Chapter Text
Desde su primer contraataque para arruinar el plan de Zim, poco a poco las salidas de Tak y Dib para interrumpir los planes de Zim se habían vuelto más recurrentes. Al principio solo eran para evitar sus planes, pero con el paso del tiempo se habían vuelto una especie de salidas con el único propósito de hacer de la existencia de Zim un infierno. Llegando incluso a molestarlo en la escuela rutinariamente de formas pequeñas pero constantes: hacerlo tropezar, golpearlo "sin querer" o incluso incentivar a que otros se burlen de él se había vuelto común para el adolescente y la Irken.
Por su parte, Zim empezaba a notar cómo su enemigo cambiaba de estrategia. Ya no iba al frente a pelear contra él como los últimos cuatro años: ponía a la gente en su contra, atacaba cuando nadie lo veía, operaba desde las sombras, y eso hacía enojar a Zim. ¿Cómo se atrevía a burlar al grandioso y todopoderoso Zim? ¿Acaso pensaba que se iba a quedar de brazos cruzados mientras dejaba que le llevara la delantera esa larva humana cabezona? Pues estaba demasiado equivocado. Zim, su futuro amo y señor, no iba a dejarse doblegar tan fácil por ningún asqueroso y despreciable enemigo. Y MENOS DE UN ENEMIGO HUMANO. Él había derrotado especies mil veces más poderosas y peligrosas que ese terrano. ¡ÉL ERA ZI—!
Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando se dio de cara contra la puerta de la residencia Membrane. Aquel edificio lúgubre al que había ido tantas veces que su cuerpo podía dirigirlo mientras iba totalmente distraído no había cambiado prácticamente nada. Independientemente de eso, Zim supo que ya era la hora de enfrentar cara a cara a su enemigo después de una semana entera sin confrontaciones directas. Era un evento importante, así que se arregló rápidamente su peluca de baja calidad y se aseguró de que sus pupilentes estuvieran bien colocados antes de tocar la puerta de manera dramática, colgándose de ella y pateándola.
—¡ABRE LA PUERTA, DIB! ¡Es una orden de tu futuro amo y señor! ¡Abre la puerta o tú y toda tu manada familiar de humanos ignorantes caerán bajo mi do—!
Justo cuando iba a dar otra patada, la puerta se abrió, haciendo que Zim perdiera el equilibrio y cayera directo al piso de la entrada. Para su desgracia, la persona que abrió la puerta no fue ni más ni menos que la hermana de su némesis. Después de que Zim se recompusiera rápidamente de su caída, se puso en pose militar frente a Gaz (quien le ganaba en altura solo por unos cinco centímetros) y le habló con una voz firme.
—Humana Gaz, estoy aquí para buscar a la inmundicia con piernas a la que llamas hermano, ¡Y NO PIENSO IRME SIN UNA RESPUESTA!
Gaz parecía molesta, aunque acostumbrada a este tipo de situaciones. Ya había tenido que ver a Zim en su puerta varias veces en el pasado preguntando por Dib, así que simplemente suspiró y le hizo una pregunta.
—¿Si te dejo entrar vas a dejar de intentar tirar la puerta?
—A Zim le parece un trato justo.
Gaz vio a Zim entrar a la casa como un pequeño gremlin, buscando a su hermano debajo de los sillones y en los gabinetes antes de volver a su celular.
Cinco.
Diez.
Quince y hasta veinte minutos pasaron.
Dib simplemente no aparecía. Zim había registrado toda la casa (exceptuando la habitación de Gaz) de arriba a abajo y no había encontrado a su enemigo. Después de esa decepción, fue a sentarse a la sala donde estaba Gaz. Había dos sillones, y Zim se aseguró de sentarse lo más lejos posible de Gaz en el sillón largo, mientras ella usaba el individual jugando un juego de celular aburrido.
Zim logró quedarse callado durante cinco minutos antes de empezar una charla con Gaz, a quien justo se le apagó el celular por falta de batería cuando Zim empezó a hablar.
—Así que… ¿Dónde está Dib?
Genial, pensó Gaz para sus adentros. No había internet, no tenía carga en su celular, a su Game Slave 5 le faltaban baterías y, para colmo, tendría que soportar a Zim hasta que Dib llegara para evitar que el pequeño Irken destruyera la casa mientras ella iba por un cargador.
Después de darse cuenta de que no tendría otra opción que no involucrara dejar a Zim solo durante menos de seis minutos, se resignó a su destino de entretener al alien hasta que su hermano (que sabrá la ciencia dónde está) volviera.
—No lo sé, posiblemente en otra investigación paranormal o algo así, no lo sé ni me importa.
—¿Cuánto crees que tardará?
—Ni idea, y espero que no mucho.
—Uhm, bueno... Últimamente Dib ha estado distante, ¿sabes?
Justo lo que le faltaba: escuchar los dramas de Zim. Gaz estaba segura de que si Dib no llegaba en los próximos diez minutos, iba a patearlo por dejarla cuidando a ese alienígena.
—¿En serio? —dijo Gaz con la voz más apagada que había escuchado Zim en años.
—Sí. Digo, sigue atacándome, pero ya no como antes. Lo hace de forma más discreta, y esto me está empezando a hartar. ¡Antes hacía todo un espectáculo para atraparme! Las cadenas, las persecuciones, ¡sus discursos sobre proteger la Tierra! Ahora ni siquiera viene a atraparme, me deja trampas en casa, ¡TRAMPAS DE LAS QUE SOLO ME ENTERÉ QUE SON SUYAS PORQUE GIR ME DIJO!
Gaz sintió que estaba escuchando a una mujer casada quejarse de su matrimonio, en vez de a un “invasor alienígena que buscaba apoderarse de la Tierra” (como según Dib lo describía). Zim retomó la charla, lo que sacó a Gaz de sus pensamientos.
—¿Crees que tenga alguien más?
—¿Qu…?
—Sí, tú sabes, algo (o muy improbablemente alguien) que haga que le interese más que nuestras peleas.
Gaz parecía haber escuchado la tontería más grande de la semana, a la cual rodó los ojos y respondió, esta vez no tan sarcásticamente.
—Escucha, Zim, durante los últimos cuatro años lo único que he escuchado salir de la boca de Dib son casos paranormales, pensamientos pesimistas de que su vida se está yendo al caño y planes para detenerte a ti. Te aseguro que NADA lo podría llegar a distraer de eso (especialmente porque lo he intentado para que se calle), y mucho menos ALGUIEN. Ni siquiera lo creo capaz de socializa—.
La conversación de ambos fue interrumpida por el rugido de un motor apagándose cerca de la entrada. Al asomarse, ambos vieron a Dib —el mismo de quien estaban hablando hace no mucho— bajarse de la moto de Tak, a quien ninguno distinguió debido al casco en su cabeza.
Ella y Dib actuaban y parecían cercanos, DEMASIADO cercanos para lo que esperarías de las torpes habilidades sociales de Dib. Gaz y Zim se quedaron con los ojos bien abiertos por distintas razones: Zim no podía creer que Dib hubiera abandonado su rivalidad por una inmunda humana; Gaz estaba genuinamente sorprendida de que Dib tuviera un amigo, y AÚN MÁS DE QUE FUERA MUJER. En su cabeza, el apocalipsis se acercaba.
Apenas Dib cruzó la puerta, pareciendo más feliz de lo usual con una sonrisa tonta en la cara, lo esperaban un Irken enojado y la confusión creciente de su hermana. Antes de que pudiera decir algo, Zim se lanzó directamente a insultarlo.
—Despreciable humano… ¡CÓMO TE ATREVES A HACER A UN LADO A ZIM, TU FUTURO AMO Y SEÑOR, POR UNA SIMPLE Y SUCIA HUMANA CUALQUIERA!
Dib apenas pudo procesar la mitad de los insultos antes de decidir responder ante las acusaciones del alien.
—Número uno: no es una "sucia humana cualquiera". Segundo: ¿a ti qué te importa mi vida personal? Y tercero, pero no menos importante: ¿QUÉ HACES EN MI CASA, CUCHARA ESPACIAL?
—Oh, Gaz me dejó entrar.
—¡GAZ!
Gaz parecía agobiada de ambos. Aparentemente no tenía suficiente batería social para soportar los reclamos de su hermano loco, así que rodó los ojos antes de subir a su cuarto, lejos del drama de esos dos.
Mientras tanto, Dib y Zim se estuvieron gritando en la sala durante los siguientes quince minutos, antes de que Zim se lograra liberar del agarre de Dib y saliera por la puerta mientras le seguía gritando por encima del hombro.
—¡ME IRÉ A MI BASE! ¡Y NO CREAS QUE ESTO SE ACABA AQUÍ, HUMANO TRAICIONERO! ¡ZIM SE ASEGURARÁ DE QUE SIENTAS LO MISMO QUE ÉL SIENTE AHORA MISM—!
No pudo acabar su diálogo antes de que Dib le cerrara la puerta en la cara, cortando su discurso de venganza a la mitad. Dib se deslizó contra la puerta hacia el suelo. Parecía genuinamente cansado de los gritos de Zim, y por una vez solo quería que se fuera a planear su siguiente intento de dominio mundial, o a perseguir a Gir, o lo que fuera, pero que se fuera de su casa.
Y tan bien que había estado yendo su semana... Bueno, al menos Zim todavía no había notado que la chica que lo acompañaba era su antigua enemiga. No sabía si alegrarse o estresarse por eso; posiblemente solo estaba cansado de que nadie lo dejara ser feliz con alguien al menos una semana sin venir a molestar.
—Pff, ¿en serio no puedo tener ni una salida tranquila sin que acabe en una pelea de algún tipo?
