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Se buscan consortes

Summary:

La corte imperial le ha exigido al príncipe de la luna empezar a cultivar su propio jardín. Entre las jóvenes mujeres que han mandado para el príncipe, se encuentra una peculiar mujer obsesionada con los venenos y los misterios.

Maomao tiene sus motivos para competir por el corazón del Príncipe de la luna o eso es lo que hace creer a cierto administrador.

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Chapter 1: Una apuesta arriesgada

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Chapter Text

Los ojos de la joven, inexpresivos y aburridos observaban la cotidianidad de la vida del palacio interno. Le recordaba a un pequeño pueblo, con sus mujeres paseando de un lado a otro, a las sirvientas con mucho trabajo y deteniéndose cada tanto para rendir respeto a las nobles. No se le hacía extraño no ver hombres, no sólo porque tenían prohibida la entrada, sino porque estaba acostumbrada a que solo aparecieran de noche y desaparecieran al alba.

El ambiente parecía tranquilo, solo gente trabajando o perdiendo el tiempo cuando creían que nadie las miraba, pero…¿esa será la verdad? ¿Cuántas de esas mujeres bien vestidas no sonreían detrás de sus abanicos con malicia? ¿Cuántos de los cientos de platos de comida no contenían un poco de veneno?.

Maomao suspiro y apartó la vista, no podía saberlo, mucho menos desde un palacio demasiado grande para solo una simple y humilde consorte. ¿Cómo es que eso pasó?. Un año atrás, Maomao vivía como una humilde boticaria del distrito rojo, cultivaba y recolectaba hierbas medicinales, hacía volar de vez en cuando una habitación, se desmayaba cada tanto por todo el veneno que ingería o se hacía morder por una serpiente a modo de experimento. Su padre, Luomen, no estaba nada contento con sus pasatiempos pero la dejaba ser. Era un hombre extremadamente generoso, tanto que apenas les alcanzaba para sobrevivir. No había motivos ni oportunidades para desear algo diferente, mientras no se metiera en asuntos de personas importantes e ignorará todos los susurros de la casa Verdigris, estarían a salvo. ¡Oh! Pero qué curioso que era el destino, todo podía cambiar cuando las flores cambiaban de color.

Su padre cayó enfermo un día, no fue una enfermedad desconocida. Ella sabía el tratamiento, ella podía ayudarlo, pero claro… el mundo no era tan generoso como su padre. Vendió lo poco que tenían, la choza que se caía a pedazos, las ollas, sus propias herramientas de trabajo, la medicina, ya de por sí costosa, fue duplicada. En el fondo, ella supo que nada sería suficiente. Fue entonces cuando tuvo que decidir entre dejar morir a su padre o tragarse su orgullo.

Su primera opción fue convertirse en cortesana. La abuela siempre hacía alusión en que podría conseguirle clientes con gustos especiales, gusto por chicas como ella, pero su padre se negó rotundamente. Luomen se mudo al barrio rojo para darle otra opción a la de convertirse en prostituta. Él no sería la causa final de lo que muy en el fondo pensaba sería su destino inminente. Así que, derrotada, Maomao decidió usar el plan B: El estratega excéntrico.

Era un noble que se encaprichó con la mujer que la parió, y por alguna razón también con ella. Tenía dinero, que era lo realmente importante. Solo le exigió su orgullo antes que su cuerpo.

— Solo tienes que ser mi hija. Te daré todo lo que me pidas. — le dijo esa fatídica tarde con una sonrisa inocente que con solo recordarla le provocaba náuseas.

El hombre del monóculo firmó el contrato de su compra y fue así como Maomao pasó a formar, legalmente, parte del clan La. No era una mala transacción, podía ver las ventajas de que un hombre poderoso y adinerado respondiera por ti, solo que ella ya se ganaba la vida como boticaria, muchas gracias. Tal vez si fuera otra persona se sentiría agradecida o tal vez solo un poco culpable por el gran encargo que implicaba responder por una chica de baja cuna con un padre enfermo, pero para sorpresa de nadie, no le importaba causarle la misma incomodidad que sentía ella cada que lo tenía cerca. A pesar de eso, el monstruo, era sencillo de controlar. Ella lo miraba con repudio durante unos minutos y él la dejaba en paz hasta el día siguiente, para volver a repetir el ciclo.

Luomen si tenía un poco más de conciencia, y se disculpaba por las molestias y agradeció a su sobrino, quien movía la cola invisible de zorro como si le hubieran dado un premio. Lahan, en cambio, era más astuto y supo negociar con ella para que soportara al injerto de su padre.
El trato consistió en dejarla vivir en un anexo lejos de la casa principal, a cambio de pasar una tarde con el estratega cada semana jugando al Go. Ni corta ni perezosa, Maomao aceptó y cada semana perdía a propósito para alejarse lo más rápido del ser horripilante. Era un ganar-ganar.

Los medicamentos que necesitaba su padre no eran nada baratos pero ella solo necesitaba los ingredientes. Con el paso de los meses, su padre volvió a trabajar con ella en el jardín. Enviaban medicinas al barrio rojo a solicitud de la abuela y la demanda de los burdeles; podía ver a sus hermanas de vez en cuando y la comida junto a una buena cama se convirtieron en su día a día. Fue sumamente fácil acostumbrarse a su nuevo estilo de vida. Creyó, ingenuamente, que los zorros eran buenos anfitriones.

Lahan llegó un día a su anexo para preguntarle algo a su padre. Ella, curiosa, escuchó atenta lo que el cuatro ojos presentaba como un misterio de la nobleza, algo en relación a unos zapatos desaparecidos. Sin querer, fue Maomao quien le dio una teoría para darle solución al problema; su padre apoyó sus conclusiones y Lahan desde entonces empezó a preguntarle directamente a ella sobre los tantos misterios que llegaban a su oficina o a la de algún funcionario al que pretendía cobrarle más adelante. Siempre eran temas, que en su entendimiento, no eran de la incumbencia de ninguna sirvienta, o en este caso, la hija de un noble perezoso. A veces simplemente lo ignoraba o le decía que no tenía la menor idea, cosa que en la mayoría de ocasiones era verdad, ella tampoco era un banco de respuestas, otras veces, era preferible mantener los misterios sin resolver, no quería que alguna sirvienta pagará por tonterías de nobles. Lahan la dejaba ser cuando no obtenía lo que quería, la mayoría de veces, pero él no era como su padre adoptivo, era un vendedor y calculador de nacimiento. Sabía cuándo seguir insistiendo o cuando simplemente el misterio no la atraía lo suficiente. En esos casos, le prometía comida excéntrica o algún alcohol de buena calidad para convencerla de ayudar.

Poco después de establecer esa rutina, el cuatro ojos le propuso empezar a instruirse en etiqueta. El instinto de Maomao volvió a mandarle señales pero lo justifico pensando que tal vez querían que hiciera apariciones en público y presentarla como la habían criado (en un burdel y eso) habría sido vergonzoso.

Maomao aprendió la etiqueta de las damas nobles: el comportamiento esperado de las mujeres en eventos sociales, las diferencias entre las reverencias y saludos dependiendo del rango de los nobles y los cubiertos que debía usar en privado y en público. Eran clases exigentes y sobre todo aburridas, la única diferencia con sus lecciones de burdel fue que esta vez si le daban de comer independientemente si prestaba atención o no. Comida que la esperaba lista y caliente tres veces al día, una cama un poco espaciosa donde podía poner su mortera sin riesgo a tirarla mientras dormía y un acceso ilimitado a materiales de escritura y hierbas. Hermosas hierbas con las que podía experimentar tanto como quisiera. Esa fue la manera en la que Lahan la mantuvo ignorante a todos sus planes maquiavélicos. Planes que cobraron sentido una tarde cuatro meses antes de que entrara al palacio interno.

Lahan la había llevado al mercado, había un nuevo caso del que quería su opinión y como costumbre le prometió llevarla a comer sopa de pez globo. Sin hacer más que las preguntas necesarias para tener una idea sobre el misterio, se subió al carruaje de la familia y lo resolvió en unas cuantas horas.

— Querida hermanita… Auch. — se quejó el cuatro ojos, ella lo había pisado — Aún no digo nada.

— Lo siento, la costumbre. — dijo sin un ápice de culpa. Lahan entrecerró los ojos pero no peleó con ella; aceptaba sus pisotones ocasionales con mucho facilidad, algo que a Maomao aún no sabía si le molestaba o le dejaba las cosas más fáciles. Cómo siempre, escogió la opción menos molesta

— Nuestro honorable tío abuelo ha reaccionado bien al tratamiento.

Maomao sonrió con sinceridad. Su padre necesitaría cuidados y chequeos todo lo que su vida durase, pero al menos podría volver a su vida y no tendría que preocuparse por esos gastos nunca más. Aunque… eso no aplicaba para Maomao, el trato que había aceptado fue convertirse en la princesa del clan La a cambio de la salud de su padre y aunque Lakan le dijo que podía pedirle lo que quisiera, sabe que no la devolverá a su vida en el barrio rojo. No era una vida a la que quisiera volver tampoco, su padre estaba con ella en la finca La y sus hermanas estaban a solo una carreta de distancia. Solo tenía que preocuparse por los intentos del estratega de pasar tiempo con ella, pero había una sensación que no la abandonaba a pesar de haber dejado el barrio rojo hace más de un año ¿Era normal sentirse nostálgica por el mundo donde creció?

— Le ofrecí un maravilloso puesto en la clínica militar pero parece que quiere seguir siendo Boticario en el barrio rojo.

Maomao soltó un suspiro. Luomen podría superar por mucho a los médicos de su generación, según lo poco que investigó de su pasado, fue un prodigio y un genio en los exámenes de su época. Había logrado que el imperio le pagara sus viajes al extranjero donde aprendió mucho más sobre medicina. Cuando Maomao era una niña, lo hostigaba hasta el cansancio para que le contara todo lo que aprendió en sus viajes y en las noches cuando aún sentía el frío en los huesos, se permitía, solo por unos segundos, imaginar una vida donde podría seguir sus pasos.

— Dilo de una vez. Tu sonrisa es repulsiva.

— Solo me preguntaba. — Lahan se ajustó las gafas — Ya que estás tan interesada en el mismo campo que el abuelo ¿Quisieras ir a estudiar al extranjero?

Maomao se quedó callada. El mercado donde estaban parecía ir en cámara lenta, los comerciantes habían empezado a cerrar sus negocios por lo que había un gran bullicio por todo el mercado, pero por un minuto no escucho nada. Maomao empezó a enumerar todas las mejoras que pasó a tener en su vida desde que aceptó ese papel de princesa: de un estambre y una manta en el piso a una cama cómoda y caliente, de tener que rehusar y surtir productos a tener un acceso generoso a materiales decentes. Su libertad para hacer sus experimentos nunca se vio afectada, de hecho, en su anexo podía estar segura de que ningún enfermo irrumpa con la intención de robar o abusar de ella. Y ahora, le ofrecían un viaje al extranjero para aprender todo lo que su padre un día le enseñó, y tal vez incluso más, ¿Qué habrán descubierto desde que su padre pisó esas tierras? ¿Cómo serán los tratamientos en esa zona? ¿Tendrán nuevos venenos? El hambre de conocimiento de Maomao creció desde su pecho y se extendió a sus mejillas, se las golpeó antes de expresar su emoción.

“Es Lahan con quién estás hablando, esto no puede ser gratis”

– ¿Dónde está el truco? – preguntó.

Lahan la miró y le sonrió igual que un zorro astuto. El instinto de Maomao le gritaba que pisara sus pies y rompiera sus gafas.

– ¿Has oído hablar del príncipe de la luna?

– Es el hermano menor del emperador.

“¿Qué tiene que ver aquí?”. Otra vez el instinto le decía que huyera, sus manos temblaban queriendo buscar sus gafas y sus pies hormigueaban por darle un pisotón. Lahan pareció notarlo porque se aclaró la garganta e hizo retroceder su silla.

– Bueno, como sabes nuestro magnánimo emperador no ha producido ningún heredero desde que asumió el trono hace 5 años. Según dicen es una maldición.

– Eso es estúpido – dijo sin miedo. Lahan asintió “¿A dónde quiere llegar?”. Los pies de Maomao giraban en su lugar, ansiosos, impacientes por sacarla de ese local.

– Como el emperador parece tener está “maldición” la corte le ha exigido al príncipe, su hermano menor que empiece a tomar consortes.

“Maldito infeliz” pensó al mismo tiempo que se quedaba callada. Tal vez si fingía lo suficiente pudiera desaparecer por arte de magia. Ahora entendía porque la trajo a un mercado concurrido, el porqué la cegó con estudios para que no se quejara al asistir a las aburridas clases de etiqueta. En su anexo tenía una hoz; la usaba para desherbar su jardín. Maomao se imaginó usándola en su primo.

— Como sabes, hermanita, ambos son hijos de la misma madre, pero la falta de herederos puede ser un problema. Ya sabemos lo que pasó en el anterior imperio.

— ¿Van hacer competir a los dos hermanos?. — Maomao decidió hacerse la tonta, si no lo decía, lo que ella asumió que quería decirle jamás existió.

Hasta donde sabe, el emperador no tiene problemas de salud pero se sabe del trágico fallecimiento de las princesas. El gobernante anunció un luto nacional cuando murió la primera hija que tuvo y poco después la segunda princesa la siguió en el infortunio. Escuchó muchas teorías sobre lo que pudo haber pasado con las pequeñas, pero…¿Una maldición? Tonterías. Después de todo, no existen, era una estupidez creer que sí. ¿Veneno? ¿Qué clase de veneno puede ser para llegar solo a las princesas? Tal vez las madres, Maomao sabe que los bebés deben consumir solo leche materna hasta los 6 meses. Si las consortes estuvieran siendo envenenadas de manera sutil, el veneno llegaría a los bebés a través de la lactancia, y así morirían antes siquiera de que sus madres puedan presentar síntomas…

“No puedes basarte solo en conjeturas” recordó las enseñanzas de su padre. Antes de siquiera dar una hipótesis necesitaba más información.

— ¿Quieres que descubra qué es lo que está pasando?

— Pensé que era un caso que podría interesarte. – le sonrió el muy infeliz.

Maomao no cree en maldiciones o criaturas mitológicas desde que su padre le explicó de donde posiblemente salieron esas creencias. Pero, viendo a Lahan sonreír frente a ella, igual que un zorro astuto recordó los cuentos que Meimei le contaba de pequeña para hacer que se porte bien. Un monstruo que adopta forma humana para engañar a los niños con buenas acciones para luego quitarles el alma y prolongar su banal existencia. Maomao sabía que no era todo. Para que el monstruo devorador de almas le costee sus estudios en el extranjero el pedido era muy arriesgado. Si Maomao no lograba descubrir la verdad podrían acusar a toda la familia de conspiración contra la corona, y así no es como juega Lahan.

— Quiero hacer una apuesta contigo.

—¿Apuesta?

— La corte le ha exigido al príncipe heredero que asuma una de sus funciones: tomar consortes. Tú, a pesar de no tener números tan favorables, tienes la posición para poder competir por un puesto en su jardín.

Maomao puso una mueca de asco, el estúpido cuatro ojos proponía una tontería. Ser consorte y pasar la noche con un imperial es lo mismo que renunciar a su libertad. Según la ley, ninguna mujer que haya compartido cama con algún miembro de la familia imperial podría dejar el palacio interno, menos el país.

— Yo no gano nada con eso.

— Ahí es donde entra la apuesta.

Lahan pidió la cuenta y sorbió el último trago del alcohol que pidieron.

— Fuiste criada en un burdel. Aprendiste la etiqueta de cama antes que la etiqueta de mesa, tienes un amplio conocimiento e interés en la medicina y los venenos…

“¿Que no se cansa de hablar?” pensó mientras rodaba los ojos y cruzaba la pierna. Su maestra de etiqueta pondría un grito en el cielo si viera como su alumna estrella mostraba los tobillos en público.

— ¿Cuál es la apuesta? — le dijo exasperada. Había visto a Lahan hacer negocios, era sorprendente la facilidad con la que presentaba sus propuestas y cerraba los tratos, pero con ella, solo le gusta molestarla.

— Mi trato, es que si entras al palacio interno y descubres que es lo que está pasando con los hijos del emperador y te aseguras de que un heredero se produzca. Te pediremos de vuelta y podrás viajar al extranjero y aprender todo lo que quieras.

– ¿Y si no? – Maomao no era una genio ni adivina, ¿Cómo podría descubrir que era lo que pasaba dentro de esos muros? Lahan la tenía muy sobrevalorada solo porque se crió con Luomen.

– Estarás entrando como consorte para el príncipe de la luna. Teniendo en cuenta la edad de ambos, soy optimista en que podrán producir un heredero pronto.

Maomao ya no aguanto y le dió un gran pisotón a su primo que lo hizo saltar por un rato. La dueña del negocio se había acercado con la cuenta, los miraba extrañada pero poco le importó. Lahan se recuperó minutos después y para su mala suerte siguió hablando.

— Tú y yo sabemos que sea lo que sea que está pasando en el palacio interno, no es una maldición. Tengo confianza en que lo puedas descubrir. — Lahan se puso de pie y le entregó el dinero a la dueña del restaurante para después ofrecerle el brazo. Maomao lo volvió a pisar.

– ¿Y si no? ¿Y si ese príncipe jamás me va a visitar?

– Si en dos años, no lograste ninguna de las opciones que te propongo. Entonces, admitiré que te sobrevalore y te pediremos de vuelta y podrás ir al extranjero a estudiar. — habían llegando al carruaje, el pusilánime tuvo el descaro de abrirle la puerta. — Como ves soy un gran hermano mayor.

Maomao volvió a pisarlo antes de subir al carruaje.

Lahan proponía una apuesta arriesgada, si entraba en el palacio interno y llamaba la atención del príncipe. Ella estaría condenada y Lahan ganaría. “Qué opción tan molesta” . Si lograba descubrir la verdadera causa de la supuesta maldición de los hijos del emperador y se aseguraba que un heredero alcanzará el año o tal vez los dos incluso, ella ganaría.

“Solo tengo que mantener mi castidad hasta entonces”

Maomao ganaría. Pondría todo su esfuerzo en lograrlo.

Notes:

Hola. Este en mi primer fanfic. A quien sea que este leyendo esto, espero poder entretenerte un rato. Me disculpo de antemano si me como algunas letras o hayas fallas en la redacción. 👉🏼👈🏼

Y gracias por animarte a leer esta historia💓😘
No me alejaré tanto del canon, pero pondré muchos head canons que tengo la historia original. Haré mi mejor esfuerzo para mantener la escencia de los personajes que amamos, pero si notas un fallo y algo en lo que se pueda mejorar, sientete libre de comentar.

Bueno, creo que eso es todo. Gracias por leer y espero de corazón que lo disfrutes.