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Piezas rotas

Summary:

Desde que se emparejó con Marco supo que, aunque por muy hermosa que luzca su marca de apareamiento en su cuello, su final feliz no estaba asegurado. El destino, mucho antes de nacer, había decidido maldecir su vida. Así que Ace estaba más seguro que nadie que nada estaba escrito. No había un Dios allí arriba al cual podías decirle “¡Oye, este alpha me gusta, así que no lo arruines!”.

Y Marco demostró su punto.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

“Vete,”

“Ace, escúchame-”

¡Vete!

No tenía pensado usar haki, pero Marco lo estaba sacando de sus casillas. 

La lluvia sacudía al Moby Dick, nubes negras y espesas danzaban sobre el barco y los maldecían con sus truenos. En cualquier otra situación, Ace las habría espantado con su fuego, pero ahora necesitaba estar solo.

Lejos de Marco. Lo más que pueda.

Desde que se emparejó con Marco supo que, aunque por muy hermosa que luzca su marca de apareamiento en su cuello, su final feliz no estaba asegurado. El destino, mucho antes de nacer, había decidido maldecir su vida. Así que Ace estaba más seguro que nadie que nada estaba escrito. No había un Dios allí arriba al cual podías decirle “¡Oye, este alpha me gusta, así que no lo arruines!”. 

Y Marco demostró su punto. 

No le importó haberse emparejado con él. No le importó haberle dado una cachorra. 

Lo tiró todo al caño cuando besó a esa pueblerina, pensando que nadie lo estaba mirando.

En retrospectiva, Ace supuestamente no debería haberlos visto. La tormenta era de suma importancia, siendo él el comandante de la Segunda División. Pero necesitaba un poco del fuego de Marco para potenciar el suyo, así que decidió buscarlo.

Pésimo error.

Regresó solo. Ignoró la poderosa lluvia y agarró a su cachorra, Portgas D. Rouge, y avanzó con fuertes pisadas a su antigua habitación, la cual había sido pensada, en un futuro, la habitación de su cachorra.

Ahora retomaba su autoridad sobre ella y, sin importar cómo el barco se mecía, empezó a realizar un nuevo nido. No quería el aroma de Marco en este. Quería que fuera suyo y de su cachorra. Con algunos matices de su familia, pero ahora mismo necesitaba estar solo.

“¿Papi?” gorjea su hija, de tan solo un año. No sabe muy bien qué sucede, pero el aroma de Ace parecía influir en su humor. 

“Shh, cariño. Mira, un nido para nosotros dos, ¿ves? No sucede nada. Papi lo va a terminar en un santiamén.”

La mención del nido parece eliminar cualquier inquietud en su hija. Rouge reconocía pocas, pero importantes, palabras: Papi era para Ace; papá, para Marco; Pops, bueno, para Pops; Taty, Thatch; Du, Deuce; Zo, Izou; Duta, Haruta. Después los famosos “sí” y “no”, que eran perfectamente entendibles. 

Ace se pierde en su estrés mental. Su omega interior florecía con rapidez en su cuerpo. Se manifestó por completo cuando terminó el nido. No era el mejor que había creado, pero parecía perfecto cuando su hija se desplomó en él. Suspira con profundidad, sintiendo su cuerpo temblar por todo lo que significaba lo que había visto.

“¿Papi?”

“Estoy bien, cariño. Voy… por algo de Taty, ¿vale?” 

“Taty, Taty.” arrulla su pequeña, emocionada al escuchar a su tío.

Ace le besa la frente, la envuelve con su aroma, y se asegura de tenerla en ese estado tranquilo que solo el padre omega puede crear.

Cuando llega a la cubierta, todo es un caos. Su división ya estaba preparandose para alejarlos de la tormenta, y parecían buscarlo con desesperación. Pero esquiva a todos con habilidad y llega hacia Thatch, quien ladraba órdenes a diestra y siniestra. Su mejor amigo lo nota con una furia palpable en su rostro.

“¿¡Dónde demonios has estado!? ¡Tenemos…!”

Su voz decae con brusquedad cuando lo ve bien. 

Ace tenía los ojos acuosos, con un brillo anaranjado característico de su omega. Se mordía el labio con fuerza y todo su cuerpo temblaba. El aroma que emanaba era doloroso. 

“Ace,” susurra Thatch y corre para acunarlo en su pecho. Ace se derrumba. “¿Qué pasó, cariño?”

“Thatch,” solloza con dolor. Nunca antes lo había escuchado tan mal. 

En ese mismo instante, llegan Izou y Deuce. Ambos lo miran con los ojos abiertos de par en par.

“¿Qué sucedió?” pregunta con un gruñido Deuce. Ace es su mejor amigo, ex-capitán y salvador. Quienquiera que lo haya reducido a esto pagaría. 

“Marco…” murmura el pecoso entre sollozos. Su voz es tan frágil, tan dolida. “Marco me engañó.”

La bomba cae con fuerza sobre ellos. Los pocos tripulantes que estaban cerca de ellos, siguiendo órdenes, se tensan en su lugar. Giran sus rostros y miran al destrozado comandante.

“¿Qué?” farfulla Izou, incapaz de creerlo. “¿Cómo…? ¿Marco?”

Ace asiente con dolor. Su respiración era errática y toda su naturaleza omega tiembla ante la comprensión. Una cosa era pensarlo y otra decirlo. En dado caso, lo destrozaba aún más confirmarlo ante su familia.

“Y-yo…” solloza. Un particular dolor en su pecho lo hace jadear. Rechazo. El vínculo. 

El otro omega lo nota con rapidez. Ace no mentía, ya que su omega lo sentía. Sentía cómo el vínculo se resquebrajaba. El aroma, antes tan cálido y feroz, se redujo a una tormenta de angustia. El pecoso luchaba por hablar, sujetando su pecho con fuerza. Sus uñas se afilaban en garras y maldita sea estaba perdiendo el control. 

Marco lo estaba engañando. 

Quizás, en alguna pareja normal, un engaño no sea notado hasta que muerda a alguien más. El vínculo se rompería por la osadía y provocaría un fuerte dolor.

Con Marco y Ace no funcionaba así. Los dos estaban demasiado unidos para dejar pasar eso. Cualquiera de los dos notaría si algo cambiaba, y quizás que Ace lo haya visto ayudó a su omega a procesar la situación.

Porque nadie en el barco quería pensar a Marco, el amoroso esposo y padre, haya hecho eso. 

“Lo hizo.” murmura Thatch con voz temblorosa. Su propio omega araña con salir, ¿cómo pudo? ¿Cómo pudo hacerle esto a Ace? Thatch mira a su pareja y a Deuce. “Lo está haciendo. Ahora.”

Deuce gruñe con fuerza. Izou se crispa, letal.

“Ace, ¿tienes tu nido?”

“Vine a pedirte algo tuyo.” espeta el pecoso con esfuerzo. Nada estaba bien. “Rouge… está allí.”

“Bien, te llevo.” 

“Puedo.” interrumpe Ace, con un doloroso esfuerzo de estar de pie.

Thatch va a asesinar a Marco.

Flanqueado por Thatch, Izou y Deuce, Ace regresa a su habitación. Nadie menciona el hecho de abandonar la que compartía con Marco, y lo agradece. En teoría, agradece mucho la facilidad con la que le creen. Aunque, siendo justos, su débil estado mental y físico no dejaba dudas de cómo se desmoronaba su vínculo.

Antes de que pueda regresar a su cálido nido, donde dormitaba Rouge, un aroma pútrido llega a su nariz. 

Todos se detienen. Todos.

No le sorprende la facilidad con la que se esparció la información.

“Ace-”

“Vete,”

“Ace, escúchame-”

¡Vete!

No tenía pensado usar haki, pero Marco lo estaba sacando de sus casillas. Realmente, lo estaba deteriorando todo. Ace lo mira con odio puro. Nunca pensó poder pasar del amor absoluto al odio tan rápido, ¿pero esto? Inaceptable. 

La imagen de lo que habían construido en esos tres años se desmorona con brutalidad. Su hermosa cachorra, profundamente dormida en su nido, él, listo para atacar a Marco si daba un paso más. ¿Marco? Incapaz de verlo directamente.

Su familia los rodea, tensos por la situación.

“Yo…”

“No lo quiero escuchar.” espeta con furia. Sus garras creían más. “No te quiero volver a ver.” añade, viendo cómo el aroma de Marco decae. “No te quiero cerca de mi hija. Jamás.”

“Ace-” intenta decir, al borde de las lágrimas. 

“¡No!” Otra ola de haki. “Ya no tienes autoridad sobre ella. Sabías lo que estabas haciendo, maldita sea.” gruñe con dolor. Lágrimas bajan por sus pómulos. “Te odio.” escupe la palabra con asco. 

Marco se estremece frente a él. Después de todo, no se necesitaba exactamente una infidelidad completa para destruir un vínculo.

Ace lleva sus garras hacia su cuello y destroza la marca.

“No quiero saber más de ti. Jamás.”

Con eso, Ace desaparece en su habitación. 

Marco sufre en el mojado piso.

Nadie lo ayuda.

.

Ace no sabe cuántas horas habían pasado, pero sabe perfectamente que cayó. Por completo.

Su esponjosa cola envolvía su cuerpo y el de su hija. Rouge había cambiado por completo a su forma lobuna, por otro lado. Su cachorra escondía su pequeño hocico y ronroneaba con calidez. Ace suspira, aliviado. 

Pensó, por un breve momento, en haber caído tan bruscamente de no ser capaz de notar la presencia de su cachorra, pero parece que el instinto de su omega era más fuerte que el dolor en su nuca. 

Ace lame el pelaje azabache de su hija y la despierta poco a poco. Su propia cola se levanta y se menea de un lado a otro cuando Rouge abre sus ojos. Inmediatamente su energía propia de cachorra arremete contra Ace.

Rouge salta sobre su pecho y empieza a morder sus orejas, que no había notado. Ace piensa, para sí mismo, que su omega en verdad hizo un gran trabajo para no perder el control, porque si cambiaba por completo no saldría de su nido en al menos una semana. 

“¿Qué?” pregunta con un tono burlón a su hija. 

Su cachorra se tumba sobre su espalda, dejando expuesta su barriguita. Luego hace un intento de gruñido.

“Hambre,” decide Ace, a lo que Rouge asiente. Vuelve sobre sus cuatro patas y lo empieza a jalar por su muñequera. “Ya voy, ya voy. Vamos a ver a tu tío Thatch.”

Su cachorrita aulla, emocionada, pero no salta de la cama. Ace nota que aún sigue bajo los efectos de su aroma, lo que la vuelven aún más dócil. Pero no es un problema, Ace no tenía pensado dejarla correr por el barco, no cuando se podía cruzar con ese idiota.

Sin poder deshacerse de sus atributos lobunos, Ace decide que nadie dirá nada. De todas formas, parece que todos saben lo sucedido entre él y Marco. En todo caso, le dirían que cambie por completo para poder descansar. Felizmente, el pecoso había madurado en esos años y sabía que no sería necesario. Claro, dolía, pero no podía derrumbarse con una hija a su cuidado.

Sale de su habitación con su hija mordiéndole sus orejas. Aún no entendía la fascinación de Rouge por sentarse en su cabeza, pero no tenía problemas con tener a su hija junto a él.

Al entrar al comedor, todas las miradas se posan en él. 

Ace las ignora y camina hacia la mesa de comandantes, se sienta junto a Thatch, quien ya se encontraba arrullando a su sobrina, y decide enfocarse en lo que importa.

Su familia.

.

“Por un momento pensé que te irías.” susurra Thatch, a su costado.

Los dos omegas estaban en el nido de cuervos, Rouge jugaba con sus colas y el viento los abrazaba.

“¿Por qué?” pregunta, con curiosidad.

Ace aún sentía el cuerpo débil. Romper un vínculo no era tan sencillo.

“Tú y Marco. Eran buena pareja.”

“Lo sé.”

Thatch se apoya en su hombro y con su mano lo abraza por el hombro.

“Nadie lo esperó, y era bastante razonable que hubieras querido un tiempo para ti y Rouge.” admite, escondiendo el sollozo que casi escapa de su boca. “Te hubiera extrañado mucho, pero lo hubiera entendido.”

El pecoso resopla. “Ustedes son mi familia, Thatch. No regresaría a mi isla, me encanta ser pirata. Y estoy seguro que Luffy engreiría mucho a Rouge.”

Thatch carcajea. “Tienes razón. Y estamos agradecidos de que te quedes, Ace.”

“Son mi familia, ¿dónde más estaría?”

El castaño lo mira fijamente. “Con Shanks.”

“¿¡Eh!?”

El chillido que escapa de su garganta provoca risas tanto en su hija como en su mejor amigo.

“¡Vamos! Todos pensamos eso.”

“¿Por qué?” pregunta, mortificado. 

“No sé, ¿quizás porque te cortejó muchísimo más antes que Marco?” canturreó Thatch, mirándolo con diversión. “¿No recuerdas cómo esos dos se pelearon por tenerte? Y ni hablar que aún lo intenta. Rouge y Shanks también se llevan bien, además.”

“Uf, no.” gruñe Ace, cruzado de brazos. “No tengo cabeza para tener un alpha ahora mismo. Quiero ser un buen padre, comandante y hermano. Tampoco espero olvidar tan rápido a Marco.” añade lo último en un susurro.

Thatch asiente con entendimiento. “Tres años, Ace. Nadie te culpa por tomarte tu tiempo.”

“Gracias.”

Rouge decide abrazar a su padre en ese momento, sintiendo el cambio de humor en las feromonas de Ace.

“¡Eso es, cariño, ataque de abrazos a tu padre!”

La cachorra chilla con energía y junto a su tío derriban a su padre. Ace carcajea ante las persistentes intentos de abrazos de los dos, pero sonríe con franqueza.

Reitera, quiere enfocarse en su familia.

.

Un mes pasó en un abrir y cerrar de ojos. Marco intentó una vez acercarse, pero Deuce lo mandó a la mierda con rapidez. Ace, aturdido, agradeció el gesto.

Si bien su parte racional entendía lo que sucedió, al igual que su omega, parecía que no era tan sencillo ignorar lo sucedido. Aún tenía el calor fantasma del alpha. Sus besos, abrazos y risas. 

Rouge aún preguntaba por su otro padre. Ace no sabía qué hacer en esos momentos.

Izou se encargó de ayudar.

Todos lo ayudaron. Y por muy loco que parezca, Pops se disculpó por lo que había hecho Marco.

Ace lloró en sus brazos esa noche. Todo el estrés emocional lo atacó con fuerza y su padre estuvo allí para él.

En realidad, toda su familia estuvo allí.

.

Al tercer mes, descubrió que su ciclo de rutinas se había… ¿desordenado?

Deuce se tomó una hora completa para maldecir a Marco, lo cual apreciaba, pero no entendía.

“Tu omega aisló el poder tener tus ciclos. Al no tener un alpha presente en tu vida, sumando lo que hizo ese imbécil, decidió enfocar todo eso en Rouge.”

“¿Ah?”

“¿Has notado que es más sencillo cambiar de forma? Como cuando Rouge aún tenía algunos meses de nacida.”

“Sí. ¿Por qué?”

“Tu cuerpo le presta total atención a ella. La ha tomado como una cachorra oficial.” Deuce se toma un tiempo para meditar su explicación. “Mira, ahora tu omega ha declarado que poder cambiar así de rápido es lo esencial para poder cuidarla.”

“Oh,” Ace lo mira con sorpresa. “¿Entonces más correteos y menos problemas omega?”

“Más correteos y más cuidar a Rouge. Tu cuerpo te lo está facilitando, ¿sabes?”

Ace se alegra visiblemente. Solo los cachorros y padres —cuando su cría tenía pocos meses— podrían cambiar tan rápido. Los cachorros, por su lado, no sabían controlar su cambio. Sumando que tenían una fuente de energía enorme. Y los padres, por otro lado, necesitaban cambiar para igualar la energía de sus hijos. 

Saber que podía pasar más tardes con su hija acurrucados sin necesidad de dolerle la cabeza por el cambio brusco es perfecto.

“¡Ya no tengo celos!” declara, emocionado.

“¡Eso no es mejor, idiota! Tu ciclo hormonal se puede-”

“Bla, bla, bla. ¡Voy a jugar con Rouge!”

Y tan rápido como dijo eso, solo vio a un enorme lobo de pelaje azabache, ojos naranja y cola esponjosa.

Deuce no va a mentir, extrañaba la forma lobuna de su mejor amigo.

.

“¿Por qué lo hiciste?”

“No lo sé.”

Seis meses y aún no tenía una respuesta.

Ace le había hecho la misma pregunta hace unas semanas, cuando estaba particularmente de buen humor. Ahora solo lo hacía porque necesitaba saber la verdad.

¿Por qué lo hizo? ¿Qué cambió? 

Esa mañana, antes de verlo, habían quedado en pasar la tarde con Rouge en su forma lobuna. Un pequeño esfuerzo, pero era adorable ver cómo Rouge se emocionaba al verlos a ambos como ella. 

Nunca más pasaría eso. Y Ace quería saber por qué lo hizo. 

“Marco,” murmura, cansado. “Simplemente… no me hables hasta que tengas una respuesta.”

Dejó al rubio, deteriorado como nunca antes había visto, y volvió a su habitación. 

Marco no lo pudo hacer así como así.

.

“¿Ese es…?”

Ace, en su forma de lobo, estaba acicalando a su cachorra a los pies de Pops. A su costado estaba Thatch, también en su forma de lobo. Una de las maravillas de estar en cinta.

A pesar de ser el menor en el barco, al tener su cachorra prácticamente adquirió un rango mayor en la manada. En un principio pensó que era tonto, pero cuando Thatch tenía mareos matutinos fue el primero en arrullarlo y tenerlo a su costado.

No piensa mucho en cómo se turna para acicalar a Rouge y a Thatch, así que decide ver a Haruta, quien bajaba con una velocidad excepcional a su costado.

“¡Es el barco del pelirrojo, Pops!” declara con una sonrisa. 

“¿Ese mocoso?” farfulla Pops con una sonrisa. “¡Déjalo que suba!”

La mayoría de la tripulación se esconde en algún lugar. Shanks nunca dejaría su costumbre de desplegar su haki.

Rouge se aleja de su boca con un chillido y menea su cola. Su afinidad por Shanks siempre lo sorprendía.

Thatch, en cambio, gruñe y esconde su rostro en el cuerpo de Ace.

“Ese cabrón otra vez,” maldice, empezando a buscar con la mirada a su pareja.

Ace carcajea y espera pacientemente a la llegada triunfal de Shanks. Era bueno un cambio de aire.

Tras un par de minutos, Shanks llega al Moby Dick con una botella enorme de sake y la infaltable ola de haki. Su sonrisa es enorme.

“¡Shirohige!” saluda, alegremente. Luego, antes de que pueda decir algo más, una cachorra bien conocida salta a sus brazos.

“¡SHAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAANS!”

Rouge, con su emoción característica, empieza a lamer el rostro del pelirrojo, quien ríe, encantado.

“¡Cachorra!” grita con felicidad. Deja con cuidado el sake de ofrenda y la sujeta con cuidado. “¿Cómo estás? ¿Dónde está el guapo de tu papi?”

La lobita gira su rostro y señala con una sonrisa.

“¿Ace?” murmura con voz sorprendida el pelirrojo. Hace muchos años que no había visto al pecoso en esa forma. “¿Tú…?”

En un abrir y cerrar de ojos, cambia a su forma humana. El pecoso se acerca con cuidado hacia el pelirrojo y sujeta a su hija. Shanks lo examina con la mirada cuidadosamente.

“¿Pasó algo?”

La tensión en el cuerpo de Ace es suficiente respuesta.

“Después te cuento.”

Shanks, como el adulto que es, hace un puchero. 

Aunque la ausencia de Marco parece dar alguna pista sobre la explicación de Ace.

Shanks, evidentemente, está ansioso por saber qué pasó.

.

Ace tuvo que noquear al pelirrojo, en medio de la fiesta, para que no mate a Marco.

Pero ahora con la vía libre, casi todos sabían que ahora nada detendría a Shanks.

Notes:

no tenía pensado hacer esto. Mi idea original era trastear con Ace omega y cachorros, ¡sin embargo! En un futuro podré lograr mi cometido con Shanks, ya que Marco decidió ser una perra en esta entrega.