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— Hace muchos años, el mundo vivía en paz y armonía, de la mano del ser encargado del equilibrio, el Avatar. Sin embargo, eso tiempos de paz terminaron. Ahora el mundo se encuentra estancada en una gran guerra de 100 años a manos de… — Un bufido por lo bajo interrumpió el relato, el maestro, un hombre mayor suspiro, alzando los ojos hacia el cielo, pidiendo paciencia a los espíritus. — ¿Algo que decir, Sergio? —
El único chico en la habitación, un pequeño niño de 10 años, se cruzó los brazos con molestia. Sus oscuros ojos pagados a la ventana.
— ¿Por qué debo seguir escuchando de esta guerra? Solo hablan de ella y la nación del fuego, ¿Acaso no hay nada más en el mundo que puedas enseñarme que no sea de lo mismo? —
El hombre suspiró. — Te hablo de la guerra porque eres el heredero del trono de Omashu, y esta guerra de concierne más que nadie. ¿Cómo puedes aspirar a gobernar si no conoces la tierra y su historia? —
Sergio frunció el ceño. — Omashu es una fortaleza impenetrable, la nación del fuego no puede hacer nada contra nosotros… —
— Y sin embargo, cada día mandamos a nuestros soldados a sacrificar sus vidas, ¿te parece aceptable? — Sergio cerró la boca. El hombre lo miro fijamente. — Sergio, entiendo que estás cansado de escuchar de muerte y destrucción, pero es necesario, eres el heredero de nuestro reino, debes recordar y conocer al enemigo que plaga nuestras fronteras. —
— ¿Y si no quiero gobernar? ¿O luchar? ¿Por qué no buscan algunos de los generales? Solo tengo 10 años, Xavi. —
Xavi miro hacia la ventana. La ciudad de Omashu se alzó como una gran montaña, poderosa en su mensaje “La fortaleza del reino tierra”, y aunque en teoría se alzaban como la segunda ciudad más grande del reino, la realidad era que Omashu estaba aislada, hace mucho que Ba Sing Se dejó de ser una aliada confiable, y las provincias cercanas se recluían para confiar en sus propio medios para enfrentarse a esta era de decadencia.
Miro a su joven pupilo, Xavi no era despiadado y la guerra aun no le había borrado la humanidad, sabía que Sergio apenas era un niño, inocente de los horrores de la guerra y del verdadero estado del reino tierra, un niño escogido por el rey Carlos para cumplir con el papel de heredero, un niño que fue apartado de sus padres para cumplir con un propósito mayor.
Xavi se acercó, inclinándose hasta que sus ojos estén en la misma altura que los de Sergio.
— Porque no hay nadie más, Sergio. Nuestro Rey no puede luchar por siempre, y el vio en tu el poder de poder sostener su carga, no es justo, lo sé, pero en estos tiempos, no podemos permitirnos dudar. Eres un niño, pero también eres la esperanza de Omashu. Sergio, eres nuestro más grande tesoro, te enseñaremos, te cuidaremos, te amaremos y… moriremos por ti, otros 100 años más si es necesario. —
La barbilla de Sergio temblaba, en su joven rostro se reflejaba la duda y la incertidumbre. Está bien, Pensó Xavi, Sergio puede permitirse dudar ahora que seguía siendo un niño, Xavi se encargara de convertirlo en el monarca más grande de Omashu, así como es el deber de Sergio guía a Omashu, es el deber de Xavi hacer que el camino sea lo más fácil y directo de seguir para su futuro Rey.
**
Sergio camino penosamente por los pasillos del pasillo en dirección a la sala del trono. La última clase de Xavi lo había trastocado, no había bromas ni regaños con falsa irritación, solo un Xavi sobrio con la mirada lejana. Sergio podía permitirse admitir en la privacidad de su mente que estaba asustado por las palabras de Xavi.
Eres nuestro más grande tesoro, te enseñaremos, te cuidaremos, te amaremos y… moriremos por ti, otros 100 años más si es necesario.
Sergio sintió un escalofrió al recordar esa frase. No quería eso, no quería que Xavi, su amigo, lo mirara como si fuera el propio avatar encarnado. Sergio no es como el avatar, ni como el gran rey Carlos, Sergio apenas puede controlar su poder lo suficientemente bien para no quedarse atrás de los nuevos reclutas, pero ser considerado el más grande de Omashu, Sergio no está ni cerca de rozar eso.
Xavi usualmente lo halagaba, pero nunca nada como esto, nunca así, nunca tan… fatalista. Sergio no quería que las personas que viven en Omashu murieran por él.
Sergio trago saliva, sentía la garganta seca como el desierto.
—Ah… — Exclamó con pesar.
No nunca pensó que llegaría el día en que se preocupara por la salud mental de sus cuidadores. Sergio pensó brevemente en su padre, un hombre regordete, de voz resonante que podía abarcar todo el palacio. Un padre que había llorado cuando Sergio fue escogido como el heredero de Omashu,
— No quiero decepcionar a nadie… — Exclamó Sergio con pesar.
— No creo que estés decepcionando a nadie, pero que se yo. — Una voz proveniente de los ventanales los sobresalto. Soltando un jadeo ahogado, Sergio de giro hacia los ventanales del pasillo.
El Rey Carlos Slim.
Sergio sintió su rostro enrojecer, el Rey Carlos lo había visto lamentándose como un niño berrinchudo. Oh Espíritus, Pensó Sergio, ¿cuánto tiempo lleva el rey observándolo hacer el ridículo?
— Oh… Rey Carlos. — Sergio rápidamente se inclinó con vergüenza, su rostro bajo sin atreverse a reaccionar ante la carcajada de su monarca. — Yo…. Estoy profundamente apenado de interrumpirlo… — Exhalo ahogadamente Sergio, para ser interrumpido nuevamente por el Rey.
— Levanta la cabeza, Sergio, no estoy aquí como rey, hablas con tu padrino Carlos. —
Sergio levanto un poco su cabeza, captando la sonrisa divertida de su padrino, no había nada de la seriedad del rey en su rostro, si no la familiar diversión de un hombre acostumbrado a las payasadas de sus hijos.
Sergio se levantó, mirando a su padrino con ojos ceñudos. El rey arqueo una ceja, divertido por la silenciosa rabieta de su ahijado.
— Ven, camina conmigo, ha pasado tiempo desde nuestra última charla. —
Sergio lo siguió obedientemente.
— Ahora dime, ¿qué te tiene tan preocupado? — El rey tomo la delantera por inercia, encaminando al pequeño Sergio hacia el salón con una mano en su hombro.
Sergio se dejó guiar. Miro a su padrino antes de desviar la mirada al suelo. Carlos sonrió, Sergio era un niño muy maduro, siempre centrado en mejorar, con poco o nulo nerviosismo a la hora de enfrentarse a hombres adultos, verlo ahora, todo nervioso, alivio aquella culpa en su corazón, Sergio aun tenia aquella inocencia que solo nace de una juventud sin peligros.
— Es que… siento que no estoy avanzando lo suficiente, todo esperan mucho de mí y yo… no quiero decepcionarlos. —
Carlos tarareo. — ¿Por qué crees eso? —
Sergio se mordió el labio, indeciso si decirlo o no. Carlos noto la indecisión de su heredero. — Sergio, puedes hablar conmigo, si puedo hacer algo para aliviar tus dudas, lo hare, pero solo si me lo permites, puedes confían en mí. —
Sergio lo miro con aquello grandes ojos oscuros, Carlos podía ver aquel brillo de inteligencia brillar más que nunca, el potencial oculto que eclipsaba a todos los demás. La joya de Omashu.
— Yo, voy a las mismas lecciones una y otra vez, los nuevos reclutas ya tienen misiones o deberes y yo… solo me quedo en un salón, mientras el mundo muere a mi alrededor. —
Carlos guardo silencio por unos momentos, su mirada se oscureció. Sergio temió haber provocado algún malestar en su padrino y trato de retractar sus palabras, pero su padrino se lo impidió.
— No tienes que temer, Sergio. No tienes que cambiar tus palabras por mí, soy un adulto y como adulto, respeto tu opinión. —
Sergio lo miro con duda. Carlos se rio entre dientes. — Sergio, puedo entender tu opinión, pero tienes 10 años, apenas ha pasado dos años desde tu llegada al palacio, y los nuevos reclutas son jóvenes mayores de 16 años, no deberías compararte con ellos aun. —
— Pero… Soy… —
Carlos inclino la cabeza. Entendio lo que Sergio le costaba decir. — Lo sé, Sé que eres y lo que este reino espera de ti, querido Checo. —
Sergio se enderezo al escuchar el apodo de su infancia, que había tenido que dejar en el pasado para adoptar una postura más madura.
— Tu llegada aquí no es por casualidad o por mero capricho, no lo ves ahora, porque tienes 10 años y tu mundo está limitado por este palacio, pero tienes el más grande potencial de todo Omashu en tus pequeñas manos, ese tipo de potencial no se desarrolla de una noche a la mañana, tienes que darte tiempo, y con él, veras lo que nosotros vimos en ti. —
Sergio frunció el ceño. — Y si no lo logro, padrino, explotar ese potencial. —
Carlos se rio en toda la regla, posando su mano sobre la cabeza de su ahijado. — Sergio ven, déjame mostrarte algo en el salón del trono, algo que creo que has pasado por alto. —
Con un movimiento de su muñeca, el piso, antes firme, se moldeo en algo que no era ni solido ni líquido, Sergio soltó un pequeño grito de sorpresa, y lo mucho que pudo hacer fue agarrarse de la túnica de su padrino mientras este los movía a gran velocidad usado tierra control.
Llegar al trono fue como una carrera a toda velocidad, Sergio tenía los ojos muy abiertos de la impresión.
El trono, ahora frente a él, era tan magnifico como siempre, adorado de piedras y cristales de colores que simbolizaban la riqueza de la tierra. Si alzabas la vista, en los altos techos del palacio, la historia de Omashu está grabada, desde su nacimiento, hasta la actualidad, el palacio era una extensión de aquella historia, haciendo imposible olvidar la razón por la que esta gran ciudad nació.
En el centro de aquel mosaico, la montaña se alza como un refugio para aquellos que ha vivido la guerra y han terminado con ella.
— ¿Ves esa montaña, Sergio? De ahí nació Omashu, grande y poderosa como es, antes apenas era una cantidad absurda de túneles donde solo los mejores maestros tierra podían vivir. No era un hogar, pero tenía el potencial de serlo. —
Sergio lo sabía, era parte de una de sus primeras lecciones, el nacimiento de Omashu, quien nació por la necesidad de un refugio para una joven pareja que compartían un amor prohibido, lucharon contra el destino, y crearon un lugar donde podían vivir libres, sin ser tocados por los deseos egoístas de sus semejantes.
Sin embargo esta historia tenía un secreto, algo que no se hablaba fuera de las murallas del palacio.
Aquellos jóvenes no eran los hijos de algunos terratenientes enemistados.
Eran el príncipe heredero de Ba Sing Se y el príncipe heredero de la nación de fuego. Un escándalo que sumergió a las dos grandes naciones en un caos que pocos se atreven a recordar con admiración.
Carlos tarareo. — La historia de Omashu es singular, odiada de igual modo tanto por la capital del reino tierra como por las islas del fuego. Nuestros aliados y nuestros enemigos, quienes si tuvieran la oportunidad, borrarían este mosaico y matarían a cada persona que supiera la verdad hasta no dejar nada más que un hueco de incertidumbre en la historia. ¿Sabes porque es eso?—
Sergio respondió, aunque una pizca de duda se asomaba en su voz. — Por la guerra. —
— Dirias que eso, pero la realidad es mas complicada — Carlos negó. — Hace muchos años, antes de la guerra y que el odio plagara el mundo, el avatar, el maestro de los cuatro elemento, era el encargado de mantener la paz, en su larga vida, el Avatar dictamino que para preservar el equilibrio, las cuatro naciones deberían mantenerse separadas, no debían mezclarse. —
Sergio se paralizo ante eso, miró fijamente a su padrino, quien lo espero pacientemente mientras Sergio procesaba esta nueva información. — Pero… Omashu es… —
Carlos asintió. — Si, Omashu es un lugar de amor y respeto, sin importar tu lugar de origen, sin importar tu género, Omashu nació del amor, y es un orgullo para nosotros proteger eso. Pero también es cierto que para muchos, eso es inaceptable—
— El avatar… ¿no le gustó Omashu? —
Carlos medito esa pregunta, que formulada con aquella certeza infantil del blanco y negro en el mundo, era difícil responderla de la misma manera. Gustar…
— El avatar… No estaba contento, no porque viera a Omashu un lugar horrible o no le gustara, pero tienes que entender, Sergio, que algunas personas, por más sabias que sean, no siempre entienden o tienen la mente abierta para entender que el verdadero equilibrio no es la separación, si no la comprensión y unión. Omashu creció hasta ser lo que es por ese principio, y puede que el avatar no lo entendiera, pero nunca levanto su mano contra Omashu, y eso es mucho más respeto hacia nuestras creencias de lo que nos da Ba Sing Se. —
Sergio asintió lentamente. — Supongo que puedo entender, pero… eso no explica si yo seré capaz en futuro. — Exclamó con un quejido. Carlos rio alegremente.
— Veras Sergio, aunque el avatar no levanto su mano en contra de nosotros, no se podía decir lo mismo de Ba Sing Se y La Nación del Fuego, en aquellos tiempos, el avatar exclamó que si queríamos mantener este lugar, teníamos que defendernos con la misma fuerza con la que creíamos en nuestras convicciones. Oma era un maestro tierra respetado, pero uno sin experiencia, mientras que Shu era un príncipe guerrero, entrenado según dicen, por los mismísimos dragones, así que ambos, en su amor, crearon un nuevo arte, el tesoro de Omashu. Un arte que se usó para defender a Omashu de sus enemigos, y uno que poco a poco fue desapareciendo de la sangre real de Omashu, Yo mismo puedo pelear, pero no tengo el poder ni alcance para recrear aquel milagro del control elemental. —
Sergio se encontraba confundido. — Un milagro.. —
— Si, uno que ni el Avatar logro saber como llego a ser posible, y que se convirtio en la razon de la superviviencia de Omashu en aquel tiempo — Carlos miro a Sergio con una sonrisa cómplice. — Se suponía que sería un arte perdido, despues de pasarán varias generaciones de reyes y ninguno logro hacer tal hazaña, hasta que llego un pequeño niño con una cara llena de pecas, risueño y encantador, el hijo de una pareja de inmigrantes de la colonias del fuego, un chico que la tierra como el sol bendijo, capaz de doblar la riqueza de la tierra y de embutir una parte de sí mismo en él. —
Sergio parpadeo desconcertado. — ¿Yo? — Dijo Apuntándose a si mío con desconfianza.
Carlos río con ganas. — Esa mente tuya que nunca cambie, Checo. — Carlos negó divertido con la cabeza. — Por supuesto que tú, Muchacho, ¿vez a otro heredero de Omashu caminando por aquí? —
Sergio seguía desconcertado. — Pero… Soy un maestro tierra bastante mediocre ¡Hasta Toño es mejor para abrir las puertas del palacio que yo! —
Carlos bufo por lo bajo. — Checo, para alguien tan inteligentes, eres un poco despistado. —Carlos arremango una de sus larga mangas, dejando ver un brazalete toscamente esculpido. La técnica no era muy buena, pero la calidad, la gema en el centro del mental era hermosa en su estado casi salvaje.
Sergio reconoció la gema. Su rostro enrojeció hasta sus orejas, haciendo resaltar aquellas pecas tan distintivas.
Carlos sonrió. — Lo reconoces, verdad. Me lo dio un pequeño niño en un desfile de celebración, lo hizo justo frente a mí, con un poco de tierra, creo una joya, ¿Puedes creerlo? El arte perdido de Omashu, en la mano de un joven con una sonrisa desdentada y una confianza que le causo un buen susto a sus padres. —
Sergio miro al suelo con timidez. — Ni siquiera es tan bueno. —
Carlos miro aquel regalo por unos segundos, lo escondió debajo de su manga, fuera de la vistas ajenas — Tal vez, pero nadie en Omashu pueda hacer algo igual, ni con esa calidad ni con ese sentimiento de amor, por ello, es especial, igual que tú. —
Sergio miro a su padrino, un hombre que lo había mirado hace dos años como si fuera el regalo que más había estado esperando, un hombre que solo ha sido amable y cariñoso con él, que lo respetaba y velaba por su seguridad.
Sergio que hacerlo sentir orgulloso, y sus dudas e inseguridades a veces le hacían creer que eso sería una tarea casi imposible, pero viéndolo ahora, al rey esconder el tosco regalo de un niño como si fuera su más valiosa posesión, se dio cuenta de que aquella tarea que parecía imposible ya no era una meta a alcanzar, no cuando aquel brillo de orgullo ya estaba presente en Carlos.
Sergio no había hecho nada de valor y Carlos ya estaba orgulloso de él.
— Serviré con todo lo que tengo a Omashu, Mi Rey — Exclamó Sergio con una nueva convicción naciendo en su corazón. Puede que no sea el mejor o que aún no tenga la confianza para ser de ayuda para su gente, pero lo será, y cuando ese día llegue, Sergio retribuirá todo aquella confianza que habían depositado en el.
Carlos sonrió. — Sé que lo harás. —
El momento entre monarca y heredero se vio interrumpido por la llegada de un sirviente, una joven que rápidamente se inclinó ante las dos figuras más importante de la ciudad.
— Su majestad, Su alteza, un mensaje de la puerta principal, El príncipe Carlos ha regresado. —
El rey Carlos se enderezo. — Bueno, parece que hoy abra noticias, ven Sergio, recibamos a mi hijo. —
Sergio inclino la cabeza. — Si, Su Majestad. —
Sergio de posiciono a la derecha del Rey, a tres pasos de distancia del mismo.
El rey subió al trono, dejando a Sergio a su lado. Los guardias, que coincidenetamente no habían estado para la charla entre el Rey Y Sergio, resurgiendo de algunas columnas. Sergio se sintió avergonzado al comprender que el Rey había planeado todo, incluso mandando a los guardias fuera para tener privacidad.
La vergüenza no duró cuando la puertas se abrieron para dejar entrar una comitiva. Un grupo variado entre sirvientes, escoltas y generales. En frente de todo, el Príncipe Carlos Jr, antiguo heredero de Omashu y el general más joven de la historia de Omashu.
Todos dieron una profunda reverencia hacia el al Rey.
— Padre, Su alteza Sergio —
Sergio hizo una mueca al ser nombrado, sin importar que hayan pasado dos años desde la destitucion del príncipe Carlos, Sergio aun sentía pesar por haberle arrebatado lo que por derecho de nacimiento, le pertenecía al príncipe mayor.
Carlos Jr había tomado todo el asunto con calma e incluso aclaro que no guardaba rencor por lo sucedido.
Había sido muy amable con Sergio desde el primer día. Y fue de mucha ayuda en su período de adaptación.
El rey sonrió. — Hijo, agradezco a los espíritus tu regreso sano y salvo. —
Carlos Jr correspondió el gesto con una sonrisa propia. Sergio no podía negar que el príncipe era todo lo que se esperaba de un príncipe heredero. Alto, fuerte y carismático, además de inteligente, era un orgullo para Omashu servir bajo su manto.
El contraste entre el príncipe Carlos y Sergio era bastante notable. No sólo en apariencia, si no en aptitudes.
Donde Carlos era feroz, Sergio era tranquilo, borde Carlos era determinado, Sergio indeciso, donde Carlos era fuerte… Sergio dependía de que los demás fueran fuerte por el, como Xavi o su guardia privado, Jo.
Sergio se removió incómodo por aquellos pensamientos. No, no dejes que las inseguridades te domine.
— Y yo estar de regreso, Padre. — Respondió Carlos.
El rey hizo un movimiento con la mano, una señal para dejar de lado el protocolo. Sergio se enderezo en toda su estatura. Sabía lo que venía.
Un mal presentimiento se gesto en al mente de Sergio al percibir algo de resignación en la expresión del príncipe.
— Lamento informar, padre. Ba Sing Se ha denegado nuestra propuesta. —
Tanto Sergio como los demás oyentes del salón se estremecieron.
El príncipe Carlos había tenido la misión de llevar acabo un acuerdo entre ambos reinos en defensa de las fronteras del todos las provincias.
— El Rey Sainz a declarado la guerra como motivo insuficiente para movilizar su ejército. No abra ayuda por parte de Ba Sing Se —
Sergio cerró los ojos con pesar. Lo peor que pudo pasar, paso. Sin la ayuda de Ba Sing Se, el peso de la protección de las provincias del Reino Tierra descansaba sobre Omashu.
¿Cuantas vidas serian sacrificadas por aquellos que en su egoísta visión del mundo, niegan su ayuda para proteger a aquellos que más no necesitan?
Sergio supo en ese instante que la paz tan duramente ganada en Omashu no resistiría mucho más. No cuando están totalmente aislado y sus aliados más cercanos le han dado la espalda.
Omashu esta solo.
Sergio apretó su mandíbula, la impotencia lamia su alma como un depredador del que no puede escapar.
El rey soltó un suspiro. — Levanta la cabeza, hijo mío. No te culpe por esto, ya se sabía que Ba Sing Se retrocedía hacia sus murallas en cualquier momento, no desesperes, a pesar de esta noticia, Omashi sigue fuerte, y seguiremos venciendo a pesar de los obstáculos. —
Sergio absorbió las palabras de consuelo de su Rey.
Si, puede que estén sin aliados, pero no es la primera vez que eso pasa, ¿no?
Oma y Shu también estaban solos cuando crearon a Omashu, también fueron arrinconado por sus respectivos reinos. Incluso sobrevivieron al Avatar.
Si todo eso es cierto. Entonces también lo es que sobreviviran esta guerra.
Sergio se lleno de determinación.
Sin importar que, defendería a Omashu hasta sus últimas fuerzas.
