Chapter Text
Maldito sea este apestoso circo, con sus apestosos prisioneros y su apestoso carcelero que se creía gracioso y lo peor, creativo también.
Jax y el resto de esas caricaturas que él tenía que llamar compañeros regresaban de la última gran (y apestosa) aventura del imbécil insoportable de Caine, que pasó un gran parte del tiempo levitando sobre sus cabezas durante ella, buscando la aprobación que no merecía.
El grupo, incluso Zooble, por quitárselo de encima rápido, decidió no contradecirlo. Le dieron largas, para que divagase un rato y después se fuese a la mierda sin hacerles sufrir más.
Todos aquí ya estaban más que hartos.
Lejos del hecho de que, una vez libres del líder del manicomio digital, cada uno desapareció de la sala de estar, Jax no pudo evitar notar cómo otra vez volvía a suceder: Ragatha y Pomni se unieron a Kinger en ese rincón cubierto de almohadas.
¿Para qué?
Y como en otras ocasiones, ellas no saldrían de ahí hasta después de un buen rato.
¿Qué estarían haciendo ahí adentro con el loco?
Jax dudaba que ese pequeño grupito hubiese encontrado el modo de tener sexo de trío o algo así, para empezar no tenían genitales para ello; y segundo, el espacio en ese sitio era demasiado chico, y aún si todo aquello no fuesen conjuntos que impedían la realización de tal acto, seguramente esa idiota de Ragatha no serviría para nada.
Ni siquiera Kinger con su mente desviada, podría considerarla atractiva.
Bien, de Pomni lo dudaba un poquito; Jax ya hace tiempo había notado lo cercana que la arlequín estaba de Ragatha.
Ese maldito costal de trapos andante.
Insultándola en su cabeza, aun si acababa de pasar horas atormentándola de diferentes modos, Jax no se sintió excluido de nada, aún si por un segundo pensó en la mísera posibilidad de hacerse amigo de Pomni.
A decir verdad, él estaba muy bien consigo mismo. ¡Más que bien!
No buscó a Gangle y Zooble para molestarlas un rato porque estuviese aburrido o a punto de sentir que, si se quedaba más tiempo escuchándose a sí mismo en su propia cabeza, no tardaría en abstraerse.
No dio vueltas por toda la estúpida carpa, echando miradas sobre ese montón de almohadas, porque él sintiese una insoportable curiosidad sobre lo que la idiota reprimida con el ojo de botón estuviese haciendo con Pomni y Kinger.
Tampoco estuvo a punto de llamar a ese desgraciado de Caine para pedirle una segunda aventura de mierda, únicamente para obligar a esos tres a separarse de nuevo.
Dándose cuenta tarde de que había estado caminando en círculos por todos lados, mordiéndose una de sus largas orejas, Jax se hartó y buscó un gramo de cordura donde nadie tenía que saber que iba.
Él tenía todas las llaves de todos los cuartos. Eso incluía el cuarto de Ragatha.
Pocos minutos.
Esta vez sólo necesitaba de pocos minutos para acostarse en esa blanda cama bien ordenada y limpia, para inhalar sobre la almohada hasta cansarse… dejar un recuerdito (repulsivo) de su visita a la dueña del cuarto y largarse de ahí.
Todos en el circo necesitaban un ancla a la no-abstracción, y muy para infortunio de Jax, el suyo se encontraba en la cama de Ragatha. O más bien, en la propia Ragatha.
Nadie aquí conservaba siquiera una pizca de sus rasgos humanos dejados atrás, lo cierto es que Jax no tenía ni la más mínima idea de cómo podría ser la tonta de trapo en la realidad… o tan siquiera él mismo. Sin embargo, ellos no eran sólo personajes vagando sin rumbo en este estúpido hueco demencial, poseían la capacidad de oler y olerse mutuamente. O tal vez solo Jax podía detectar ese detalle en los otros, pues no es como si necesitasen bañarse o tan siquiera cagar si no querían hacerlo. Había pocos fenómenos como Pomni que vomitaban ante sacudidas fuertes.
Corriendo lo más rápido que pudo hacia el pasillo de cuartos, Jax no desperdició más tiempo. Encontró la puerta, la forzó con su llave mágica y entró sabiendo que no tenía que tener cuidado con nada tirado en el suelo. Ragatha siempre tenía su habitad limpio y ordenado. Oliendo tan bien.
A diferencia de las otras veces en las que entraba con cautela y hacía lo suyo dejando atrás pocas o ninguna huella de su intromisión no permitida, en una ocasión, Jax se lanzó a sí mismo hacia el mueble, ocasionando que este se removiese un poco del centro de la alcoba, ahí donde Ragatha la tenía.
Tendría que burlarse con más ahínco de ella esta vez para dejarle en claro que él solo había entrado aquí para perturbar el orden de su pulcra habitación por diversión, cuando en realidad, Jax necesitaba desesperadamente enterrar su cara en su almohada de Ragatha e inhalar profundo.
Arrugó un poco la sábana con sus manos. Evitó apretar demasiado la almohada con su cara. Sus puños se apretaron contra sí mismos ante un olor familiar. Pay de fresas… recién horneado.
Jax poco recordaba (y casi no le gustaba recordar) sobre su vida humana, pero algo le decía que ese pay había sido importante para él, por eso, el que Ragatha oliese a ese alimento, le pudría por dentro.
Había intentado reemplazar esa necesidad olfativa con Kaufmo, Ribbit y su último y más reciente fracaso, Pomni. Pero aunque los tres poseían olores que no le desagradaban, tampoco le dieron la estabilidad que él buscaba y encontraba solo con Raggy.
Jax exhaló e inhaló profundo varias veces, moviendo su cabeza de un lado al otro contra la almohada. Sonidos guturales parecidos a un ronroneo se emitieron sin que él pudiese pararlos.
Odiaba que Ragatha fuese la dueña original de ese aroma. La odiaba a ella.
Si fuese por Jax, le arrancaría un brazo para sí mismo. ¿Qué más daba si lo hacía? Todos se reconstruían, y aunque lo había intentado antes, él no tardaba en caer en cuenta de que no es que regeneraran mágicamente, sino que las extremidades mutiladas regresaban al cuerpo de origen, sin excepción.
Buscando otro método, hace tiempo Jax había robado una almohada de Ragatha, la había usado hasta que el aroma desapareció y luego se la devolvió con una piedra adentro, con la que golpeó su cabeza roja, riendo mientras lo hacía.
Ella pasó un par de días preguntando por esa almohada, llegó a la obvia conclusión que, de todos, el único idiota capaz de robarle algo tan descaradamente era Jax (quién cínicamente negaba aquello) y cuando menos se dio cuenta, la almohada le fue devuelta de forma dolorosa.
Jax sabía que, daba igual lo que él le hiciera, Ragatha no tomaba venganza en su contra. Pequeña estúpida reprimida. Incluso la metió en una freidora y en medio de su locura ocasionada por una estúpida salsa, ella se atrevió a decirle que lo odiaba, al mismo tiempo que mencionaba la osadía de que ella no quería que Jax la odiase de vuelta.
¿Acaso no tenía cerebro? Debería abrirle la cabeza con un hacha la próxima vez para averiguarlo.
Tardó más de lo que le hubiese gustado, pensando en nuevas formas de masacrar el cuerpo de Ragatha, tanto que saltó sobre sí mismo cuando escuchó las voces de la dueña del cuarto y Pomni, acercándose.
—No importa lo mal que me sienta, me alegra saber que puedo contar con Kinger —esa era Pomni.
—Lo entiendo, me alegra conocer esa parte de él donde puedo sentirme segura.
Dejando la almohada como si le quemase, Jax, girándose sobre el colchón y ocultándose bajo la cama, hizo una mueca de hastío al oír a Ragatha decir que se sentía segura, ¡¿con Kinger?!
—Es una suerte que una parte de su cabeza esté cuerda —seguía diciendo Pomni, con claro alivio—. ¿Crees que haya sido padre fuera de aquí?
—Bueno, ahora sabemos que fue un marido… y que amaba mucho a su esposa.
—Qué lindo, ¿no? ¿Cuántos hombres podrían hablar tan bien de su pareja aunque ella ya no esté?
—Muy pocos por lo que me imagino —murmuró Ragatha decepcionada—, pero oír a Kinger expresándose de Queenie así… me da mucho gusto.
Jax se contrajo sobre sí mismo para no ser visto, ayudándose de lo largo de la sábana de cama, cuando Ragatha abrió su puerta y entró seguida de Pomni.
—Apropósito… Ragatha, ¿tú… recuerdas si tenías a alguien allá afuera? Ya sabes, ¿una pareja? —preguntó Pomni siendo tan indiscreta como siempre.
Ragatha se sentó en la cama mientras la arlequín daba un pequeño tour por el cuarto.
—Yo… eh…
Jax dirigió sus ojos hacia arriba; no estaba consciente de que sus pupilas normalmente grandes, se habían alargado como los de un gato. Sus manos estaban apretadas contra sí mismas y de haber tenido uñas, seguro se las habría encajado en las palmas.
—¿Por qué quieres saber eso? —Ragatha se negaba a responder, estaba nerviosa e incómoda.
Alguien… alguien… alguien…
—Porque yo no he sentido algo así por nadie… o eso creo —se rio Pomni con pena—, y me gusta oír a quienes sí. Entonces, ¿tenías a alguien?
—Eh… es que… él…
¡¿Él?!
El primer impulso de Jax fue tomar la pierna de Ragatha más cercana y jalarla para hacerla estamparse contra el suelo, reírse en su cara y llamarla imbécil cursi, pero, algo le mantuvo quieto como una estatua, ahí abajo.
—¿Es un él?
Ragatha suspiró.
—No lo recuerdo totalmente, pero sí. Había alguien.
¡Había! ¡Tiempo pasado! ¡Se acabó! Ragatha estaba tan sola como todos aquí, incluso como el propio Kinger. Maldito llorón romántico que adoraba a su esposa en sus momentos de lucidez. Desgraciado cabrón.
—¿Sabes cómo era? ¿Algún rasgo? —siguió preguntando Pomni sin ser consciente de que muy cerca de ella había un sujeto aguantando sus instintos homicidas hacia ella también.
—Alto —dijo Ragatha de inmediato, usando un tono susurrante y suave como si estuviese hablando del maldito Príncipe Encantador personificado. Seguro era un puto idiota, como todos los hombres; como Jax lo era—. Tengo la certeza de que era alto y… muy fornido.
—¿Musculoso? —se rio Pomni, emocionada.
¡O sea un carajo descerebrado pueblerino!
Ragatha se rio.
—No, bueno sí, por su trabajo pesado en la granja de su familia. Creo que era un vecino —sonó a que recordaba sobre la marcha—. Trabajador… él… me ayudaba a cargar el heno para mis caballos. ¡Sí, eso hacía! —dijo emocionada—. Pero no recuerdo su nombre… no puedo.
—Tranquila, lo entiendo. Era un hombre trabajador —aprobó Pomni.
«Gran cosa» Jax remedó haciendo una mueca.
—¿Y era listo?
«No, es obvio que era un estúpido si ayudaba a Ragatha a darle comida a sus estúpidos caballos» pensó Jax, bajo la cama todavía, sintiendo un burbujeo conocido en su estómago.
—Mucho, recuerdo que él, por ser también un jugador de futbol, recibió una beca para Stanford.
—¡Vaya!
«¡Bésame el culo! ¡Eso lo estás inventando, habladora!» pensó Jax pegando su cabeza contra el suelo. «Nadie con un IQ decente se te acercaría y si lo hace, es solo para fastidiarte por tu santurronería falsa».
—¡Dime que fueron al baile de graduación juntos! —Pomni se lanzó contra la cama.
Dado a que Jax había estado completamente abajo, fue una suerte que Pomni no haya chocado contra su cabeza.
—Eso… no lo recuerdo tampoco.
—Fueron juntos —se rio Pomni—, no me mientas.
—Está bien, sí. ¡Pero como amigos! Él… dijo que no había podido pedirle a la chica que le gustaba ser su pareja, y yo no era nada popular, así que fuimos juntos, ¡como amigos!
—Oh, entonces él ya tenía a alguien.
Jax reír hasta reventar.
—Sí… una chica del club teatral. Aunque no lo recuerdo muy bien, sé que ella era muy bonita.
«Al fin escucho algo de sentido común» quiso alegrarse por el desamor de Ragatha, de lo aplastante que debió ser el rechazo de ese amigo suyo ante una chica mucho mejor que ella, pero algo en él le impedía hacer eso.
Atrapado en esta maldita caricatura de conejo, el cuerpo de Jax era muy delgado. Por mucho que quisiera darle aumento a su musculatura, sería inútil, además, ¿para qué alguien tan genial como él querría volverse una masa de músculos estorbosos?
Jax no tuvo tiempo de pensar más al respecto, Caine convocó a todos los habitantes del circo, en la sala de estar.
—…—
