Actions

Work Header

Rating:
Archive Warning:
Category:
Fandom:
Relationships:
Characters:
Additional Tags:
Language:
Español
Stats:
Published:
2026-04-20
Updated:
2026-06-04
Words:
74,071
Chapters:
32/?
Comments:
198
Kudos:
258
Bookmarks:
23
Hits:
8,447

El multiverso del amor de Dunk

Chapter 31: Sin palabras

Summary:

Duncan es un gigante atrapado en el silencio que soporta las burlas diarias de Aerion, un genio arrogante

Notes:

Les prometo que estoy trabajando en sus peticiones, pero tenía que hacer ésto, un pequeño capricho

(See the end of the chapter for more notes.)

Chapter Text

Duncan no era tonto, para nada. Por mucho que lo pareciera ante los ojos de los demás, era alguien relativamente inteligente; su cerebro, simplemente, ya no funcionaba como antes. Todo había sucedido cuando tenía doce años, mientras practicaba esgrima con su primo Roger. Justo antes de ese momento, Roger había tenido una fuerte pelea con su padre y decidió descargar toda su frustración en el entrenamiento. Para Duncan, pareció una buena idea proponerle una práctica con las espadas de madera para ayudarlo a despejarse, pero se confió demasiado. Creyó que su primo se calmaría y sería cuidadoso, pero nada estuvo más lejos de la verdad.

Roger liberó su furia en cada golpe hasta que uno, de manera descuidada y no intencional, dio con especial fuerza en la cabeza de Duncan. A pesar de las consecuencias, Duncan no lo culpaba; entendía que todo el mundo se siente frustrado en algún momento y que eso es parte de ser humano. Lo había perdonado hacía ya mucho tiempo.

Los doctores advirtieron que ya no sería lo mismo. El golpe había afectado el área de Broca en su cerebro, causándole una deficiencia en el habla y algunos problemas motores en su brazo derecho. Tenía días malos en los que sentía que no podía ejercer fuerza con esa extremidad, pero intentaba mantenerse positivo y tranquilo. Aunque hubo un tiempo en el que lloraba cada vez que tenía que escribir algo para comunicarse, ahora lo hacía con una rapidez y elegancia que había perfeccionado con los años; su letra era muy buena y legible. También había aprendido lengua de señas, pero no la usaba mucho porque casi nadie la sabía.

De hecho, eran muy pocas las personas con las que compartía ese código: Raymund, quien comenzó a aprenderlo tras enterarse de su condición; sus compañeros Valarr, Daeron y Rowan —este último le pedía clases a Raymund solo para tener una excusa para pasar tiempo con él e invitarlo a salir—, y finalmente, Aerion. Este último chico era prácticamente un genio, pero sumamente arrogante y malvado, lo suficiente como para haberse saltado un año y dedicarse a molestar a Duncan por la más mínima cosa. Para Aerion, Duncan era solo un tonto que había perdido un año, un gigante con miedo a hablar por vergüenza o debido a algún problema de nacimiento.

Duncan se negaba a contarle la verdad por dos razones: primero, no quería que usara su condición médica como una nueva herramienta para hostigarlo, ya que, aunque había logrado sobrellevarla, seguía siendo un tema sumamente delicado; y segundo, porque consideraba que Aerion no valía la pena. Esto último era algo que el peliblanco detestaba con fuerza. Cuando molestaba a Duncan y este se limitaba a darle esa mirada de "¿en serio?, ¿eso es todo?", Aerion se irritaba profundamente. Duncan se había transformado en su mayor enemigo, el único chico al que no podía aplastar, no solo por ser increíblemente alto, sino porque parecía verlo como si fuera nada. Frustrado por esto, Aerion sentía la necesidad de molestarlo al menos una vez al día, tal como hizo aquella tarde al intentar escribir en su camiseta.

 

♪°•°∞°•°♪°•°∞°•°♪°•°∞°•°♪°•°∞°•°♪

 

Aerion movía el marcador con sumo cuidado, tratando de no alertar al gigante mientras sonreía con malicia. Sin embargo, su travesura se vio interrumpida cuando Duncan alzó su mano —esa enorme y larga mano imposible de ignorar—. Cuando el profesor se volteó, Duncan simplemente señaló hacia su propia espalda, donde Aerion se había quedado congelado con el marcador flotando cerca de la tela, completamente sorprendido. Había sido tan cuidadoso que no entendía cómo lo había descubierto.

—¿Qué le hace a su compañero, joven Targaryen? —preguntó el profesor.

Aerion se enderezó rápidamente y fingió ignorancia, mirando a todos lados como si intentara descifrar a qué Targaryen se refería, aunque era más que obvio.

—Sí, usted, joven Aerion —dijo el docente, cruzándose de brazos mientras lo observaba.

—Yo... solo creí que Duncan debía ser embellecido un poco —respondió con una sonrisa inocente.

—Sí, claro, porque escribir "mu-dunk" en su camiseta es puro arte —intervino Valarr de manera sarcástica y reclamatoria desde su asiento. Aerion le lanzó una mirada fulminante.

—Métete en tus asuntos, imbécil —murmuró el peliblanco antes de dirigirse de nuevo al profesor—. Es solo una pequeña broma entre compañeros, ¿verdad, Duncan? —añadió, dándole una palmada en el hombro al más alto.

Duncan no respondió verbalmente; en su lugar, escribió algo en su libreta y se lo enseñó al profesor. Aerion odiaba quedarse con la intriga de no saber qué decían esas notas.

—Está bien señor Tucker si no le importa, pero aun así, el señor Targaryen debe recibir detención —sentenció el profesor suavemente.

Duncan bajó su libreta mientras Aerion soltaba un jadeo indignado e intentaba recurrir a su táctica habitual para salir de problemas.

—No puede hacer eso, era un juego entre amigos. Se lo diré a mi padre —amenazó.

El profesor se limitó a suspirar y Duncan se mantuvo en silencio. Tras darle una última mirada dura a Aerion, el docente retomó la lección, no sin antes dirigirle una mirada de disculpa a Duncan, quien a su vez podía sentir la supuesta vibra de victoria que Aerion intentaba irradiar a su espalda.

Sin embargo, la influencia del padre de Aerion tenía un límite, y ese día estaba a punto de descubrirlo.

 

♪°•°∞°•°♪°•°∞°•°♪°•°∞°•°♪°•°∞°•°♪

 

En represalia por lo sucedido en el aula, Daeron se había marchado sin él, y Valarr... bueno, Valarr no le haría un favor ni aunque su vida dependiera de ello. Por lo tanto, Aerion tuvo que regresar a casa caminando. Como se sabía el camino de memoria, avanzó molesto durante todo el trayecto, enviándole mensajes llenos de amenazas a Daeron. Solo se detuvo cuando chocó de frente con alguien.

—Oye, fíjate —dijo sin levantar la vista, intentando esquivar al hombre, pero inmediatamente se topó con otro.

Al alzar la mirada, se encontró rodeado por tres jóvenes, tal vez de su misma edad o un poco mayores, quienes lo tomaron firmemente del brazo y lo jalaron hacia un callejón cercano. Uno de ellos sostenía una botella de vidrio. Aunque se alertó, Aerion intentó mantener una postura intimidante.

—¿Qué hacen? ¿Intentan amenazarme? ¿Saben quién es mi padre? —reclamó con la voz más firme y dura que pudo emitir.

—No, niño, y no nos importa —respondió uno de ellos, que tenía la cara tatuada, mientras intentaba avanzar hacia él. El líder lo interrumpió colocándole una mano en el pecho.

—Cálmate, Rob. Tal vez sí nos importe. Si es alguien importante, su padre podría pagar mucho por él —dijo con una sonrisa maliciosa.

Aerion se congeló al instante, pero luchó por no romper su fachada.

—¿Qué? ¿Van a secuestrarme? Buen intento, pero tendrían que hacerlo en un lugar menos transitado o... ¡Ayuda! —gritó con todas sus fuerzas, repitiéndolo una y otra vez tan fuerte como pudo.

Su reacción puso en alerta a los tres delincuentes. El sujeto de la botella se abalancó sobre él intentando golpearlo en la cabeza, pero Aerion logró moverse a tiempo; el impacto dio de lleno en su hombro, sacándole un grito de dolor y molestia. Cuando el maleante se preparó para avanzar de nuevo y amenazarlo con el vidrio, Aerion tomó rápidamente la tapa de un contenedor de basura cercano y lo golpeó con ella, desestabilizándolo a él y alertando a sus cómplices.

Justo cuando los otros dos iban a avanzar para defender a su compañero caído, una mano imponente se posó sobre el hombro de cada uno, deteniéndolos en el acto. Al voltearse, se encontraron con la enorme figura de Duncan.

—Dejar —dijo con voz ronca antes de chocar las cabezas de ambos ladrones. No lo hizo con excesiva violencia, pero sí con la fuerza suficiente para hacerlos soltar un quejido de dolor.

Aerion aprovechó la distracción para golpear de nuevo al sujeto de la botella, mandándolo directamente al suelo, donde comenzó a propinarle patadas con rabia. No obstante, su ataque fue frenado cuando unos brazos grandes y fuertes lo rodearon por la cintura, arrastrándolo hacia atrás.

—¡Oye, déjame! ¡Los haré pagar! ¡Mi padre los enviará a todos a prisión y no saldrán nunca! Si lo hacen, arruinaré sus vidas, desearán no haber nacido... —maldecía el peliblanco mientras era arrastrado fuera del callejón.

Solo cuando regresaron a la acera pública, Duncan lo soltó. Aerion se giró rápidamente para encararlo.

—¿Tú? ¿Tú eres parte de esto? ¿Fue algún tipo de venganza? —acusó, mientras observaba cómo el más alto permanecía tranquilo, examinando su propio cuerpo en busca de heridas. —Oye, tranquilo, cuidado, manos de raqueta —regañó Aerion cuando Duncan intentó tocar su hombro lastimado.

«¿Estás bien?», le preguntó Duncan mediante señas al notar el gesto de dolor en su articulación.

—Sí, lo tenía bajo control. No necesitaba tu ayuda —respondió con su habitual tono arrogante mientras se cruzaba de brazos, una acción que le provocó una aguda punzada.

«Podrían haberte hecho daño. A veces llevan navajas», insistió Duncan con genuina preocupación.

—Igual habría podido con ellos —replicó Aerion antes de darle la espalda para continuar su camino—. Ahora, si me disculpas, tonto, debo irme —agregó con desdén.

Sin embargo, Duncan lo detuvo sujetándolo suavemente del brazo y obligándolo a voltearse.

«Te acompaño», indicó con señas. Aerion se soltó bruscamente.

—No necesito a un mono siguiéndome.

«Ellos tienen amigos en todos lados. Se tomarán venganza por haberles causado problemas», explicó el gigante.

—Entonces llamaré a la policía.

Duncan negó con la cabeza.

«¿Qué tan rápido crees que llegarán?», gesticuló con un toque de sarcasmo.

—No voy a dejar que me vean caminando a tu lado —insistió el peliblanco, mirándolo de arriba abajo con desprecio.

«Entonces puedes pedir un Uber desde mi casa, está cerca», propuso el más alto, señalando la dirección. Aerion lo meditó por unos instantes y, al quedarse sin mejores opciones, terminó aceptando.

—Bien, pero ni una palabra de esto —advirtió de manera autoritaria. Duncan rodó los ojos y asintió antes de guiar el cacamino

♪°•°∞°•°♪°•°∞°•°♪°•°∞°•°♪°•°∞°•°♪

 

Honestamente, fue una experiencia rara para Aerion, aunque no en el mal sentido. Al llegar, entraron en una pequeña casa de aspecto antiguo que se sentía extrañamente más cálida y cómoda que su propia y enorme residencia.

Nada más cruzar el umbral, fueron recibidos por una voz que provenía desde la cocina.

—Duncan, ¿eres tú? —preguntó su padre.

El gigante respondió dando tres aplausos bien espaciados.

El hombre caminó hacia la estancia para recibirlo y se sorprendió gratamente al ver al acompañante de su hijo.

—Oh, Duncan, trajiste un nuevo amigo —dijo emocionado. Se limpió rápidamente las manos en su delantal de cocina y le extendió la mano al invitado—. Arlan Tucker, es un gusto.

Aerion, más por educación que por otra cosa, aceptó el saludo.

—Aerion Michael Targaryen... Y no somos amigos, solo compañeros. Estoy aquí porque intentaron asaltarme —aclaró de inmediato, sacando su teléfono para intentar solicitar el transporte.

—¿Jackson y su pandilla? —preguntó Arlan.

Duncan hizo un gesto intermedio con la mano para indicar un "más o menos".

El mayor asintió en comprensión.

—Bueno, ¿quieres quedarte a comer hasta que pasen por ti?

—No van a pasar por mí, todos están demasiado ocupados —confesó el chico con un deje de resentimiento en la voz.

—Entonces podemos llevarte nosotros. Vamos, Duncan, ¿sabes dónde vive tu amigo? —inquirió Arlan.

El más alto asintió.

Aerion se alertó al ver al padre de Duncan caminar hacia la puerta mientras sacaba un juego de llaves del bolsillo.

—Que no soy su amigo. Además, no hace falta, puedo pedir un Uber —dijo, siguiéndolos a ambos.

Arlan soltó una risita burlona ante su insistencia.

—No confío en esas cosas. Si los taxis de por sí ya son peligrosos, imagínate eso: unos desconocidos llevándote sin saber qué podrían hacer. El otro día vi una noticia sobre un chico y su hermana... —comenzó a relatar el hombre.

Mientras tanto, Duncan le abrió la puerta del auto a Aerion.

El peliblanco dudó en subir, pero Duncan le dedicó una mirada que mezclaba un «por favor, sube» con un «no tienes muchas opciones», por lo que finalmente cedió, intuyendo que no ganaría esa discusión.

Duncan entró detrás de él y colocó rápidamente el GPS en su propio teléfono para darle las indicaciones a Arlan, quien seguía divagando con sus diversas historias al volante.

Durante el trayecto, Duncan sacó su libreta. Hizo el amago de escribir, pero finalmente prefirió usar la lengua de señas:

«¿Estás bien?», preguntó de nuevo.

Aerion rodó los ojos.

—Ya dije que sí, tenía todo bajo control —murmuró.

Duncan negó suavemente con la cabeza.

—Es un poco raro, ¿de acuerdo? El hecho de que me hayas ayudado —admitió el peliblanco en un susurro.

Duncan sonrió levemente.

«¿Nunca te ayudaron antes?», inquirió el más alto.

—Claro que no. Soy inteligente, debo resolver mis problemas solo —declaró con suficiencia.

Duncan soltó una pequeña risa silenciosa.

«¿Acaso eso no lo hace tu padre?», cuestionó con una mirada burlona.

—No, él está demasiado ocupado, pero mientras la gente no lo sepa, puedo usar su nombre a mi favor —respondió con una sonrisa de superioridad.

Luego, intrigado, añadió:

—Por cierto, ¿cómo sabes dónde vivo?

«Daeron es mi compañero de laboratorio. Vengo a hacer trabajos a tu casa a veces», le recordó.

Aerion no lo sabía, ya que se la pasaba alternando entre las clases, sus actividades extracurriculares y su habitación, pero simplemente asintió aceptando la explicación.

Después de eso, el viaje continuó en relativa tranquilidad.

Jugaron al tres en raya por iniciativa de Duncan; al principio Aerion se mostró reacio, pero tras perder la primera partida, quedó completamente enganchado con la necesidad de ganarle.

Mientras tanto, Arlan hablaba de fondo sobre su trabajo en el muelle.

Una vez más, la escena le resultó extrañamente cálida y cómoda a Aerion, aunque intentó apartar ese pensamiento de su mente.

Al llegar a la residencia Targaryen, se aclaró la garganta.

—Gracias, señor Tucker... Duncan —dijo con una voz educada, firme y distante antes de disponerse a bajar del vehículo.

—Cuando quieras. ¡Adiós, Mike! —saludó Arlan de manera amistosa, habiendo olvidado por completo su primer nombre.

Sin embargo, justo cuando Aerion se volteaba para descender, escuchó otra voz, torpe y ronca, que rompió el silencio del asiento trasero:

—Adioooos —dijo Duncan.

Aerion se giró al instante, encontrándose con una pequeña y dulce sonrisa en el rostro del gigante, quien cerró la puerta del carro mientras se despedía con una sacudida de mano, dejándolo completamente estupefacto en la acera.

 

♪°•°∞°•°♪°•°∞°•°♪°•°∞°•°♪°•°∞°•°♪

 

Así fue como Aerion pasó de odiarlo a sentir una enorme curiosidad casi obsesiva por él.

Ahora, en lugar de molestarlo, intentaba forzar interacciones a toda costa; quería escuchar hablar al más alto otra vez, pero no lo lograba.

Lo único que conseguía a cambio eran notas escritas o señas, pero ninguna palabra dicha en voz alta.

Valarr y Daeron comenzaron a mirarlo con sospecha y juicio, creyendo que estaba intentando ganarse la confianza de Duncan solo para lastimarlo después, pero Aerion simplemente los ignoró.

Tenía cosas más importantes que atender que a su hermano borracho y a su moralista primo.

Al quedarse sin muchas opciones, recurrió a una estrategia sencilla pero efectiva: hizo enojar a Daeron a propósito para que este volviera a dejarlo sin transporte, y esperó a Duncan a la salida de la escuela.

—Hey, me volvieron a dejar. Acompáñame a casa —ordenó el peliblanco.

Aunque la petición extrañó a Duncan, siendo el ángel que era, aceptó encogiéndose de hombros sin darle muchas vueltas.

Tomaron un camino algo más largo que no cruzaba por los barrios peligrosos, lo que añadía unos diez minutos más a la caminata.

Aerion intentó forzar una conversación, pero Duncan lograba esquivar todas sus preguntas de manera magistral.

Poco a poco, la impaciencia comenzó a apoderarse de Aerion; no entendía cómo era posible que no dijera nada, e incluso intentó caminar sin mirarlo para darle algo de confianza, pero ni aun así funcionó.

Cuando ya estaban cerca de su destino, Aerion finalmente explotó.

—Entonces, mutismo selectivo, ¿eh? —dijo, deteniéndose en seco y mirándolo como si acabara de descubrir su mayor secreto.

Duncan imitó su gesto, deteniendo el paso y observándolo con una ceja elevada antes de negar con la cabeza.

—¿No? Te escuché hablar, dijiste adiós... —replicó Aerion, pero mientras repasaba los hechos en su mente, recordó la escena del callejón—. Y en el callejón le dijiste a esos salvajes que me dejaran. Puedes hablar —acusó.

Duncan lo pensó por un breve momento y terminó asintiendo, dándole la razón.

—¿Entonces?... ¿Qué es? ¿Apraxia? —preguntó el peliblanco.

Duncan volvió a negar.

—¿Disartria? —intentó nuevamente con clara impaciencia—. Ya déjate de juegos y escríbelo por lo menos —lo regañó.

—Aaafaasssiaaa —pronunció el más alto de manera lenta y torpe.

El sonido sorprendió a Aerion, provocando en él una sonrisa victoriosa.

—Sí, finalmente... Afasia... ¿Wernicke, Conducción o Broca? —preguntó, dejando atónito a Duncan por su conocimiento.

El más alto hizo un esfuerzo y volvió a articular:

—Bbbbrocaaa —dijo.

Aerion asintió en comprensión.

—Daño físico en el área de Broca en el lóbulo izquierdo del cerebro. Dificultad en el habla y algunos problemas asociados en brazos y piernas, ¿verdad? —declaró de manera arrogante, deleitándose con el asombro del otro.

Al ver que Duncan le lanzaba una mirada extrañada que exigía saber cómo conocía tales datos, Aerion sonrió.

—Me diste curiosidad. Hasta ese día pensé que eras mudo, pero cuando te escuché hablar comencé a investigar un poco sobre lo que podrías tener... Eres bueno ocultándolo.

Duncan le hizo una reverencia burlona y le dedicó una sonrisa.

—Pero ¿por qué lo ocultas? —preguntó Aerion con genuina curiosidad, disponiéndose a escuchar con paciencia.

Duncan se tomó un momento.

Apretó los puños, buscando la fuerza necesaria para arrastrar la siguiente palabra:

—...No... no quería... —hizo un esfuerzo visible—. ...Burlar... Tú... burlar no... Todos —dijo con gran dificultad.

Al escucharlo, una inesperada ola de vergüenza invadió a Aerion.

—No... no iba a burlarme por eso —respondió, aunque tras recordar todo lo que le había hecho pasar en el aula, su defensa no sonaba nada creíble—. ¿Se burlaron de ti? ¿Por eso no hablas? —preguntó en un tono notablemente más suave.

Duncan desvió la mirada, con las mejillas encendidas por el esfuerzo y el dolor del recuerdo.

—...Otros... antes. Reír... de mí. Vergüenza... mucha... Vergüenza.

—Sé cómo se siente y... de verdad lo lamento —dijo Aerion con un genuino arrepentimiento que sorprendió al gigante.

Al notar la mirada interrogante de Duncan, Aerion se encogió de hombros.

—Sí, yo... me salté un año por ser demasiado inteligente, pero también era torpe socialmente. Intenté encajar, pero todos se limitaron a molestarme por ser el rarito. Así que empecé a ser malo con la gente; parecía la única respuesta efectiva.

Duncan negó suavemente con la cabeza.

—mi... Gusta... —articuló despacio, buscando fijar sus ojos en los del contrario—. ...Cuando... tú... amable. ...Bueno —concluyó con una pequeña y dulce sonrisa que provocó una extraña sensación de mariposas en el estómago de Aerion.

El peliblanco desvió la mirada de inmediato, contrariado.

—Sí, bueno, no te acostumbres. Esto queda entre nosotros, no pienso mostrar debilidad ante otros —declaró a la defensiva, evitando el contacto visual mientras se cruzaba de brazos.

—...Bien... —Duncan asintió con la cabeza, transmitiendo total seguridad con la mirada—. ...Se-secreto... guardado. Nadie... saber.

Extendió su mano grande y completó la idea con una sonrisa pacífica:

—...Amigos. ...Tú... yo... amigos.

Aerion observó la mano extendida durante un momento, pero prefirió no estrecharla.

—Bueno, pero no somos amigos. Eres mi secuaz, ¿de acuerdo? Mi guardaespaldas... ¡Pff, amigos! —bufó, aunque un ligero rubor pintó sus mejillas—. Vamos, quiero llegar a casa —añadió, enredando con cierta timidez su brazo con el de Duncan—. Ahora, cuéntame qué te gusta y habla tanto como puedas; puedes hacerlo conmigo.

Comenzó a arrastrar al gigante para continuar la marcha.

Duncan se limitó a sonreír mientras reunía las fuerzas necesarias para formular la siguiente frase.

Después de todo, era lindo tener a alguien con quien hablar además de su padre.

En cuanto a Aerion, le gustaba tener alguien que lo escuchara y no odiará pasar tiempo con él

Notes:

Leí un fanfic Destiel (porque amo a esos dos) donde Cas tenía broca, se los recomiendo mucho si aman el Destiel (sobran las palabras, esta en wattpad) y como tengo mi propio problema con un fuerte tartamudeo la historia me llegó y tuve que hacer la propia

Les prometo que estoy trabajando en sus peticiones y en mis otras historias