Chapter Text
Iba dando tumbos por la calle.
Aunque el general había cumplido su palabra y era de nuevo bienvenido en el Luofu, se escondía detrás de un parasol color turquesa evitando las miradas y el contacto físico con la gente. Era muy difícil llegar hasta allí sin que nadie lo reconociera y aun así no estaba seguro de que Bailu quisiera ayudarlo. Llamó a la puerta de la trastienda y se quedó en silencio, mientras esperaba miraba alrededor, una niña le observaba sin quitarle los ojos de encima, eso le hizo impacientarse y volver a llamar con mas insistencia.
—¡Ya va, un poco de paciencia! ¿Es que no sabéis que tengo cosas que hacer? —Bailu abrió hecha una fierecilla— ¡La entrada es por la otra puerta!
—Gran Maestre Bailu.
—¿Eh…? —intentó ver quien era su visitante, pero se tapaba tanto que no podía verle la cara— ¿Quien eres? Tu voz me suena familiar… y soy una sanadora, nada de Gran Maestre.
—Entonces, sanadora Bailu, necesito tu ayuda.
—¿Y que es lo que tienes? ¿Fiebre? ¿Contusiones? No parece que tengas ninguna fractura… si no es algo grave puedes pedir cita, hay gente que necesita ayuda mas urgente.
—En eso estoy de acuerdo… —apartó el parasol y dejó al descubierto su rostro— pero no creo que quieras incomodar a tus pacientes con mi presencia.
Bailu dio un grito ahogado, se llevó las manos a la boca y lo arrastró hacia la trastienda mientras cerraba la puerta a cal y canto.
—Tú… —volvió a mirarlo como si fuera un espejismo— ¡Tú! ¿Eres tú? No puede ser ¿Los rumores son verdad? ¿El general te ha readmitido en el Luofu? ¡Déjame verte! Oh… —dio varias vueltas alrededor de él, tocándole las manos, la ropa y cada detalle decorativo que llevaba encima.
—Me has reconocido a la primera, no hace falta que lo compruebes mas.
—¡Te comprobaré las veces que quiera! Eres la viva imagen del Gran Maestre ¿Donde has estado? Por tu culpa me nombraron Gran Maestre antes de tiempo ¡Ni si quiera estaba preparada!
—Me lo imagino… —suspiró mientras cerraba los ojos con cansancio— no ha tenido que ser fácil vivir con lo que te he dejado.
—Técnicamente no es tu culpa... —Bailu relajó un poco su discurso. Siempre había soñado con ver al antiguo maestre en persona, en todo su esplendor, y aprender de él, pero al final todo eso fue imposible por culpa del exilio— no me esperaba la visita del antiguo Gran Maestre, en mi propia clínica.
—Solo llámame Dan Heng, y nunca he sido Gran Maestre.
—¡Jum! De eso nada, puedo sentir tu poder claramente. No sé que pensaran esos viejos del desfiladero pero deberían devolverte tu puesto, para mi Dan Feng quedó atrás, si no miramos hacia adelante estaremos perdidos...
—Nuestra raza no es así.
—Eres el único que tiene el corazón del dragón, incluso después de todo lo que pasó… —se dio cuenta de que estaba incomodándolo y cambio de tema— ¿A qué has venido? Seguro que no ha felicitarme por mi puesto de maestre.
—No, pero debería hacerlo.
—¡No es necesario…! Que alguien como tú me halague es embarazoso… —se sonrojó ligeramente, intentaba ocultarlo pero estaba emocionadísima— has conseguido mas logros que yo.
—Esto no va de competir, aunque si te refieres a ganarme el rechazo de todo Xianzhou y de toda nuestra comunidad...
Bailu hinchó los mofletes, en algunos aspectos todavía era muy infantil.
—Entonces dime a que has venido, o seguiré hablándote del Gran Maestre hasta que te sangren las orejas.
—Necesito tu opinión sobre algo que me pasa últimamente, tiene que ver con nuestra raza.
—¿Problemas de envejecimiento? Aun eres muy joven.
—Ciertamente si… no tiene nada que ver con mi edad.
Bailu seguía sin comprender, era demasiado escueto, lo único que notaba es que Dan Heng tenia una expresión de intranquilidad tatuada en la cara. Decidió que era mejor hablar en un lugar mas privado, lo llevó a su despacho y le ofreció tomar asiento. Dan Heng dejó el parasol en el suelo y se sentó con delicadeza, sin duda tenía un porte muy elegante. Bebieron un poco de té recién hecho y se mantuvieron en silencio, como si estuvieran practicando meditación, al cabo de un rato Bailu volvió a hablar.
—¿Y bien? ¿Te sientes mejor aquí? —vio que asentía con la cabeza— ¿Entonces que ha pasado?
—No estoy seguro.
—Si no me das mas detalles nos tiraremos aquí hasta mañana… no recordaba que los grandes maestres fuesen tan indecisos.
—Cuando te lo explique entenderás por qué me cuesta tanto.
—Soy toda oídos, aunque no esperes respuestas si son cosas de nuestra raza, hace tiempo que deje de vivir en el desfiladero de escamas.
—¿Te separaste de la comunidad? ... ¿Siguen con sus creencias sobre las razas de corta vida? A pesar de que Xianzhou nos acogió...
—Por supuesto, y no creo que cambien nunca… —ante la mirada de desilusión de Dan Heng, dio otro grito ahogado, señalándolo— ¿¡Es por eso!? ¡No puedes haberte enamorado de una raza de corta vida! ¡Eso está condenado al fracaso!
—Nadie a dicho nada de eso… —Bailu volvió a sentarse e intentó beberse el té, le temblaba la taza— no estoy enamorado, aunque eres muy perspicaz…
—¿Hay alguien de corta vida involucrado en tus asuntos?
—Si, mis amigos del expreso, pero dudo que sea culpa de alguno de ellos. Quiero saber si alguien mas de nuestra raza a experimentado lo mismo.
—¿Y que es lo que... —la interrumpió antes de que pudiera acabar.
—Deseo… —se movió un poco sobre su asiento y garraspeó, la punta de la cola se le movió, como si hubiese recibido un calambre— siento deseo físico.
—¿Qué? —descuadrada, terminó su té de un trago— ¿Con quien? ¿Por qué? ¿Desde cuando?
—No hagas tantas preguntas —se llevó una mano a la frente, cada vez estaba mas abochornado— sé que no es normal, por eso estoy aquí.
—Por todos los eones… no tiene nada de anormal... —se levantó de su escritorio y caminó hasta la ventana, miró por ella un par de minutos, después se sentó de nuevo y estuvo en silencio un rato mas— es tabú, no sé si debo... —intentaba decidirse, como si estuviera peleándose con ella misma— no me extraña que te hayas asustado. Saliste de Xianzhou muy pronto, apenas te has criado en contacto con el mar...
Como Gran Maestre y sanadora, Bailu tenía acceso a información clasificada sobre su raza y a la mayoría de pergaminos antiguos que estaban custodiados por los prefectos. Información sensible, cosas que podían poner en riesgo la estabilidad de la comunidad, registros variados de los ciclos de reencarnación... Todo era confidencial, por eso se jugó el tipo cuando le contó algunas cosas a Dan Heng: lo que sentía era llamado por los prefectos impulso primario. Cualquier vidyadhara tenía prohibido hablar de este impulso, ya fuera con familia, pareja o amigos. El fin de mantenerlo oculto era evitar conflictos con las razas de larga vida de Xianzhou, ellos mismos predecían que su raza podría desarrollar capacidades reproductivas dentro de siglos si seguían así, y que sus vecinos podrían verse amenazados o desbancados. Así también evitaban que hubiera descontentos dentro la población; que algunos se sintiera superiores por el hecho de desarrollar ese impulso, despreciando a camaradas que no lo desarrollasen.
Dan Heng arrugó la nariz, esos pensamientos tan viejos y tradicionales le olían a naftalina. No todo tenía que ser una amenaza, pero la mayoría de los viyadhara era tan orgullosos que preferían pensar que los habitantes del arca se verían amenazados por tan inmensa perfección entre poder, longevidad y reproducción.
Bailu no dijo más, él tampoco le preguntó, sabia que podía ser exiliada fácilmente si se filtrase una sola palabra de lo que había ocurrido allí. Le recetó un remedio relajante para la mente y el cuerpo y lo mandó de vuelta al expreso astral con la condición de que la tuviese informada cada semana. Era todo extrañísimo, quizás ahora que tenía mas estabilidad mental y se centraba mas en sí mismo, había podido aflorar una faceta oculta de su ser. Había pasado por tantas reencarnaciones y olvidado otras tantas... pero todos contaban con un sistema de reproducción, una broma pesada de Long quizás, un sistema que funcionaba a la perfección pero era completamente yermo, estéril. Lo que no se esperaba era el papel de los prefectos reprimiendo a la población, obligados a ignorar y no contar nada sobre este cambio fisiológico. Esto significaba que entre los propios vidyadhara desconocían el cambio, porque cada individuo lo mantenía en secreto ¿Podrían ser fértiles con el paso de los siglos si todo esto empezaba a evolucionar? Le surgieron un montón de preguntas, pero al menos ya estaba mas tranquilo.
Dan Heng cumplió su palabra y no dijo nada de lo que Bailu le confió. Mientras escribía en los registros del expreso se daba cuenta de lo perdido que estaba, la situación era inquietante ¿Por donde iba a salir todo aquello? Los prefectos y los vidyadhara mas ancianos siempre habían impuesto las reglas, pero aquello era demasiado: mentir. Por otra parte, no era de extrañar que la mayoría de nativos de Xianzhou los considerasen una reliquia, místicos y cerrados, algo que observar desde fuera, como un jarrón raro dentro de la vitrina de un museo. No se daban a conocer, no compartían apenas pensamientos, emociones ni festividades, la cultura tampoco era accesible y nadie que no estuviera acreditado o fuera vidyadhara podía pisar el desfiladero de escamas. Le debían tanto al Luofu y se lo estaban pagando de esa manera… era vergonzoso.
∗*∗*∗*∗*∗*∗*∗*∗*∗*∗*∗*∗*∗*∗*∗*∗*∗*∗*∗*∗*∗*∗*∗*∗*∗*∗*∗*∗*∗*∗*∗*∗*∗*∗*∗*∗*∗*∗*∗*∗*∗*∗*∗*∗*∗*∗*∗*∗*∗*∗*∗*∗*∗
A la mañana siguiente Dan Heng se presentó en la sede de la premonición divina, tenía un objetivo, ver a Jing Yuan, pero le estaba costando mas de lo debido, se sentía observado incluso detrás del parasol. Tenía que pasar por el control de seguridad, todos allí se darían cuenta de su identidad, pero estaba dispuesto a asumir lo que fuera con tal de cumplir lo que había ido a hacer. Respiró hondo y avanzó a paso firme mientras cerraba el parasol, en realidad no era consciente del respeto y la elegancia que inspiraba a los que estaban alrededor, pasó el control de seguridad sin incidentes, y dos de los guardias lo escoltaron hasta el despacho de su secretaria. Allí tuvo una ardua discusión con ella, o mas bien ella era la que tenía intención de discutir, él solo se limitaba a repetir que quería ver a Jing Yuan pero le ponía excusas y solicitaba permisos que no había rellenado. Estaba a punto de marcharse cuando un holograma del general apareció en medio de la habitación.
—Imbibitor Lunae ¿A que debo esta agradable visita?
—¡S-Señor! —la secretaria dio un traspiés y se adecentó— ¿Imbibitor Lunae…?
—¿No tramitamos la orden hace días? El exilio ya es cosa del pasado ¿O es que no lees las noticias?
—Si señor, es solo que no me esperaba que un Gran Maestre… quiero decir, el antiguo, viniera hasta aquí.
—Pues es muy distinguible del resto de la población del Luofu ¿No crees? —la secretaria se puso roja como un tomate, hizo una breve inclinación y volvió a sus quehaceres— será mejor que vengas a mi despacho, podremos hablar mas tranquilos.
El holograma desapareció, salio del despacho y se encontró de frente a los dos guardias que lo habían escoltado, pero ahora eran un total de cuatro. Sentirse incomodo estaba empezando a ser parte de su naturaleza... y el camino hasta el despacho se le hizo eterno.
—¿Qué te trae por aquí? Pensé que estarías en el expreso astral, tengo entendido que os marchareis dentro de poco… ¿O necesitáis mas semillas?
—Tenemos de sobra, ha sido muy generoso dejando que plantemos algunas especies en Amphoreus —hizo una leve inclinación, el general lo invitó a sentarse— dijo que en mi otra vida habíamos sido buenos amigos.
—Así es —sonrió suavemente mientras se cruzaba de piernas en su asiento— ¿Has venido para recordar los viejos tiempo?
—No, no tengo intención en revivir el pasado… me gustaría pedirle un favor, por la amistad que un día le unió a Dan Feng.
—Te debo mas de un favor, antiguo maestre —Dan Heng puso cara de disgusto al oír lo ultimo— a día de hoy nos une una fuerte amistad, no solo luchaste contra Phantilia y salvaste el Luofu, si no que me salvaste la vida.
—Fue un trabajo de todos.
—Pero tu golpe fue muy acertado, un poco mas y las cosas habrían sido muy diferentes para mi… —lo miró con una sonrisa y una mano en el pecho, agradecido— ¿En que puedo ayudarte?
—Necesito que me de acceso a un ábaco de jade.
—… —Jing Yuan levantó las cejas totalmente sorprendido, se quedó sin habla durante unos segundos, entrelazando las manos sobre el escritorio— ¿Por qué?
—Quiero comprobar los registros sobre mi raza.
—¿Sobre tu raza? Curioso... Aunque solo registramos transacciones, visitas y reencarnaciones, los vidyadhara no permiten mucho más, ya sabes lo extremadamente herméticos que pueden ser.
—En ese caso no habrá problemas, es información básica.
—Fu Xuan tendrá que estar de acuerdo, es la que lleva el mantenimiento de la matriz… —no dejaba de mirarlo, intentando averiguar que se proponía— hemos tenido muchos problemas últimamente, dejar que un antiguo exiliado utilice los ábacos… todo está demasiado reciente.
—Entonces no confía en mi —jugó la carta del chantaje emocional— es comprensible.
—No tiene nada que ver con eso —soltó una risa suave— el resto de naves lo vería demasiado precipitado, la gente del Luofu sigue impactada por tu regreso, aunque solo sea paseando por las calles…
—Lo entiendo… —intentó pensar algo rápido— entonces cítese conmigo en el ábaco, no tengo nada que esconder, podrá supervisar mis consultas.
—Eso seria una esplendida idea si no fuera porque tengo asuntos que atender…
—Por favor —volvió a insistir, pero con serenidad— es importante para mi.
—¿Qué quieres consultar exactamente? Si me lo dices quizás pueda mandarte con Yanqing, Fu Xuan no te pondrá pegas.
—Necesito comprobar los registros, eso es todo, quiero ver que es lo que ha pasado desde mi exilio.
—Está bien… —se levantó mientras alcanzaba uno de los pergaminos que tenía sobre el escritorio, en ese momento se le entreabrió la túnica y quedó al descubierto el lateral de su cuello y parte del escote, Dan Heng le clavó la mirada justo ahí.
—Tengo prisa… —se levantó de golpe y se quedó de perfil, con los brazos cruzados.
—Aquí lo tienes —terminó de firmarlo y le entregó el pergamino, se lo quitó de las manos casi sin mirarlo— con eso debería bastar para que que Fu Xuan no te moleste demasiado… espera… —lo agarró del antebrazo— déjame verte.
—No llevo bien el contacto físico, general —tenía un semblante bastante mas serio que cuando había entrado, notar esa mano encima era como una invasión de su espacio.
—Te noto agitado ¿Ha pasado algo? Si has tenido algún problema en el Luofu…
—Todo está bien, no he tenido tiempo de tener problemas.
—Entiendo… —lo dejó libre, se sostribó en el escritorio mientras suspiraba— devuélveme el pergamino cuando hayas terminado, suerte con tu búsqueda.
Salio de allí con paso firme, igual que había entrado, y se encaminó hacia la comisión de adivinación para visitar el ábaco de jade, con la esperanza de poder encontrar respuestas a sus preguntas. Yanqing ya lo estaba esperando juntó al portón de la comisión, lo miraba con mala cara, todavía recordaba el enfrentamiento y la derrota tan humillante que sufrió en el desfiladero de escamas. No le saludó, se limitó a guiarlo por las instalaciones hasta que llegaron a la zona central de la matriz, donde trabajaba Fu Xuan. Al principio se mostró totalmente hostil con Dan Heng, lo último que quería era dejarlo entrar en un ábaco, pero cuando leyó el pergamino de Jing Yuan lo dejó pasar a regañadientes. Una vez en la zona, se colocó en la plataforma central y se conectó con al ábaco, estuvo horas analizando información. Yanqing estaba quedándose dormido cuando dio la búsqueda por concluida, llevaba tanto tiempo sin pestañear que le lloraban los ojos.
—¿Qué buscabas con tanto interés? Mejor que no trames nada raro, porque se lo diré al general.
—Buscaba información sobre mi raza, seguro que tu general te ha puesto al tanto de todo antes de escoltarme.
—… —Dan Heng se sentó a su lado y se quedó mirando el horizonte, su expresión era calmada pero parecía que le costaba respirar— la única que puede estar tanto tiempo conectada al ábaco sin cansarse es la señorita Fu.
—¿Te preocupas por mi?
—¡No es eso! —contestó rápidamente— pero tendría que estar entrenando, no aquí contigo.
—Estás molesto.
—Eres un traidor de Xianzhou, mordiste la mano que te dio de comer… puede que el general confíe en ti, pero yo no —lo miró para encontrarse con sus rasgados ojos turquesa, también lo miraba, de forma placida, parecían tener una ligera sonrisa— deja de intentar intimidarme, no soy tan fácil de acobardar.
—No era mi intención… sé que eres un gran luchador, con demasiado ímpetu. Tendrías que haber sabido que enfrentarte a un vidyadhara podría suponerte la muerte.
Se puso en pie con intenciones de acabar la conversación y la visita, pero terminó arrodillado en el suelo, con todo dándole vueltas.
—Pues no pareces muy fiero… ¡Ponte en pie! Vamos…
—No hace falta que me ayudes...
—¿Que diría el general si te dejo tirado en el suelo? Hoy soy tu escolta, déjame hacer mi trabajo.
Salieron de la comisión de adivinación y se sentaron en un banco de piedra que había en la plaza del Luofu, a esas alturas Dan Heng estaba haciendo un esfuerzo, era como tener una migraña intensa. Yanqing le compró una lata de refresco y lo obligó a beber hasta que empezó a recuperarse.
—Tienes mal aspecto… pensaba que los vidyadhara tenían una salud de hierro.
—Y es así —dio un trago— seré una excepción.
—¿Por qué has ido a un ábaco? —lo miraba mientras que se pasaba la lata por la frente, intentando refrescarse— ¿No habría sido mas fácil preguntarle a alguien de tu raza?
—Tampoco soy bienvenido entre los vidyadhara, si me hubiera pasado algo ¿A quien habrías avisado? Sin contar con el expreso astral —vio como Yanqing se quedaba callado— a nadie.
—Se lo habría dicho al general Jing Yuan, no le da la espalda a nadie —se llenó de orgullo mientras hablaba de él— no lo conoces como yo, pero jamás se habría separado de tu lado.
—Imagino que tiene que ser doloroso para él, todo esto, si confiaba tanto en mi anterior reencarnación.
—Pues si, lo fue —habló con resentimiento, apretando los labios— y lo sigue siendo. No sabes la cantidad de veces que el general ha intentado... eh… bueno, Bailu también es una buena opción.
Dan Heng asintió y se quedó sentado un poco mas mientras veía como Yanqing volvía al cuartel general. Hizo un gran esfuerzo para llegar al expreso astral y meterse en la sala de archivos. Evitó toparse con gente, pegó una nota a su puerta para que no lo molestasen y se dejó caer entre las sabanas mientras se quitaba toda la parte superior de la ropa y el calzado. Dio un largo suspiro y se tumbó en su futón, la cola le zigzagueaba nerviosa de un lado a otro, la pasó entre sus piernas y se abrazó a ella con fuerza. En cuanto empezó a relajarse el dolor cabeza remitió, poco a poco, no sabía como Fu Xuan podía aguantar mas de 24 horas analizando datos.
