todos podían oír sus gritos de borracho los fines de semana, seguidos siempre de los gritos de dolor de su esposa. Lamentable, un tipo tan desagradable al que todos tendrían que ignorar, porque cada uno tiene sus propios problemas.

Yoo Joonghyuk, mientras sorbe fideos, siente una repentina y ligera satisfacción. Algunos pecadores obtienen su merecido en el fin del mundo.

(Él espera que llegue su hora también.)

—Sí —vuelve a hablar Kim Dokja, parpadeando y volviendo a comer, sumiéndose en otro corto silencio. No dice nada más.

Joonghyuk sabe que preguntar detalles sobre la muerte de un familiar podría ser grosero, así que no indaga al respecto. Tampoco es que tenga curiosidad de saber cómo murió el bastardo. Probablemente a manos de la esposa que tanto había hecho sufrir.

—Murió porque lo apuñalé.

Esta vez, la sorpresa es suficiente para dejarlo pasmado.

Mira a Kim Dokja en silencio. El joven chico no lo mira de vuelta, terminando de sorber sus últimos fideos y luego bebiendo el caldo con verduras que queda en su cuenco. Ese es el único sonido que los acompaña, además del ruido de los constantes desastres del mundo exterior.

Cuando finalmente termina, Kim Dokja sonríe suavemente.

Yoo Joonghyuk suspira por lo bajo, recostándose contra el respaldo del asiento.

—¿Quieres más?

La pregunta no debe ser algo que se esperaba, porque pronto las mejillas del niño se tornan rojas y asiente tímidamente.

—Si no le molesta…

—Está bien —lo interrumpe, poniéndose de pie y alcanzando en plato de Kim Dokja—. De todas formas, no esperaba que fuera bueno. Hace tiempo que no cocino.

—¿Eh…? Pero, Joonghyuk-ssi, su comida es muy buena.

Yoo Joonghyuk se detiene antes de pasar a la cocina y mira de nuevo al chico, con una expresión de desconcierto. Kim Dokja, al verse tan repentinamente bajo escrutinio, vuelve a enroscarse sobre sí mismo, bajando la cabeza y disculpándose en voz temblorosa.

Le sirve otra porción sin molestarse en decir nada más por el resto de la hora.


—Puedes quedarte a dormir —dice, antes de poder pensarlo correctamente, y cierra la boca con fuerza justo después.

Kim Dokja, que ha estado mirando con nerviosismo e indecisión la ventana y las escaleras más allá, se tensa de golpe y se gira. Sus bonitos ojos negros, que parecen tener estrellas en sus pupilas, se abren mucho más, enseñando sin pena una expresión de sorpresa e incredulidad, y algo de miedo, si es que Joonghyuk puede leer correctamente.

Ninguno dice nada por otro momento.

—¿No…? —comienza el joven chico, mirando hacia varios lugares, como si no supiera hacia dónde debería estar viendo. Joonghyuk piensa que sería más sencillo si pudiera verlo únicamente a él, pero desecha ese pensamiento mientras escucha a Kim Dokja aclararse la garganta, y formando una sonrisa torcida—. ¿No sería una molestia, Joonghyuk-ssi?

Yoo Joonghyuk sopesa decirle que sí, que lo es. No le gusta que gente desconocida se quede mucho tiempo en su departamento, mucho menos por la noche. Pero Kim Dokja ya lleva aquí desde la tarde y no ha sido nada más que una extraña y agradable compañía; el niño no es revoltoso, no habla fuerte, no se queja y limpia todos sus desastres. Incluso lavó los platos después de comer. Y no ha visto la televisión en un volumen alto.

De hecho, no ha mirado al TV ni una vez.

Es un mocoso extraño. Uno extraño, pero que hace que Joonghyuk se sienta mejor. Su sola presencia ha conseguido que no vaya a beber todos los productos de limpieza escondidos en el armario. Supone que es bueno. No es que piense que realmente lo sea.

—No es una molestia —afirma al fin, cruzando los brazos y volviendo a suspirar por lo bajo—. Quédate con la habitación, la cama es cómoda.

Kim Dokja se queda callado de nuevo, dándose la vuelta para quedar cara a cara, y una vez más juega con sus dedos, indeciso antes de abrir la boca de nuevo. Sus ojos se posan en el sofá de la sala con poco disimulo.

—... Podría simplemente dormir en el sofá —sugiere, con voz trémula. Joonghyuk aprieta los labios.

—Si eso es lo que quieres —concede el adulto, dándole la espalda y moviendo una mano en el aire, dirigiéndose a su habitación sin perder más tiempo—. Haz lo que quieras.

Kim Dokja no lo sigue, quedándose quieto en su lugar en mitad de la sala, con la alfombra suave bajo sus pies desnudos (las medias manchadas de sangre están en el lavarropas de su anfitrión), con el viento nocturno entrando por la ventana, infectando el agradable espacio con el aroma de los edificios y autos quemados, y los gritos de las personas.

Yoo Joonghyuk deja la puerta del cuarto un poco abierta antes de acostarse. Cuando escucha la ventana cerrarse, finalmente cierra los ojos, esperando no tener sueños una última vez.


Cuando vuelve a abrir los ojos sabe que no deben ser más de las tres de la madrugada. Aun así, lo que tiene enfrente lo despierta de golpe como si fuera su alarma más fuerte.

En mitad de la oscuridad, sentado sobre el colchón, justo a su lado y a escasos centímetros está Kim Dokja, mirándolo en completo silencio.

Yoo Joonghyuk no reacciona con un golpe sólo porque lo reconoce de inmediato. De otra manera, el niño ya podría estar muerto por una conmoción cerebral provocada por él, pero afortunadamente las cosas están tranquilas. Lo suficientemente tranquilas para que lo único que sienta como un peligro sea su propio corazón, que late con demasiada fuerza en su pecho, martilleando sus oídos. Sus manos, sin poder controlarse, se aferran a las mantas mientras lucha con la pesadez del sueño para poder abrir la boca.

—¿Necesitas algo? —inquiere, con un tono que espera que denote su mal humor. No tiene ganas de regañar al mocoso, pero no estaría mal asustarlo. Se lo merece.

Kim Dokja no se asusta. Aquí, en una penumbra pesada, simplemente parpadea y se ve más tranquilo que nunca. Ni un gramo de culpa en su rostro infantil. Es simplemente espeluznante.

—Me preguntaba, Joonghyuk-ssi —comienza el chico, susurrando como si hubiera alguien que no quisiera despertar, aunque sólo sean ellos dos en todo el departamento y Yoo Joonghyuk ya está muy despierto—, ¿qué es lo que quiere?

Joonghyuk frunce el ceño. Necesita un par de segundos más para que su cerebro adormilado consiga procesar lo que escuchó. No entiende el subtexto ni la idea principal de esa pregunta.

—¿Qué quiero? —repite entonces, confuso.

Kim Dokja abre y cierra la boca varias veces, eligiendo sus palabras.

—¿Qué es…? —prosigue, y luego su rostro se arruga en nervios, pero no del tipo avergonzado, sino como si estuviera tratando de admitir un crimen, lo cual es absurdo porque ya ha hecho eso y su cara había tenido la expresión más linda del día en ese momento. No vuelve a mirar a Joonghyuk mientras habla ahora—. Me ayudó antes, y sigue ayudándome. ¿Qué es lo que Joonghyuk-ssi quiere a cambio? ¿Acaso yo…?

No termina esa frase, pero por la mirada incómoda que le dedica, Yoo Joonghyuk ya puede asumir a lo que se refiere. No es necesario usar todo su cerebro para ello, pero no provoca nada más que un nuevo tipo de cansancio. Si antes no le había parecido extraño este mocoso, ahora realmente le parece la cosa más rara del destrozado mundo. En serio, ¿por qué siquiera viene a preguntar algo así? Si fuera como está asumiendo en su cara, ¿no sería el mejor curso de acción escapar de aquí?

Kim Dokja lo mira con atención, en espera de su respuesta. Joonghyuk sopesa los pros y los contras de ignorarlo, bufar, darle la espalda y esconderse bajo sus mantas. Sería tan inmaduro que lo descarta al segundo siguiente.

En lugar de ello, resopla por lo bajo y vuelve a cerrar los ojos.

—No me gustan los mocosos escuálidos —dice, lo que es cien por ciento una verdad. Kim Dokja es demasiado delgado, apenas una ramita. Ningún niño de doce años debería verse tan flaco.

Si tuvieran tiempo, podría darle comida suficiente para crecer adecuadamente. Sería agradable verlo.

Ahora ya no hay tiempo.

—Oh —murmura finalmente el niño, y suena tan lamentable. Joonghyuk tiene que luchar con las ganas de darle una palmadita de consuelo en la cabeza. No tiene por qué consolarlo, el chico realmente iba a entregar su cuerpo por un mísero día de compañía—. Está bien…

Como todavía tiene los ojos cerrados, sólo puede sentir cómo se mueve el colchón. Sin embargo, no escucha los pasos ni la puerta abrirse.

Tras un corto silencio, Dokja vuelve a hablar. Aunque no lo está viendo, puede sentir los ojos del chico sobre él.

—¿Puedo quedarme aquí?

La voz está rota, como si estuviera a dos segundos de comenzar a llorar, así que Joonghyuk mantiene los ojos cerrados, sólo para darle algo de privacidad al pobre chico.

—Puedes quedarte.

Después de esa respuesta, Dokja vuelve a moverse en la cama. Lo siente gatear, acercándose cuidadosamente. Yoo Joonghyuk no le interrumpe ni le da la espalda ni vuelve a abrir los ojos, ni siquiera cuando las mantas son hechas a un lado y un pequeño y frío cuerpo se une a él, demasiado cerca para su gusto. Pero no lo hace a un lado.

Dokja se acerca un poco más, pero no lo toca. Y entonces se queda quieto, su único indicio de vida y consciencia son las suaves respiraciones que Joonghyuk puede oír perfectamente a tan corta distancia. También lo escucha separando los labios, probablemente volviendo a hacer ese gesto de abrir y cerrar la boca mientras piensa en sus palabras.

—... Gracias, Joonghyuk-ssi.

Yoo Joonghyuk sólo le responde con un tarareo, y vuelve a dormirse.


Cuando vuelve a abrir los ojos, el cielo ha tomado algo de color. Detrás de sus párpados queda un sueño tranquilo que todavía no se borra. Y entre sus brazos está Dokja, roncando, ajeno al último momento en el fin del mundo.

Joonghyuk vuelve a cerrar los ojos, buscando más sueños esta vez. Son agradables ahora.

Notes:

SP nunca se enteró que OD es en realidad un adolescente de quince años con muchas hormonas que tal vez estaba ansioso por pagar la hospitalidad, realmente murió sin tener idea (pobre SP)