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Todo lo que podía necesitar, y más
Eomma había muerto 2 semanas después de nacer Jungkook, y su appa se refugió en la bebida al no tener manera de sobrellevarlo.
En la aldea, algunas ahjummas pasaron por casa y dejaron algunos platillos cocinados, unos cuantos frascos de encurtido, pero ninguna tuvo una solución para el llanto desconsolado de aquel cachorro tan diminuto que tenía pocas oportunidades de vivir a menos que ocurriera un milagro.
La eomma de Jimin no había sido la única que falleciera aquel otoño en el que las cosechas fueron malas y el agua se contaminó por culpa de un animal que murió en el único pozo cercano, así que ni pensar en conseguir para él una nodriza cuando muchas otras familias la estaban pasando igual de mal o peor.
—Una pena —masculló el appa de Jimin—. Al fin me había dado tu madre un alfa...
Omega al fin y al cabo y por lo tanto menos valioso para su hogar, Jimin agachó la cabeza y no respondió nada. Habiendo crecido con aquellos reproches sin parar, hasta él había sentido una inusitada alegría cuando al nacer Jungkook su eomma había confirmado que se trataba de un pequeño alfa, un verdadero heredero que llevaría el apellido familiar y los llenaría de orgullo.
Su nacimiento, acaecido casi 12 años después del de Jimin había sido todo un hito viendo las dificultades que tuvieron para engendrar, y todo parecía haber ido bien hasta que su eomma empezó a sufrir de fiebres y poco a poco se debilitó hasta fallecer.
De eso hacía ya 2 días, y el llanto de Jungkook había pasado de estridente a lastimoso, muy para pesar de Jimin, que sosteniendo al cachorro en brazos, se preguntó cuánto más podría resistir sin leche.
—Deberías llevarlo al bosque y dejarlo ahí —sugirió su appa la mañana del tercer día, cuando el cachorro ya no abría los ojos y se mantenía dormido con las cuencas hundidas.
—Appa...
—Es lo más humanitario —insistió éste, todavía resacoso de haberse escabullido a beber bajo la excusa de estar de luto, y Jimin salió de la cabaña con Jungkook bien envuelto en una manta y arrebujado contra su pecho.
Por más que buscó en otros hogares, Jimin no consiguió alguien que estuviera dispuesto a privar a su cachorro de leche para salvar a su hermano, y con los ojos anegados en llanto, Jimin se alejó de la aldea con dirección a las montañas, dispuesto a cumplir el encargo de su appa pero a su manera. No volvería a casa hasta que Jungkook exhalara su último aliento, pero mientras tanto, lo sostendría en brazos como el recordatorio de la vida que su eomma había sacrificado por la propia, y en vano.
Llorando desconsolado porque después de todo era un crío y estaba aterrado, Jimin permaneció por horas sosteniendo a Jungkook en brazos y comprobando su respiración cada vez más superficial, atento a la cadencia que se volvía más acompasada de sus latidos, y al frío que despacio parecía apoderarse de él por mucho que lo abrazaba.
Entrando en pánico porque el final parecía estar cerca, Jimin se abrió la franela que llevaba puesta y acurrucó al bebé contra su torso desnudo, dispuesto a mantenerlo caliente a costa de su propia temperatura, pero entonces...
Fue justo ese momento cuando el milagro ocurrió y la boquita de Jungkook se cerró en torno a su pezón y succionó con tanta fuerza que Jimin jadeó al sentir un pinchazo.
Pero entonces la leche manó, y Jimin supo inequívocamente que Jungkook viviría.
Sin imaginar siquiera lo que eso implicaría para ambos...
***
Park Seonhoo era viudo, y Kim Hyesoo igual, ambos tenían cachorros nacidos él mismo año (la omega contaba con un hijo beta menor que Jimin apenas por unos meses), así que hablar de matrimonio y concretar frente a los líderes de la aldea su unión fue un asunto práctico más que motivado por amor.
De antemano conocía Jimin a Taehyung por ser éste un compañero de juegos habitual, que sin tomar en cuenta su estatus de omega, igual lo trataba como a un amigo más.
—Ahora que tú y Jungkook tienen una madre, podrás pensar más en serio en tu próxima presentación —dijo Seonhoo a su hijo al mudarse Hyesoo a su hogar y pasar a ocupar la habitación donde alguna vez durmió su appa con su eomma.
—Sí, appa.
Pronosticado a presentarse oficialmente como omega durante el verano, Jimin sin embargo no tenía mucho interés en los rituales propios de su sexo secundario cuando Jungkook seguía a su cargo (Hyesoo no había tenido más cachorros después de Taehyung al quedar viuda joven, y por más que lo intentó con Seonhoo en años venideros jamás quedó embarazada), y el cachorro requería de su atención constante a cada paso que daba.
Asumido en la aldea que la recuperación de Jungkook a manos de Jimin había sido un milagro y no había nada de anormal que de pronto el pecho estéril del omega produjera leche motivado para salvar a su hermano alfa recién nacido, las ahjummas lo elogiaban sin parar y le hacían regalos.
Pocas veces se podía ver en la aldea a un omega tan joven con un cachorro en brazos que no fuera fruto de una tragedia, pero el que Jungkook fuera hermano de Jimin y éste le profesara una devoción absoluta fue lo que selló el trato y los convirtió en una dupla popular entre los demás lobos.
Taehyung se acopló bien a su nueva familia, y Jimin pudo encontrar en Hyesoo un vínculo importante, pero Jungkook jamás se separó del omega sin importarle demasiado que pronto aprendió a caminar y a hablar, a comer sólidos y tener sus propios compañeros de juegos, pero siempre corriendo al lado de su hyung, pidiendo dormir con él, y todavía a los 5 años, solicitar de su leche antes de dormir.
—Ya no eres un cachorro de brazo —suspiraba Jimin cada noche, siempre prometiéndose que sería la última vez pero incapaz de negarle al niño el único consuelo que tenía a mano.
Luchando contra el sentido común que le instaba a obligar a Jungkook a dormir en su propia habitación y desprenderse un poco de él, Jimin en cambio cedió a su omega y a su instinto cuando los años continuaron transcurriendo y se volvió una estampa usual que el cachorro fuera detrás de él y lo celara como si de su verdadera eomma se tratara.
Entre los miembros de la aldea, era una broma común mencionar que ahí donde estuviera Jimin se encontraría Jungkook y viceversa, y eso derivó en que a los 19 durante su presentación como miembro adulto entre los suyos sus ofertas de cortejo fueran inusitadamente bajas.
—Eso es porque los alfas y betas de la aldea saben que eres un paquete —le explicó Taehyung cuando al cabo de meses y él también pasar por ese ritual, tuvo el triple de regalos de cortejo—. Eres atractivo, hyung, pero también tienes un cachorro...
—Jungkook no es mi cachorro, es mi hermano. Y todos lo saben.
—Algunos de los más jóvenes lo olvidan... Jungkook incluido.
Sin importar quién le preguntara al pequeño alfa qué lo unía a Jimin o quién era Jimin para él, Jungkook respondía invariable que el omega era suyo. Conocedor de su origen y las peculiaridades de su familia, el alfa seguía empecinado en mantenerse unido a Jimin como no lo hacía con su appa o Hyesoo. A ellos podía guardarles respeto, y Taehyung era objeto de su afecto, pero Jimin se encontraba siempre por encima de ellos al ser su persona favorita y al único al que le profesaba tal devoción.
De poco sirvió que Jimin intentara cortar lazos con el cachorro al encontrar un empleo como recolector mientras enrolaba a Jungkook en la escuelita de la aldea, porque a su retorno el alfa lo buscaba para parlotear de lo que había aprendido y se negaba a cambiar nada en su rutina nocturna.
De casi 8 años, Jungkook seguía metiéndose a su nido sin esperar a ser invitado, y se abrazaba a Jimin con un hondo suspiro antes de abrir los botones de su camisa y buscar su pecho.
A esas alturas, la producción de leche en Jimin tenía tantos años que éste no encontraba explicación de cómo era posible, pero ya que Jungkook sólo extraía gotas y se contentaba con jugar la lengua alrededor del pezón en lugar de sólo succionar, a ratos eso lo hacía sentir... Raro.
Omega después de todo, joven y sano con apetitos normales, Jimin había salido con un par de alfas y unos cuantos betas, nada demasiado serio o definitivo, pero había intercambiado besos y caricias, conocía la mano firme de otra persona, y el placer que la compañía de un par podía proveerle. A Jimin no le era desconocido que sus necesidades fisiológicas buscaban una vía de escape, y sin embargo, nunca había tenido oportunidad de pasar un celo con alguien más porque en cada ocasión Jungkook había pedido permanecer a su lado y el cachorro había mantenido a raya sus instintos de procreación, pasando en cambio esos días acurrucados y acicalándose como una madre con su cachorro.
A la espera de que todo cambiara cuando la presentación de Jungkook fuera definitiva, Jimin sorprendió a todos al cumplir 24 y mudarse a su propia cabaña pensando que ahora que tenía 12 años Jungkook aceptaría de buena gana tener su propia habitación y agradecería la separación, pero en cambio el cachorro se fugó de casa de sus padres y apareció en la suya con el ceño fruncido y un puchero indignado.
—No puedes dejarme, hyung —le reclamó apenas Jimin abrió la puerta, abrazándose a él y enterrando el rostro en su pecho—. No lo permito.
Sin poder comprender cómo a su edad él había tomado cuidado completo sobre Jungkook y en cambio el alfa ahora se negaba a dejarlo ir como figura materna, Jimin se resignó a que no sería tan fácil cortar el cordón umbilical invisible que lo unía a su hermano, y por sugerencia de Hyesoo es que aceptó a llevarlo con él después de verlo languidecer por días, inapetente e insomne asumiendo que su hyung ya no lo quería más, y sólo por eso designó la habitación libre de su cabaña como su dormitorio bajo la condición de imponer algunas reglas de convivencia inquebrantables.
En primer lugar, no más leche; en segundo, dormirían en habitaciones separadas; y en tercer lugar, Jimin se había mudado por su cuenta deseando encontrar un alfa decente que lo quisiera como su omega, así que Jungkook no podía interferir.
Creyendo que tenía todo de su parte para conseguir su cometido, Jimin falló en los dos primeros puntos la misma noche que Jungkook se mudó con él, y tendido de espaldas y desnudo de cintura para arriba porque el cachorro alternaba entre ambos pezones sin importarle mucho la reacción física que tenía en él por ello, intentó hacerlo entrar en razón.
—Te has hecho demasiado mayor para esto... —Murmuró acariciando el cabello oscuro y grueso de su hermanito, que a esas alturas casi se equiparaba a él en tamaño y tenía todo el pronóstico de crecer alto y fuerte como el alfa que era.
—No es cierto, hyung.
—Algún día tendrás que madurar... Y entonces te avergonzará haber bebido mi leche siendo tan mayor...
—Pfff, lo dudo.
Siguiendo otro camino al suyo porque encontró pareja en una beta llamada Jennie con la que pronto empezó a engendrar cachorros, Taehyung no tardó en opinar que Jimin se quedaría solo en la vida si Jungkook seguía espantando a sus pretendientes.
Igual que si se tratara de un hijo celoso de su eomma (aunque Jimin a veces tenía la impresión de que era algo más), Jungkook había rechazado a cuanto pretendiente se acercaba al omega, y éste no podía sino resignarse a su suerte porque no era mucho lo que pudiera hacer sin tomar medidas drásticas. ¿Y siendo honesto? No quería hacerlo. No cuando su tiempo estaba perfectamente distribuido entre sus responsabilidades y Jungkook.
El mismo Jungkook que se fue haciendo mayor, madurando, asumiendo labores propias dentro de casa, y que pronto comenzó a demostrar su valía como cazador y alfa líder entre los de su edad.
Asumiendo que Jungkook no tardaría en encontrar un beta u omega de su edad a quién cortejar y eso pondría fin a una era entre ellos, Jimin en cambio se llevó una sorpresa mayor al una noche tener a su hermano inquieto revolviéndose entre las mantas de su nido (un nido que nadie más que él conocía de tan cerca sin importar lo impropio de ese proceder), y al preguntar qué le ocurría, el olor picante del alfa y su celo en su nariz fue todo lo que el omega necesitó para saber lo que ocurría.
Porque testarudo hasta el final, en lugar de experimentar con compañeros de su edad y vivir experiencias propias de un alfa, Jungkook se resistía a salir con omegas o betas, y en cambio se empecinaba a pasar cada minuto libre con Jimin.
—Oh, Kookie... —Intentó apartarse Jimin para darle su espacio y dejar que la naturaleza siguiera su curso, pero el alfa se aferró a él con fuerza, y enterrando el rostro en su cuello, rozó con la nariz su glándula de olor.
Lo que ocurrió a continuación y por espacio de los siguientes días fue algo que Jimin jamás se atrevería a confesar en voz alta, pero con lo que había fantaseado antes para después reprimirse por semejantes pensamientos, porque posicionándose entre sus piernas y bebiendo de su pecho como si todavía se tratara de un cachorro, Jungkook le demostró que ya no lo era más al refregarse contra su cuerpo y venirse la primera vez entre sus ropas.
Después, el alfa tiró de las prendas de Jimin e hizo lo mismo con las suyas, y distrayendo a su hyung con besos repartidos por doquier y utilizando su fuerza de alfa (que sin embargo, habría vuelto a su condición de cachorro si el omega en verdad le pedía detenerse) para someterlo, y con una estocada penetrarlo por primera vez.
Hacía tanto de la última vez que Jimin estuvo así con alguien que se mordió el labio inferior para ahogar un gemido, y Jungkook lamió su boca hasta conseguir besarlo.
Alfa joven e inexperto, Jungkook lo abotonó sin previo aviso, y Jimin se estremeció por lo abrupto de la sensación cuando su cuerpo todavía no estaba listo para recibirlo.
—¿Hyung? —Una pausa—. ¿Te lastimé?
Ladeando la cabeza porque de momento no podía ver al cachorro que había criado desde recién nacido actuar como un alfa con él, Jimin contrajo el rostro en un rictus de vergüenza por haber hecho eso que sólo en sus más sucias fantasías se atrevía a considerar, y muy a su pesar, ahí estaban abotonados y forzados a encarar el peso de su realidad.
—Di algo, hyung...
—J-Jungkookie... —Gimoteó Jimin, temblando cuando el alfa lo abrazó con fuerza, viniéndose todavía en su interior y grabando aquel recuerdo en su memoria de manera indeleble con fuego—. ¿Qué hemos hecho?
Pero el alfa tampoco tenía una respuesta, y sujetándolo con más fuerza, no lo dejó ir.
—Tú siempre hueles a Jungkook —dijo Taehyung, que de visita un día con sus hijas (dos niñas llamadas Jisoo y Chaeyoung, y con un tercer bebé en camino en su vientre), comentó lo que todo mundo pensaba.
—Mmm, supongo —replicó Jimin, indiferente a las críticas cuando tenía en casa todo lo que podía necesitar, y más.
Con el alfa ausente porque había salido de cacería, Jimin había aprovechado la tarde libre para recibir a Taehyung y pasar tiempo con sus sobrinas, pero su mente estaba en otro sitio, soñando con el momento en que la noche se cerniera sobre la aldea y él y Jungkook pudieran volver a su nido.
—¿Sabes que lo mismo se dice de él, no? Que huele demasiado a ti, y que nunca podrán empezar una familia a menos que acepten separarse e ir cada uno por su camino.
—Es mi hermanito, Tae —le recordó Jimin no por primera vez.
—Ya, y tú su hyung adorado, pero ya están mayorcitos para esto, ¿no te parece?
—No sé de qué hablas.
Apretando los muslos al recordar los besos y mordiscos que Jungkook le había dado en esa zona antes de partir en la mañana, y la promesa que le había hecho éste de abotonarlo hasta que llorara, Jimin no tenía cabeza para atender críticas cuando al lado del alfa tenía todo lo que podía pedir y más, y nadie podría comprenderlo jamás.
Ni siquiera Taehyung.
Con un suspiro, el beta optó por cambiar de tema, y por su comprensión, por su amabilidad al mirar a otro lado en lugar de a la marca indiscreta que llevaba entre la clavícula y el cuello, y que la ropa no terminaba de cubrir del todo, Jimin le ofreció un poco más de té y la posibilidad de quedarse.
Sin aceptar críticas porque bastante tenía con su culpa personal y el contrapeso de no querer detenerse, Jimin iba a seguir por esa ruta hasta las últimas consecuencias de sus actos.
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