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La Canción del Ciervo Dorado

Summary:

Todo comenzó cuando Lyann Baratheon, hijo primogénito del rey Robert y la reina Cersei, viajo al Norte junto a su padre para conocer a Eddard Stark. Poco sabía él que ese sería el comienzo de la mayor guerra que conocerían los Siete Reinos.

Notes:

Esta historia fue publicada originalmente en Wattpad por mi mismo bajo el seudónimo de Thundersonic y he decidido traerla aquí. Se ruega discreción con el tema spoilers

Chapter 1: La Llegada al Norte

Chapter Text

Lyann estaba cansado. Llevaba un mes cabalgando junto a la corte de su padre, el rey Robert, de camino a Invernalia en busca de su antiguo amigo Eddard Stark, el guardián del Norte. Hacia años de no salía de Desembarco del Rey y nunca había visto el Norte por lo que los días previos a la marcha estaba realmente entusiasmado. La ilusión se fue desvaneciendo poco a poco a lo largo de la travesía por el camino real, como la nieve derritiéndose al comienzo de la primavera. Cabalgaba justo detrás del carruaje real, al lado de su padre. Dentro de él se encontraban su madre Cersei Lannister junto a su hermana menor Myrcella y su hermano pequeño Tommen.

- ¿Falta mucho para llegar, padre? -preguntó su hermano Tommen, sacando la cabeza cubierta de pelo rubio desde el carruaje.

- Si no recuerdo mal, tras cruzar esa montaña se verá Invernalia. ¡Venga, ya queda muy poco! -respondió Robert Baratheon con su profunda voz.

Lyann suspiró aliviado. La idea de dormir esa noche en una cama de verdad le infundió energía suficiente como para aguantar el resto del largo viaje. Espoleó su caballo y se acercó hacia donde se encontraba su tercer hermano, Joffrey Baratheon. Este estaba algo más adelantado junto a su guardaespaldas personal Sandor Clegane, mejor conocido como "El Perro"

- Padre dice que detrás de esa montaña se encuentra Invernalia, en unas pocas horas llegaremos.

Joffrey observó la montaña con atención, parecía que quería fulminarla con la mirada si eso les permitía llegar antes a su destino. Luego dirigió su vista al camino rodeaba la elevación por la izquierda y continuaba por un bosque.

- ¿Ganas de ver el norte hermano? -le preguntó Joffrey a Lyann.

- La verdad es que sí, siempre es bueno visitar sitios nuevos.

- Debí imaginar que un salvaje como tu respondería eso.

Lyann ignoró a su hermano, había aprendido que esa era la mejor manera de soportarlo.

- ¿Y vos Clagane? ¿Qué opináis del Norte? -dijo Lyann dirigiéndose al hombre que se encontraba a su espalda.

Sandor Clegane únicamente soltó un gruñido haciendo honor al apodo que le habían puesto.

Unas pocas horas más tarde ya se vislumbraba Invernalia. Vista desde lejos era una conglomeración de torres, murallas y patios. Construida en piedra gris y aburrida, pero daba la sensación de ser más antigua que todo lo que Lyann había visto en su vida. A medida que se acercaban al castillo, multitud de personas de la ciudad salían de sus hogares para contemplar la cabalgata real. Los niños miraban a los soldados, sobre todo a los de la Guardia Real; las jóvenes se desvivían por Joffrey y Jaime Lannister. Lyann estaba acostumbrado a que su hermano y su tío se llevaran toda la atención, aun siendo él el heredero al Trono de Hierro, aunque le alegró ver que el también tenía unas cuantas doncellas suspirando por su persona.

Al contrario que sus hermanos, Lyann era un muchacho alto y fuerte para sus años, aunque no tanto como lo era su padre cuando tenía su edad. Tenía una media melena de pelo negro característico de la rama familiar de los Baratheon pero con dos esmeraldas por ojos al igual que su madre. Vestía unas ropas de cuero marrón oscuro de muy buena calidad y muy cómodas de llevar. Al igual que Robert, le encantaba ir de caza y nunca se sabía cuándo seria la próxima ocasión. Las cubría una capa de terciopelo rojo con el símbolo del venado coronado, emblema de los Baratheon, bordado con hilos de oro; para soportar las gélidas temperaturas del Norte.

Cruzaron las puertas del castillo que conducían a un patio de armas donde les esperaban el comité de bienvenida liderados por la familia Stark. Lyann reconoció a Eddard Stark junto a su esposa, Catelyn. A su derecha se encontraban sus hijos. Robb era un joven de más o menos la misma edad que Lyann, portando una mirada solemne. Sansa se trataba de una niña pelirroja que no le quitaba el ojo de encima al propio Lyann, lo cual provocó que el joven príncipe se sonrojara. La chiquilla de pelo castaño oscuro que miraba en todas direcciones debía tratarse de Arya. El niño que observaba embobado a los miembros de la Guardia Real era Bran y el pequeño niño que agarraba las faldas de Catelyn debía de ser Rickon.

Todos se arrodillaron en el momento que el rey Robert bajó de su caballo. Se acercó con brío adonde se encontraba el señor de Invernalia y le hizo una seña para que se levantase. Viejos amigos se miraron el uno al otro en un momento que parecía durar eternamente. Fue el rey quien rompió el silencio.

- Que gordo estáis.

Eddard Stark lo miró de arriba a abajo, indicándole que no era precisamente el mejor para decir ese comentario. Ambos hombres se empezaron a reír mientras se fundían en un abrazo. Robert fue saludando a todos los miembros de la familia Stark cuando del carruaje bajaron la reina con sus hijos. Cersei se acercó al Guardián del Norte que le dedicó una reverencia mientras le besaba la mano respetuosamente. Fue entonces cuando el rey dijo:

- Llevadme a vuestra cripta, quiero presentar mis respetos.

- Llevamos viajando un mes, mi amor. Seguro que los muertos pueden esperar.

- Ned, indícame el camino. -dijo ignorando a la reina- ¡Lyann! Ven tú también, quiero enseñarte algo.

Intrigado, Lyann bajó del caballo y se apresuró en seguir a su padre. Salieron del patio de armas, abarrotado de la gente que componía la corte de Invernalia, hasta una zona donde unas escaleras daban al subsuelo.

- "Me pregunto qué querrá enseñarme padre"-se preguntó Lyann. Acto seguido bajó las escaleras.